Todo fue un caos después de aquel anuncio. María caminaba de un sitio a otro con los nervios a flor de piel, todos se encontraban en su despacho, el cual usaba realmente poco, pues allí se encontrarían más seguros. Gabrielle mecía a su hijo Melchior mientras rezaba en voz baja.
Todo estaba lleno de guardias y aunque era más que imposible que un solo hombre burlase toda la guardia real y lograse entrar hasta donde Gabrielle se encontraba, el ambiente no se encontraba menos tenso por eso. Fue el pequeño Jules el que se acercó a su madre mientras agarraba sus manos.
-Esta vez te prometo que te protegeré.-informó el pequeño.
Los ojos morados de la joven se encontraron con los de su hijo, estos tenían un brillo especial, ese brillo mostraba su orgullo por proteger a su familia. Gabrielle sonrió con dificultad y pasó el brazo por su espalda mientras lo acercaba hasta ella.
María observó a los guardias mientras fruncía el ceño, hacía más de media hora que había mandado a llamar al rey y bien sabía que su orden se había debido de perder por el camino, pues Auguste no tardaría en correr con su familia.
-¿Porqué su majestad no ha llegado aún?-preguntó con fiereza.
-Lo sentimos, majestad. Tenemos orden de no movernos de aquí, no podemos ir a resolver la incidencia.-se disculpó el guarda real.
María resopló y sacó su abanico mientras lo movía rápidamente, sentía su nuca sudar y su corazón latir muy rápido. Sus hijos se encontraban sentados en el diván mientras miraban al suelo para tranquilizarse. La joven suspiraba al sentir que no podía hacer mucho más por ella o por ninguno de los presentes, por lo que simplemente se limitó a esperar.
Pero los nervios cada vez la hacían perder un poco más de paciencia y las innumerables clases de modales que había dado estaban cada vez más cerca de no servir para nada.
Finalmente se levantó y volvió a colocarse delante de los guardias, su cara decía antes que sus palabras que no había opción y que no iba a conformarse.
-Iré yo misma a buscar a mi esposo.-informó.
-Mi reina, no podemos dejar que...
-La reina te ha dado una orden y más te vale que no tenga que repetirlo. Quítate de la puerta.
Los guardias se miraron sin saber qué hacer, realmente la única persona que podría darles una orden contraria sería su majestad el rey, y este no se encontraba allí ni había dado orden de mantenerlos en aquella habitación. Ambos se colcaron a un lado de la puerta y la abrieron mientras su escolta se preparaba para acompañarla.
María se giró sobre sus talones para darle una mirada a Gabrielle.
-Aquí estás a salvo.-le aseguró.-Por favor quédate con mis hijos.
Gabrielle asintió y aquel gesto fue más que suficiente para que María caminase con seguridad hasta el despacho de su esposo. Todos los guardias reales se quedaron sorprendidos al ver como la reina caminaba hacia el despacho.
Una vez delante los guardias de Auguste la miraron sorprendidos, compartieron miradas con la escolta de la reina y se quedaron completamente paralizados.
-Su majestad.-saludaron con una reverencia.
-Abrid la puerta.-ordenó.
-No podemos hacer eso.
-Si su majestad se entera de que habéis tenido a la reina esperando aquí os esperará un castigo, así que más os vale abrir esa puerta.
Todos los jóvenes se miraron y después de unos segundos decidieron no rechistar. Abrieron la puerta y María desde la distancia observó a todos los presentes. El rey, su hermano Maximiliano, Blaisdell, Luis, Carlos y varios ministros y aristócratas se encontraban sudando y el agobio se podía observar en sus caras. Todos realizaron una reverencia a la reina mientras esta entraba dentro.
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María. (TimePrincessGame) Terminada.
FanfictionHistoria basada en el video juego TIME PRINCESS. Ante todo esta es una historia de ficción.
