Auguste

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Justo en el pasillo que separaba las celdas una sombra se escabullía como un zorrillo travieso. Los jóvenes se asustaron y Auguste se colocó delante de su esposa para protegerla. Pero lejos de ser una preocupación más, el contorno de d'Eon hizo que María respirase tranquila. 

-Majestades, he venido a por ustedes.-musitó el adulto acercándose a la cerradura. 

Los monarcas se acercaron rápidamente hacia la puerta de la celda, d'Eon dejó una especie de bolso sobre el suelo, seguramente con disfraces para no ser reconocidos. d'Eon siempre tenía un plan.

-Sabía que podía contar contigo.-sonrió el joven.-Pero no podemos irnos sin José, uno de los encargados se lo ha llevado, le dispararon y él lo llevó a visitar un médico. 

-Lo encontraremos, su majestad. ¿La reina ha dado a luz ya?

-Aún no.-contestó el rey.-Así que tienes que llevártela de aquí cuanto antes.

-Los pondré a salvo, su maj...

Unos pasos hicieron que d'Eon se girase rápidamente, parecía que su señuelo no había funcionado como quería y no tuvo más remedio que alejarse de la celda. 

-Mierda.-se quejó mientras agarraba su arma. 

-¡¡Eh!! ¡¡Un intruso!!-gritó uno de los guardias. 

Al contrario de lo que creía el espía, la fiesta de fuera no había dejado ebrios a todos los soldados del frente revolucionario. d'Eon no tuvo otro remedio que mirar a los reyes a los ojos, apuntó hacia el guardia que se aproximaba a él para dispararle en la pierna, luego se acercó rápidamente y agarró su cuello para hacerle una maniobra que lo dejaría inconsciente. 

Pero todo aquello fue en vano, más guardias se acercaban sin darle tan solo un segundo, por lo que d'Eon tuvo que improvisar. 

Se acercó rápidamente a la celda agarrando una mano de cada monarca y se acercó a sus oídos con rápidez. 

-Mañana a las nueve de la noche estaré aquí, deben estar preparados para irse, buscaré al delfín y todos partirán esa misma noche a Suiza. ¿Entendido?

-¿Qué? ¡d'Eon! ¡¡No!!

El espía realizó una rápida reverencia antes de salir corriendo de allí, si d'Eon moría, no tendría forma de salvar a nadie. El adulto volvió a escabullirse por una rendija pequeña para salir de allí de nuevo. Auguste miraba hacia la salida que había tomado d'Eon para volver a mirar al suelo. Su expresión había cambiado drásticamente y María no pudo evitar acercarse a él para abrazarlo. 

-No pasa nada, vendrá a por nosotros, d'Eon no va a dejarnos aquí. 

Auguste miró hacia otro lado y asintió. Entonces un mal presentimiento hizo que María lo mirase a los ojos temiéndose lo peor. 

-Auguste.-tragó saliva.-¿Cuándo van a ejecutarte?-susurró. 

De nuevo la única respuesta del rey fue el silencio, incluso vio una pequeña lágrima caer de su ojo, María se alejó de él mientra sentía unas enormes ganas de vomitar. 

-Mañana. A las dos de la tarde.-contestó.

Aquellas palabras hicieron que María se sintiese tan debastada que su corazón ardía. El mundo parecía haberse acabado en ese mismo segundo. 

-No... Eso... Es...

Ambos se quedaron parados delante del otro, en silencio y cabizbajos. Aquel era el final de su historia, no solo de la historia de los reyes de Francia, la historia de aquellos dos jóvenes, de María y Auguste. Su historia estaba a punto de acabar, todo lo que habían vivido y todo lo que habían luchado, todo estaba a punto de morir.

María. (TimePrincessGame) Terminada.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora