Si de algo María podía estar segura, era de que todo tenía un precio en la vida, el rostro de Blaisdell definía a la perfección el alto precio que el adulto estaba pagando debido a sus planes. La chillona voz de su esposa había estado sonando durante quince minutos sin tregua. Era increíble como no había tan siquiera un solo silencio incómodo, cualquier segundo de todo su monólogo estaba lleno de sus palabras, los reyes finjían una sonrisa mientras la joven comentaba cuanto le había gustado viajar a Niza.
-Por supuesto no pudimos verlo todo ya que yo estaba tan embarazada que no podía ni hablar, pero aprovechamos cada segundo, ¿No es cierto, querido? Ah, y por que aún no hemos hablado de los postres, todos una maravilla, de limón, de nata. ¿A usted le gusta la nata, mi reina? ¡Por cierto! No le he preguntado que tal el embarazo. ¿Está todo a su gusto? Podemos hacer más la carne si así lo desea. Cuando yo tuve a mi tercer hijo todo me daba nauseas, no me había pasado con ninguno de los demás embarazos. Es muy curioso, ¿No creee? Además de...
-Querida... ¿Por qué no compruebas que la sala que querías enseñarle a sus majestades esté lista? Los niños habrán entrado para enseñarle a sus altezas reales sus retratos.-comentó Blaisdell colocándole la mano encima del hombro a su esposa para que esta callase.
-¡Claro! Espero que sea de su agrado, sus majestades. Por favor, discúlpenme. ¡Querido! Acompáñame.
Blaisdell rodó los ojos mientras daba un gran suspiro y apoyaba las manos en los reposabrazos para levantarse. María y Auguste siguieron sonriendo hasta que ambos abandonaron la habitación. En el momento en el que desaparecieron ambos suspiraron con mucha pesadez.
-No recordaba porqué no quería venir.-susurró Auguste.
-Si vuelves a traerme aquí le pediré al papa la anulación de nuestro matrimonio, te lo prometo.-bromeó María.
Uno de los criados de sus majestades se acercó a Auguste y dijo algo en su oído, sabía que tenía orden de hacer que nadie más lo escuchase por pequeño que fuera, ni siquiera la reina. Auguste rodó los ojos y dejó la servilleta sobre la mesa.
-Dame un segundo, volveré en seguida.-comentó levantándose de la silla y dirigiéndose a otra habitación.
María aprovechó para ponerse en pie y caminar por el salón aprovechando su soledad, lo cierto es que aunque la señora Blaisdell rozase los límites de ser insoportable, tenía un gusto exquisito para la decoración, todas sus casas tenían fama por la ubicación de las habitaciones y la decoración de estas.
La puerta interior se abrió, María se giró para recibir de nuevo a los anfitriones, pero para su sorpresa, solo el ministro entró de nuevo en el comedor. Los criados cerraron la puerta tras de sí, el adulto colocó sus manos detrás de su espalda como siempre y metió sus carnosos labios hacia dentro como si se estuviese preparando para hablar.
-Disculpe a mi esposa, está terminando algunos detalles.
-No hay nada que perdonar, tiene un salón hermoso mi señor. Su majestad está a punto de volver.
Blaisdell asintió y comenzó a caminar por el salón acercándose a María, la joven decidió no mantener contacto visual con él y fijarse en los preciosos cuadros que adornaban la sala. Los segundos parecían horas y María jamás pensó que llegaría a extrañar a la esposa de Blaisdell.
-Es una pena que el marqués no haya podido venir, hubiese sido una preciosa velada.
María cogió aire intentando no caer en la tampra del ministro, la joven simplemente miró hacia Blaisdell y sonrió con naturalidad mientras asentía con la cabeza.
-Estoy de acuerdo.-respondió la reina.
Blaisdell rio ligeramente, se aclaró la garganta inmediantamente después llevándose el puño hacia los labios y negó con la cabeza como si no pudiese creer la respuesta de la reina.
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María. (TimePrincessGame) Terminada.
FanfictieHistoria basada en el video juego TIME PRINCESS. Ante todo esta es una historia de ficción.
