Descosido corazón

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Cuando el sol volvió a salir en la mañana, María decidió que no quería perderse ni un solo minuto de su estancia en Viena, todas sus hermanas se levantaron muy pronto para tomar el té y poder hablar mientras los hombres iban de caza o practicaban tiro. 

-Entonces el convento no debe ser tan duro, ¿No?-preguntó Carlota mientras comía un dulce. 

-No, lo cierto es que siempre me han dado libertad para todo y los frailes no están nada mal.-respondió la joven 

-¿Te tratan bien?-preguntó inocentemente Amelia.

-Lo hacen todo bien.-respondió la adulta subiendo y bajando las cejas. 

Todas las mujeres estallaron en carcajadas, Isabel siempre hacía de las suyas para hacer reír a todo el de su alrededor. Las risas finalizaron cuando la puerta volvió a abrirse, la hermana menos querida por todas, Cristina, entró en aquel salón, viendo que no era bien recibida solo se acercó a coger una taza de té. Todas se miraron sabiendo que aquello no estaba bien y que no debían tratarse así, aún menos después de fallecer el punto de unión entre todas. María fue la primera en levantarse para acercarse a su hermana, esta se giró para verla y realizó una cortés reverencia. 

-Majestad.-saludó. 

-¿Cómo has dormido, Cristina? Estábamos hablando sobre nosotras, por favor, quédate.-sugirió María colocando las dos manos justo encima de su vientre de manera correcta.

-No quisiera importunarles.-respondió mirando al suelo. 

Carlota también se levantó de su asiento para acercarse a ella, colocó una mano sobre su hombro de manera cariñosa y sonrió de manera maternal. 

-No importunas a nadie, te lo prometo, por favor quédate.-rogó María una vez más. 

Isabel y el resto de sus hermanas también se acercaron para animar a Cristina a quedarse, esta parecía totalmente emocionada por ver como sus hermanas estaban unidas en hacer que ella estuviera cómoda. 

-Es más, deberíamos hacer un baile como los que le gustaban a madre.-sugirió Isabel.-¡Y tú quita ya esa pose!-le ordenó a María con un golpe en el brazo. 

Todas volvieron a reír de manera feliz, y el banquete no tardó en prepararse. Todos los asistentes parecían más felices y animados, María se encontraba en la habitación de su hermana Carlota terminando de vestir a sus hijos. La joven llevaba a la pequeña María Antonieta de solo seis meses en brazos, la pequeña abría los ojos mientras mordía sus manos. 

-Como hecho de menos tener un bebé tan pequeño.-dijo oliendo su cabeza de manera maternal. 

-Bueno, aún estás a tiempo, si sigues los pasos de mamá aún te quedan muchos hijos que traer al mundo.

María rio mientras mecía a la pequeña, el ambiente se volvió algo tenso, había algo que Carlota llevaba mucho queriendo preguntar. Hizo que los niños fueran a bañarse para quedarse a solas con su hermana, esta se acercó a ella y María levantó la vista para mirarla. 

-¿Has dormido en tu habitación esta noche?-preguntó mientras probaba diferentes zapatos para ver cuales quedaban mejor. 

María se quedó en blanco por la pregunta, se aclaró la garganta intentando aparentar la mayor normalidad, no era capaz de mirar a una persona a los ojos mientras mentía, volvió a mirar a su sobrina y asintió con la cabeza.

-Claro, llegué tarde por que fui a rezar. ¿Dónde voy a dormir si no es así?

María no quería admitir sus noches con el marqués, al menos no todavía, el ambiente se tensionó un poco, pero decidieron cambiar de tema, cuando estuvieron listas decidieron salir al jardín a pasear antes de entrar en el gran salón. Caminaban agarradas del brazo mientras miraban el nublado paisaje. 

María. (TimePrincessGame) Terminada.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora