Los días habían pasado muy rápido, los preparativos de la boda de Aglaè habían obtenido toda la atención de todo el palacio, al fin un matrimonio joven que realmente se quería iba a casarse. María cepillaba el pelo de su hija en su habitación, intentaba hacer eso algunas veces para que la pequeña Carlota no tuviera el recuerdo de una madre ausente, sino todo lo contrario.
El pelo castaño claro de la joven caía por su espalda, las ondulaciones eran preciosas y se dejaban cepillar por las cerdas de aquel precioso cepillo de nácar.
-Mi dulce ángel...-susurró María casi sin querer.
La pequeña se giró sonriendo, le faltaban algunos dientes debido a que había llegado a la edad de empezar a mudarlos. La pequeña estaba dejando de ser una niña.
-Cuando me case quiero una boda tan bonita como la de Aglaè.-soñaba la pequeña mientras movía los pies.
-Estoy segura de que será aún más bonita.-respondió María.
La joven agarró a la pequeña de la cintura para sentarla en sus muslos y acaricar su pelo recién peinado. Las dos se abrazaron con cariño, Carlota tocó el vientre de su madre, le fascinaba ver como su pequeño hermanito o hermanita crecía en su interior.
-Cuando tenga una hija le pondré María Antonieta.-afirmó.
-Será una nieta a la que mimaré tanto que me acabarás regalando.-bromeó María mientras le hacía cosquillas a su hija.
-Aunque quizás mi suegra también quiera que le ponga su nombre.
-Eso no es algo por lo que debas de preocuparte.-respondió la joven.-Además, estoy segura de que tu suegra te querrá tanto que te dejará ponerle el nombre que quieras.
María Teresa sonrió, pensó algo durante algunos segundos y luego giró la cabeza para mirar a su madre.
-Madre. Quiero que sepa que... Aunque quizás haya gente en palacio a la que no le agrade, para mí es la mejor madre del mundo y no podía haber pedido una madre mejor.
El corazón de María sintió un pinchazo, pues su miedo se había hecho real, sus hijos eran testigos de sus rumores y sabía que eso influiría en su comportamiento. La joven sonrió y besó su cabeza.
-No te preocupes por mí. Tú también eres la mejor hija que nunca podría haber pedido.
La reina abrazó a su pequeña y miró hacia arriba para que las lágrimas no salieran de sus ojos. Sorbió la nariz y se levantó dejando a su hija en el suelo.
-Vamos, debes ir a clase, luego podremos tomar el té juntas.
La pequeña realizó una reverencia a modo de cortesía para salir hacia sus clases. María tuvo que tomarse un momento antes de salir de allí.
Caminó por los largos pasillos, los tacones sonaban uno tras otro indicando sus pasos. Una sensación de vacío la invadía, quizás se debía al estrés que había pasado mientras pasaba todo el asunto de Jeanne. En ese momento solo había silencio.
A decir verdad. Había demasiado silencio. María estaba acostumbrada a escuchar el alboroto de Versalles, niños corriendo, sirvientes haciendo su trabajo, damas paseando por allí. Pero apenas nada se oía en aquel lugar. Eso era muy extraño. La joven se paró y miró hacia los lados. Si no fuera por el sonido de sus zapatos, pensaría que se había quedado sorda en ese mismo instante.
La puerta se abrió y observó a Blaisdell entrando en aquel pasillo. La joven lo observó, ver al marqués solo también era sumamente extraño en un día así. El adulto la miró y realizó una reverencia, su estado no era al que María estaba acostumbrada, no miraba por enicma del hombro y por una vez, en su rostro no se encontraba su pretenciosa sonrisa.
ESTÁS LEYENDO
María. (TimePrincessGame) Terminada.
FanfictionHistoria basada en el video juego TIME PRINCESS. Ante todo esta es una historia de ficción.
