María entró en la habitación poco después de aquel anuncio, estaba tan furiosa que no sabía como no se había convertido en un huracán de camino a su alcoba.
Quince minutos antes se había limitado a agarrar las manos de su esposo, pero sin corresponder a ninguno de sus gestos mínimamente cariñosos, la música se había vuelto mucho más alegre en esos instantes y sus hijos corrieron hacia ella eufóricos con la noticia, todos aplaudían y brindaban en un inmenso jolgorio. María hacía contacto visual con los invitados mientras sonreía con nerviosismo, pues había una mirada que evitaba a toda costa aunque bien sabía que los ojos del marqués se estaban clavando tan fijamente sobre ella que casi los podía sentir sobre su piel. La contraproducente noticia al menos le sirvió para poder volver rápidamente a sus aposentos excusándose en el cansancio.
La joven estiraba los brazos para que las criadas la desvistieran, pero su pecho subía y bajaba con fuerza haciendo que las jóvenes tardaran más en su trabajo. La reina se retiró las pulseras dejándolas caer en el suelo, agarró su pesado collar de zafiros y de un fuerte tirón lo arrancó de su cuello rompiendo el cierre tras él. ¿Porqué Auguste la había traicionado de esa manera? Sabía que Gabrielle era una bocazas por naturaleza, pero jamás la traicionaría de ese modo, además, si hubiese llegado a contarle la noticia a alguien, esas personas no lo hubieran divulgado antes que su majestad y esta quedaría como un rumor.
-Mi reina...-escuchó la voz de Auguste adentrándose en el dormitorio.
María no movió un solo centímetro la cabeza, en su lugar, subió la barbilla hacia arriba. Tal era su impotencia que sus ojos se llenaron de lágrimas, apretaba la mandíbula en un intento de aguantar el llanto. ¿Qué pasaría si la gente comenzaba a hablar? Sabía que necesitaba intimar con su marido antes de dar la noticia, dormir juntos algunas semanas antes de dar la noticia, así todo hubiera sido mucho más natural y los rumores de su relación adúltera con el marqués se callaría para siempre.
-Gracias por la velada, majestad.-respondió la joven.
Auguste no respondió, los sirvientes retiraron su pesada casaca y su peluca antes de que su majestad entrase a asearse rápidamente para irse a dormir. El rey sabía la importancia de darle un par de minutos a su esposa antes de hablar con ella.
No pasaron más de dos minutos cuando el rey volvió a la habitación, la última criada trenzaba el pelo de María para que esta pudiera dormir. Auguste se acercó a ella cuando la chica terminó su labor, esta se despidió de sus majestades con una pequeña reverencia y todo el servicio abandonó la habitación. María seguía sentada en su pequeño sillón de terciopelo azul que carecía de respaldo, sus ojos se quedaron perdidos en la nada, Auguste se encontraba de pie a su lado.
-Lo siento, sé que no querías que se supiera aún.-María no contestó.-No quise ir contra tus planes, María. Se me escapó. Madame Adelaide me propuso hacer un brindis, yo le dije que por supuesto, que tú no podrías acompañarla por motivos obvios y... Me preguntó cuales eran esos motivos.
María suspiró, sabía en el fondo que no había sido intención de Auguste, sabía que nunca lo sería, al fin la joven levantó la vista volviendo a mantener contacto visual con su esposo.
-Lo entiendo.-respondió.-No te preocupes, siempre me has respetado.
Un par de minutos de silencio se acomodaron en la habitación, el joven se acercó aún más a su esposa mientras agarraba su mano.
-¿Puedo hacer algo para que me perdones?
La reina negó con la cabeza ladeándola hacia su esposo para que este pudiera tranquilizarse.
-No es tu culpa, lo entiendo.
Auguste agarró su mano y la llevó hacia su pecho con suavidad mientras acariciaba su piel con las yemas de sus dedos.
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María. (TimePrincessGame) Terminada.
FanfictionHistoria basada en el video juego TIME PRINCESS. Ante todo esta es una historia de ficción.
