La joven parpadeó sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas, tuvo que girar la cabeza hacia un lado para no llorar frente a él. Se mordió el labio inferior tratando de no hacerlo todo más difícil. ¿Pero qué iba a ser más difícil que vivir una vida sin él?
-Yo no quería que las cosas sucedieran así.-susurró María.
-Yo tampoco, mi señora.-musitó el marqués.
María miró entonces por la ventana. Al menos seguirían viendo siempre el mismo sol y la misma luna.
Una vez llegaron a Versalles y contarle lo sucedido al rey, María pidió poder retirarse, no se sentía con fuerzas ni energías para poder dedicarse a asuntos de estado. El marqués se retiró para continuar con todo el trabajo que en algún momento debía abandonar.
No muy lejos de allí, en las manos de una noble la cual no gozaba de ningún privilegio para poder subsistir, los diamantes brillaban más que las estrellas y el sol. Aún no había más que empezado su malévolo plan, la joven se encontraba en corsé, sus medias llegaban hasta la mitad del muslo y su largo cabello llegaba hasta su cadera. Aquel había sido siempre su gran atractivo, su larga melena que cuidaba con detalle cada día.
Entre risas, la joven se levantó de la cama para acercarse a la chispeante chimenea que estaba a punto de apagarse pues las noches en París aunque fueran de verano, en aquella vieja mansión vacía, eran frías. Las patéticas cartas del cardenal se encontraban sobre la mesa, escritas con el corazón, había tanto sentimientos en aquellas cartas y tantas confesiones que de no tratarse de un miembro de la familia real, Rohan se encontraría entre rejas. La condesa de la Motte observaba los diamantes de aquel collar que se balanceaba en sus dedos debido a su peso. Sabía que aquellos diamantes brillaban tanto como su futuro si era capaz de salirse con la suya.
El despacho de Auguste estaba completamente lleno un cuatro días después. Blaisdell buscaba documentos que pudiesen servir como referencia y Auguste y María hablaban con varios encargados, pues el Louvre abriría al fin como museo, pensaron que aquello alejaría la atención del asunto del collar, por lo que tenían que trabajar mucho para darse prisa y adelantar los proyectos.
-Si hacemos eso, todo estará listo. Debo viajar cuanto antes a París de nuevo para comenzar los preparativos.
Los monarcas asintieron y una vez el maestro abandonó la sala, ambos suspiraron algo más tranquilos.
-¿Te apetecería dar un paseo?-preguntó el joven mientras se ponía en pie para salir del despacho.
La joven asintió, sería bueno para sus hijos verlos de nuevo juntos, el marqués se encontraba en París. Era mejor tenerlo lo suficientemente lejos por esos momentos. Los monarcas salieron al jardín para pasear, llevando a sus hijos con ellos.
-La señora Aclax me dijo que si no aprendía griego no podré leer las antiguas historias clásicas. Pero yo no quiero leer nada de eso.-explicaba la incansable Carlota mientras caminaba de la mano de su padre.
La pequeña era un reflejo de su madre, mientras que José era tranquilo, caminaba en brazos de María, él procuraba encontrarse siempre cerca de ella.
-Debes aprender todo lo que puedas, nunca sabes cuando podrás utilizarlo.-explicó Auguste mientras caminaban por el pequeño puente de madera.
-Lo sé, pero a veces estoy cansada.-se quejó la pequeña colocando su mejilla en la mano de su padre.
María sonrió recordando las largas clases que tenía que tomar cuando era una princesa, aquellas horas marcadas en el reloj de la habitación del palacio de Schönbrunn pasaban tan lentas que parecía que nunca llegaría a marcar la hora del almuerzo. Pero los años pasaron tan rápidos que apenas parecía un parpadeo.
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María. (TimePrincessGame) Terminada.
FanfictionHistoria basada en el video juego TIME PRINCESS. Ante todo esta es una historia de ficción.
