- ¿Seguro que esta ropa es buena idea? – preguntó Adrasteia por quinta vez.
- Tienes que destacar. Y vistiendo con un chándal como todos los demás no vas a conseguirlo.
Aura sonrió ante el malestar de su hermana. Habían pasado varios meses desde la traumática experiencia, y aquella era la primera vez que salían juntas a la calle. No es que se hubiera impuesto a sí misma un confinamiento postraumático. Simplemente prefería estar en casa.
Su hermana había sido su única compañía desde que se mudaron a un pequeño apartamento en el centro. Algo cutre, pero tras una mano de pintura y sus toques personales, aquellos pocos metros cuadrados se habían convertido en un verdadero hogar.
Iris había procurado mantener el contacto con ella. La llamó todos los días durante dos semanas. Luego, una vez cada dos días. Y así hasta que apenas veía un mensaje de ella a la semana.
Era mejor así. Aura lo sabía. Su hermana había logrado independizarse emocionalmente de Iris hacía muchos años. Y ahora trataba de hacer lo mismo con Frankie. Solo ella había albergado la esperanza de ser algún día una familia. Pero eso ya había quedado descartado para ellas. Adrasteia no había querido destrozarle las ilusiones. Ella misma se había dado cuenta de las intenciones de su madre cuando trató de irse a vivir con ellas. La respuesta de Adrasteia ante su insistencia fue contundente, tal y como acostumbraba. Desde entonces, Iris apenas daba señales de vida. Su padre en cambio continuaba visitándolas los fines de semana con comida china para almorzar. Nunca se quedaba más de dos horas. Tampoco inquiría demasiado en sus problemas. Únicamente se aseguraba de que pudieran pagar las facturas y no les faltara comida en la nevera. Adrasteia se lo agradecía, al igual que el puesto que había conseguido en un gimnasio por las tardes entrenando a dos grupos de niños.
- Tengo entendido que estás haciendo un gran trabajo con ellos – le comentó Frankie mientras ella recogía la mesa.
- Bueno, procuro no involucrarme demasiado. Y al parecer, cuánto más dura soy con ellos, más me valoran. Así que puedo manejarlo.
El reproche de aquellas palabras calaba hondo en Frankie, y Adrasteia lo sabía. Ella procuraba mantenerse al margen. Sabía por las letras de su hermana hasta qué grado le había afectado la traición de su padre. Aunque trataba de solventar lo ocurrido, Adrasteia no podía ignorar que su amor por Frankie era mucho mayor que el que él sentía por ella. Eso ya la había destrozado una vez, y no iba a volver a arriesgarse a sufrir de nuevo por su culpa.
A ella había dejado de importarle lo que sus padres hicieran. Ya había asimilado que no iban a formar parte de su vida de forma permanente. Pero tenía a Adrasteia. Y sabía que ella nunca la abandonaría.
Era por el sentimiento de deuda que albergaba en su interior que la había animado a apuntarse a aquella audición. En los últimos meses, su hermana había estado plenamente enfocada en mejorar su freestyle. La podía escuchar desde su habitación rapeando sobre una temática tras otra. Aunque en ocasiones no encontrase relación con las cosas que decía. Según Adrasteia, era porque estaba rimando con palabras que se generaban de forma automática con un programa que había encontrado. Aura no sabía que pensar al respecto, pero confiaba en que su hermana sabía lo que hacía.
Tras presentar su vídeo, tuvo que esperar algo más de dos semanas hasta que le llegó un correo donde le anunciaban que había pasado la prueba. Eran cien los seleccionados para el casting presencial. Y solo podían quedar ocho. Según Adrasteia, podía ser peor, como en los juegos del hambre donde solo sobrevivía uno.
Aura la había obligado a ponerse un vestido para la ocasión. Era camisero de color caqui para resaltar el color de sus ojos. Le marcaba las curvas y le cubría las piernas hasta la mitad del muslo. Tuvo que convencerla para que se pusiera tacones y se maquillara. Cuando la observó en el espejo tras veinte minutos decidiendo si ponerle pendientes, anillos, pulseras o collares, Aura sonrió satisfecha con su trabajo. Era un look elegante pero muy desenfadado que haría que todos la miraran dos veces. Aura intuía que con tantos chicos sería inevitable que repararan en su hermana. Sobre todo, si lograba una buena puesta en escena.
- ¿Cuál es tu plan? – dijo sin apenas contener los temblores por lo que su hermana estaba a punto de hacer.
- Impresionarlos – admitió Adrasteia -. No sé muy bien qué pruebas nos pondrán, pero estoy preparada para todas.
Aura asintió. A su alrededor había decenas de personas tan nerviosas como ella. Algunos no dejaban de moverse, otros hablaban especialmente alto llevados por la adrenalina. Su hermana observaba con el ceño fruncido las pulseras que la había obligado a ponerse.
- ¿Son necesarias?
- Combinan perfectamente con la ropa. Así que no te las quites.
- Como tú digas. ¿Estarás bien aquí sola? Vamos a estar todo el día ahí metidos.
- Tranquila, he pensado irme de compras. Te mandaré mi ubicación y te escribiré para ver cómo te va.
Adrasteia asintió y giró el rostro cuando comenzaron a llamarlos para entrar.
- Muchísima suerte – dijo abrazándola.
- Gracias.
La sonrisa de Adrasteia fue serena. Su cuerpo reflejaba la tensión propia antes de una batalla, alerta pero flexible. La imagen de una guerrera confiada.
- ¿Has pensado cuál será tu A.K.A.?
Adrasteia se encogió de hombros.
- Supongo que mi nombre. Es lo bastante raro como para que sirva.
Aura puso los ojos en blanco.
- Hazme el favor de pensar en uno. No vayas a hacerte famosa y vayas a tener que quedarte con tu nombre para siempre.
Adrasteia asintió y se despidió de ella.
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NÉMESIS
Fiksi PenggemarAcostumbrada a los rings de boxeo, Némesis jamás pensó que llegaría el día en que acabaría subida a un escenario. Como tampoco imaginaba la fuerte atracción que surgiría entre ella y uno de los raperos más famosos de argentina. Esta es su historia.
