Rachel Black creyó tener una vida perfecta: un novio ejemplar y padres talentosos e importantes para la élite de Londres; sin embargo, los oscuros secretos que aquellos guardan la posicionan en un ambiente de mafia, corrupción y parafilias sexuales...
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Después de la escuela no tenía muchos ánimos de hacer nada por lo que Ariel, Yarah y Michael vinieron conmigo a mi departamento, me seguía sintiendo triste, porque mi enojo ya había pasado, pero ahora la tristeza me estaba dejando sin ánimos.
—No creo que haya algo que pueda arreglar mi relación con Corey —miré a mi primo—, en serio parece decidido a no hablarme o si quiera pensar en que tiene una hermana.
—Se le pasará, dentro de todo tiene corazón y no ha cumplido con lo que dijo, así que está más entretenido con su recuperación, lo vi esta mañana y no se miraba nada bien.
—Sabemos como es Corey, puede durar enojado toda la vida si él quiere, no me va a perdonar —abracé una almohada—, ni siquiera cuando fui a decirle que ya podía ocupar la casa de mamá se notaba más calmado.
—Sabes como somos los Wolffer, todo es por dolor y más dolor, solo hay que darle su espacio, tú más espacio Ariel.
—Ya ni me digas, todo esto es mi culpa, debí haber sido un hombre y decirle las cosas de frente, tal vez me hubiera dado una paliza, pero no estaríamos en esta situación porque después de ello lo habría olvidado.
—Debimos decirle cuando empezamos, no teníamos porque callarnos tanto tiempo —suspiré—, nada bueno iba a salir de que se enterara por alguien más y lo sabíamos.
—Maldita Murr, si cree que no va a pagar esto, está muy equivocada —farfulló mi primo.
—Será difícil poder hacerle algo sin que nadie se entere, siempre está con sus perritas falderas.
—Algo se nos va a ocurrir, esto no se puede quedar así, maldita sea, no tenía derecho a abrir la boca.
—Era de esperarse ¿Cómo no pensamos que ella nos pudo haber visto ese día? —miré a Ariel.
—No tenía derecho, Shantall, era un asunto nuestro —respondió Ariel.
—Por el momento dejemos a Corey calmarse, si lo presionamos es como sentarse en un globo, no funcionará.
—Estoy de acuerdo, si lo seguimos presionando va a explotar y prefiero estar en otro lugar si eso sucede.
—No me siento bien con esto, porque sé que es mi culpa.
—No te culpes de esa manera, iba a suceder y por algo tenía que ser así... al menos eso me gusta pensar —suspiré.
—Claro que no Shan, tuvimos la elección de decirle y hacer las cosas bien, pero no lo hicimos, apenas estaba tolerando mi existencia y lo arruiné, porque mi deber fue hablar con él como hombre y no lo hice, tú eres su hermana, te perdonará, pero yo no quería que fueran las cosas así.
—Estoy segura que si en algún momento se le llega a bajar el coraje, él entenderá y no te odiara.
—Yo no estaría tan seguro, es tu hermano del que hablamos, es el rey del segundo círculo del infierno, lo dice él y yo le creo —replicó Ariel.