Capítulo 91

3.4K 310 83
                                        

Hola queridos lectores! 

Lo siento, pero la verdad es que me dio gracia leer sus comentarios en el capítulo anterior. No fue mi intención dejarlos tan expectantes y a la defensiva. Una parte de mi tampoco quiere que llegue ese momento. 

Me piden mucho a Arwen, planeo hacer su historia, al igual que la de Rocco y Jude, pero mientras tanto les dejo un capítulo narrado por ella, como un adelanto. 

****

Arwen

Cuando todos terminan de aplaudirme, luego de esa gran entrada, comienzo caminar por el salón, saludando a todos mis invitados, quienes se desviven entre halagos, felicitaciones acompañada de grandes sonrisas. 

Entre tanta multitud, mis ojos se cruzan con los suyos. Le dedico una sonrisa provocativa, porque se que su pequeño cerebrito no podrá resistirse. Él toma de su copa de champagne, sin apartarla de sus labios y noto por su mirada que está teniendo una pequeña batalla interna consigo mismo. A propósito, me doy la vuelta para que así vea toda mi espalda descubierta, que llega justo a la línea donde comienza mi trasero. 

Mi padre casi entra en un coma cuando me vio bajar de las escaleras de mi casa con este vestido tan corto y escotado en ambos lados, pero no hubo mucho que pueda hacer para conseguir que me cambie. Era una pelea perdida, así que no se molesto en seguir discutiendo, lo unico que lograría es que le suba la presión arterial. 

Sigo avanzando, atravesando el salón, para alegarme un poco. Es cuestión de segundos para que aparezca como un perrito buscando un premio. Me detengo, cuando siento unas manos deslizarse con suavidad por mis brazos. Es él. Puedo oler ese aroma a menta que emana de su cabello. 

No tardo siquiera un minuto. Los hombres son tan de manual. Aunque en parte me gusta que sean predecibles, los hace más sencillo de entender. 

Me gira con delicadeza. Si hay algo que me sorprende de él, es que para ser alguien tan brusco y tosco en todo sentido, conmigo es como si sus manos fueran... plumas... si, eso... transmite esa suavidad, esa sensación de satisfacción cuando acaricia mis brazos. 

Nos observamos fijo por unos segundos. 

- ¿Tú quieres que tú hermano me mate? - pregunta con esa voz tan masculina. - Y no en un sentido figurado, sino literalmente. 

- Sería divertido, ver hasta donde podría llegar. - respondo. - Aunque, siendo honestos, yo no te llame. 

- No con palabras, pero si con esa sonrisita. 

- ¿Qué sonrisita? - pregunto divertida. 

- Sabes bien. Esa que usas. La que usaste esa noche en el bar. 

Pongo mis ojos en blanco. - Ya suelta lo de esa noche. No podemos hablar dos minutos sin que lo mencionas cada tres oraciones. 

-  ¡Claro que no! ¡No puedo soltarlo! No dejo de pensar en ello. Y ahora que estarás en el asilo todo el tiempo, será mucho peor. 

- Aww, soy quien te atormenta en tus pesadillas. Que lindo. 

- Si... una pesadilla, disfrazada de un sueño. - se dice para si mismo. 

- Si buscabas ofenderme, no lo has logrado. 

- Como si algo pudiera ofenderte. 

Sonrío satisfecha al oír eso. Me gusta que la gente tenga esa percepción de mi... que nada de lo que digan podría afectarme. Es una virtud de una persona fuerte, que no se deja aplastar, mucho menos pisotear. Eso es lo que quiero. En resumen, ser como mi padre. A él solo le basta decir su nombre y apellido para que nadie dude de él, no necesita probarse con nadie. Ni demostrar, ni explicar, ni dar respuestas. 

Atrapado Contigo (Mafia Marshall II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora