Capítulo 38

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MICHELLE

Me revuelvo en la cama dando vueltas sin parar hasta que por fin me decido por sacar el brazo y con la cabeza aun tapada por las mantas, paso la mano por la mesi tirando varias cosas hasta que lo encuentro y vuelvo a meter la mano dentro. Son las ocho de la mañana cuando la luz de la pantalla se ilumina bajo las sabanas y resoplo. Pensé que sería más tarde, pero esta claro que ahora que tengo los ojos abiertos y dudo que vuelva a dormirme.

De mala gana salgo de la cama, pero antes rebusco entre las sábanas mis calcetines, porque soy de las que se mete en invierno con ellos, pero por la noche me los quito y terminan perdiéndose. Luego me pongo la chaqueta que tengo colgada de una silla y salgo al balcón. Abro las puertas y salgo fuera cruzándome de brazos por el frío. Apoyo los brazos sobre la barandilla y me quedo observando todo el paisaje en su estado de calma. El cantar de los pájaros sobre las ramas de los arboles se escucha mientras revolotean algunos de un lado a otro. La calma del agua en el lago transmite paz y da la sensación de que este congelada, porque no se mueve ni una gota. Corre una brisa fina que trae el aire congelado que se cuela por debajo de mi ropa calando hasta en mis huesos. El sol no se encuentra demasiado arriba teniendo en cuenta que es temprano.

Entro de nuevo cerrando las puertas del balcón para que no entre el frío cuando me cambie. Opto por salir a correr un rato y por ello me coloco unas mayas, una sudadera y recojo las zapatillas para bajar con ellas en la mano y no despertar a nadie. Por último, cojo mis auriculares y el móvil. También he decidido coger la cámara de fotos y he cambiado de planes, nada de correr tan solo andar buscando un buen objetivo digno de fotografiar.

Voy andando tranquila hasta la cafetería del otro día y en la puerta decido sacar unas fotos de la fachada tan aesthetic. Sin duda será de las primeras fotos que edite. Continúo caminando por las calles repletas de otras cabañas más pequeñas que la nuestra, pero igual de bonitas. Tras unos veinte minutos este es mi plan, recorrer calles iguales recordándome siempre de donde vengo para no terminar perdiéndome hasta que termino de nuevo en la esquina de la cafetería y se me ocurre entrar dentro para llevarles cafés.

Llego de nuevo y dejando las llaves en la entrada paso a la cocina para dejar la bandeja con los cafés de cada uno y entonces me fijo por la ventana que no soy la única despierta. James esta corriendo de un lado a otro por la cancha con la pelota botándola entre sus manos y lanzándola.

Decido caminar hasta allí, – con la capucha puesta por el frío – pero a medio camino antes de que me vea, con el sol en un buen ángulo decido sacarle unas fotos. Tal vez puedan servirme para el reportaje. Me apoyo – con los brazos cruzados en mi pecho – sobre el poster de la cancha contraria a la que esta encestando. Me quedo un rato observándolo. Lleva una camiseta gris con pista de que lleva un buen rato jugando y por su nuca también, le caen gotas de sudor mientras su pelo esta pegado a su frente.

– Veo que te gusta madrugar – llamo su atención mientras se gira y me repara entera.

– Buenos días – contesta sonriendo brevemente – técnicamente siendo las nueve de la mañana, tampoco es madrugar demasiado.

– Lo siento llevo despierta desde las ocho de la mañana. No podía volver a dormirme. – confieso. – ¿no tienes frío?

– Ahora que he parado lo cierto es que si – se dirige al banco y sin ningún reparo se quita la camiseta sudada para colocarse una sudadera.

Trato de desviar la mirada cuando deja su torso al desnudo focalizándome en mis zapatillas desgastadas mientras él termina de cambiarse. Demasiado nerviosa me pone esta situación.

– Parece que te gusta pasear tu nueva cámara. – inquiere colocándose bien las mangas.

– No podía dormirme así que he salido a dar una vuelta por las calles para buscar algo bueno que fotografiar. – repongo acercándome al banco.

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