Capitulo 1: El Chico Nuevo I

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Una vez dentro de la escuela, el campus era un mundo aparte. Estudiantes por todas partes, chicos y chicas de todo tipo, vestimentas distintas, gustos distintos, el ruido típico del primer día mezclado con el frío de enero. Guías con chalecos naranja fosforescente circulaban entre la gente orientando a los alumnos nuevos y de intercambio. Angel los observó un momento antes de acercarse a uno de ellos.

—Hola, disculpa —dijo con cierta reserva.

—Sí, dime. ¿En qué te puedo ayudar?

El guía era un chico de aspecto tranquilo, pelo café algo largo y ligeramente desarreglado de forma natural, pecas tenues sobre las mejillas y una sonrisa fácil. Bajo el chaleco naranja llevaba una sudadera blanca con capucha, jogger blanco y tenis del mismo color.

—¿Sabes dónde queda el salón 4408? —preguntó Angel, consultando su celular.

—Sí, pero antes de decirte dónde está, te explico cómo funciona la nomenclatura para que te orientes solo después —dijo el guía—. El primer número es el edificio, el segundo es el piso, y los últimos dos son el número de salón. Puede haber varios salones por piso y varios pisos por edificio, dependiendo de la construcción.

—Ya entiendo cómo funciona —dijo Angel.

—Como verás, tu edificio está justo ahí —señaló el guía apuntando directamente frente a ellos.

—Muchas gracias.

Angel tomó camino hacia el edificio y subió las escaleras de roble oscuro junto con otros estudiantes que se dirigían al mismo piso. Las lámparas de luz cálida colgaban del techo en una fila ordenada, el pasamanos de roble estaba sostenido por paneles de vidrio gris oscuro. En el cuarto piso buscó su salón: el 08.

Antes de llegar a la puerta ya sabía que tendría que esperar afuera. Su profesora le había indicado por mensaje que lo presentaría al grupo, ya que era alumno nuevo. Aquí los semestres funcionaban distinto a lo que estaba acostumbrado: no se aprobaba el año completo sino por semestres, cada uno cursado con el mismo grupo. Al avanzar de semestre, cambiabas de edificio. Angel llegaba como alumno de cuarto semestre transferido de otra escuela, un desconocido que necesitaba ser presentado.

Se apostó junto a la puerta. Los estudiantes que iban llegando lo notaban, desviaban la mirada hacia él un segundo más de lo necesario. Nadie lo conocía, y algo en su presencia hacía difícil ignorarlo.

El cielo seguía aclarándose poco a poco cuando las 7:00 a.m. marcaron en el reloj. La profesora apareció al fondo del pasillo con paso seguro, y antes de llegar ya había detectado la presencia de Angel junto a la puerta. Le dedicó una sonrisa breve al pasar a su lado.

Charlotte Davies tenía treinta y cuatro años y una presencia que llenaba el pasillo antes de que abriera la boca. Falda corta gris, mallas, blusa blanca formal y una gabardina gris oscura. Un arnés negro le cruzaba el cuello blanco como un collar poco convencional. Ojos azules detrás de gafas negras, cejas perfectamente cuidadas, delineado preciso y un labial rojo oscuro sobre unos labios generosos. El tipo de profesora que nadie se atrevía a ignorar.

—Espérame un momento —le dijo a Angel—. En seguida te doy la indicación para que pases.

—Sí, gracias —respondió él.

Dios mío... cómo me molesta esto de las presentaciones. Solo para que todos miren al chico nuevo — pensó Angel con el ceño ligeramente fruncido.

La profesora abrió la puerta y entró al salón. A simple vista: ventanas enormes, escritorios de madera café oscuro con espacio suficiente para dos estudiantes sin que ninguno se sintiera apretado, sillas negras con respaldo alto y buena amortiguación. Cuatro filas de ocho escritorios cada una, treinta y dos alumnos en total, dieciséis chicos y dieciséis chicas sentados donde mejor les acomodaba.

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