—Fue el señor Ja... —empezó Sam, pero antes de que terminara la frase una cachetada le cruzó el rostro y una mano le tapó la boca de golpe. Martín.
—Cof, cof, cof —tosió Martín falsamente para disimular—. Fue el señor Alec, que exterminó a todos los desterrados —agregó con una risa nerviosa, maldiciendo por dentro al imbécil de Sam que casi arruina la sorpresa.
—Con razón. Era más que obvio —dijo Angel, volteando su mirada fría directamente hacia Alec—. Muchas gracias por salvarnos, Alec.
—De nada, señor Angel. Siempre que sea necesario y posible, le ayudaré en todo —respondió Alec con una sonrisa amable.
—Me sorprende que hayas llegado a tiempo. A mí me tomaría más. ¿Acaso mejoraste tu velocidad? ¿Me superaste? —preguntó Angel con la misma voz fría y el ceño ligeramente fruncido.
—No... Fue porque sus amig... —se entrometió Sam, pero antes de terminar otra cachetada de Martín le cruzó el rostro y le tapó la boca de nuevo.
—¡CÁLLATE, IMBÉCIL! ¡TÚ NO HABLES! —gritó Martín, pero al darse cuenta de que lo dijo demasiado fuerte, sintió la mirada fría de Angel clavarse directamente en él—. Estem... señor, no le haga caso. Sam está borracho. Bebió demasiado cuando usted estaba afuera —agregó con una sonrisa temblorosa que no engañaba a nadie, los ojos cerrados y las arrugas marcándosele por la mueca forzada.
—¡Oye, no estoy borracho! —gritó Sam, pero Martín le tapó la boca otra vez—. ¡Oye, eso me dolió! —alcanzó a decir con el tono amortiguado.
Angel los miró a los dos. Una pequeña sonrisa de confusión le apareció en la comisura de los labios y desapareció casi al instante.
—Bueno... como decía, ¿me superaste en velocidad? —volvió a preguntar, mirando fijamente a Alec.
—No lo sé. Tal vez fue suerte, o la adrenalina, o quizás porque aumenté mucho mi poder de camino —respondió Alec con una risa nerviosa.
—Bueno, como sea —Angel se puso de pie despacio. Le dolía todo, pero no lo dijo. Se sacudió la suciedad de la ropa con calma y miró a Martín—. Quisiera irme a casa.
*Me está mirando a los ojos. Me va a matar* —pensó Martín.
—Pe-pero... —intentó decir, pero Angel lo cortó.
—Pero como sé que es una fiesta sorpresa y con sorpresas preparadas para mí, soy educado y por eso me quedo —hizo una pausa—. Así que siga la fiesta. Solo que no me verán tan animado.
Un alivio colectivo recorrió el lugar. Algunos sonrieron, otros asintieron. Nadie lo presionó.
—¡Oye, chico, sube el volumen y pon canciones para amanecer muerto por sobredosis de alcohol! —le gritó Henrik al DJ. Se quedó callado un segundo—. Ah no, ¿verdad? Ya estamos muertos —añadió al darse cuenta de lo que acababa de decir. Silencio incómodo. Pequeñas carcajadas entre varios vampiros—. Ay no, qué pendejo soy, la neta —se llevó la palma a la cara—. Así como diría mi amigo de México —agregó, un poco sonrojado.
La música comenzó a sonar. Pero Angel no se sumó. Se movió en silencio hacia un sillón apartado, con el cuerpo todavía doliéndole y la cabeza en otro lugar.
Angel se sentó en el sillón apartado, lejos del ruido. Hizo una mueca de disgusto hacia sí mismo, como si la fiesta a su alrededor no existiera. Agarró la botella de vino que se encontraba en la mesa, se sirvió una copa y sacó su celular. Instagram. Demasiados mensajes: compañeros de escuela, amigos, seguidores. Dio un trago largo y empezó a leer.
Judith
Hola Angel, ¿cómo se te hizo la escuela? *(7:10 p.m.)*
Angel
Visto *(8:17 p.m.)*
ESTÁS LEYENDO
Vampire Rebellion
VampireEn el pasado, se cazaban a las Brujas y las quemaban vivas, y se sigue teniendo la sospecha de que merodean por nuestros alrededores, pero... ¿nunca te haz preguntado si hay un Vampiro a tu alrededor? Ven sumérgete en este mundo fantasioso, oscuro...
