La camioneta rugió al salir de la calle residencial. Angel desactivó el piloto automático de un golpe y tomó el volante con las dos manos. Los nudillos blancos. La mandíbula apretada.
Aceleró.
La ciudad pasó como una mancha de luces y concreto mojado. Semáforos en ámbar que cruzó sin frenar, curvas cerradas que tomó con giros bruscos, el chirrido de las llantas contra el asfalto empapado mezclándose con el golpeteo constante de la lluvia contra el parabrisas. La aguja del velocímetro subía y no dejaba de subir.
The Back Street Boys
Angel
Ya voy camino a casa
Voy a revisar que está pasando
(2:07 p.m.)
Fin Conversación.
Nadie respondió. Otra vez.
La lluvia arreció. Ya no eran gotas: eran latigazos de agua que golpeaban el cristal con una violencia que el limpiaparabrisas apenas podía contener. El cielo se había cerrado por completo, una masa gris oscura que aplastaba la ciudad como una tapa de ataúd. Los relámpagos estallaban en las montañas lejanas, iluminando todo por un segundo y dejando después una oscuridad más densa que la anterior.
El ambiente se siente igual que en esa maldita película —pensó Angel, apretando el volante.
—Señor, ¿me escucha? —la voz de Fenix salió quebrada, mordida por la estática, como si alguien le estuviera arrancando sílabas.
—Sí, Fenix. ¿Qué demonios te está pasando? Llevas un buen rato escuchándote mal. Ahora peor —respondió Angel sin despegar los ojos de la carretera.
—No lo sé, señor. Todo apunta a problemas de red. No detecto actividad sospechosa en el servidor.
—Llego en dos minutos. Cuando me baje del carro, transfiere la llamada directamente a mi celular.
—Entendido, señor —respondió Fenix—. He recuperado acceso a otra cámara, pero sigue siendo del jardín trasero.
—¿Y los sensores del guardia?
—Sin respuesta.
—Demonios —Angel se llevó la mano a la frente un segundo, la devolvió al volante. Respiró hondo. El aire no le alcanzó.
—Señor, ¿avisó a los mayordomos?
—Sí. Pero tampoco responden. Eso es lo que más me preocupa. Iban con James y mis amigos —la voz de Angel se endureció al pronunciar esas palabras. Cada una era una posibilidad que no quería considerar.
—Entiendo. La situación es anómala incluso para mis parámetros —dijo Fenix, la interferencia devorándole la mitad de la frase.
La camioneta frenó frente al portón principal. Angel esperó. El portón no se abrió. El guardia no salió. Nadie salió.
—¿Puedes abrirme el portón? —preguntó Angel, la respiración agitada.
—Intentaré acceder... la red está inestable —la voz de Fenix cargaba una interferencia que ya no sonaba a problema técnico. Sonaba a advertencia.
Tres segundos. Cinco. Siete. —Tengo acceso. Portón abriéndose. Pase, por favor.
El portón se deslizó con una lentitud que pareció deliberada. Angel metió la camioneta despacio, los ojos escaneando cada rincón de la entrada. La grava crujía bajo las llantas. La lluvia golpeaba el techo con una furia que hacía vibrar el metal.
El guardia debería haberme abierto de inmediato. Siempre lo hace. Siempre —pensó Angel, con el estómago convertido en un nudo de alambre.
Aparcó la camioneta justo después de la entrada. El portón se cerró automáticamente detrás de él. Se quitó el cinturón. Tomó el celular.
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Vampire Rebellion
VampireEn el pasado, se cazaban a las Brujas y las quemaban vivas, y se sigue teniendo la sospecha de que merodean por nuestros alrededores, pero... ¿nunca te haz preguntado si hay un Vampiro a tu alrededor? Ven sumérgete en este mundo fantasioso, oscuro...
