—Bueno, mi estimado Angel. Fue un gusto volverlo a ver y seguir vivo después de todo —dijo Adam con una expresión de alivio genuino.
—Una disculpa por lo de hoy. Lamento haber caído al final —respondió Angel.
—No te preocupes, compañero. Lo hiciste muy bien. Hay que entrenar duro para que no nos vuelva a pasar —dijo Mike con firmeza.
—Nos volveremos más fuertes —asintió Angel.
—Bien, es momento de irse, mi estimado Baltar —dijo Adrik. Detrás de él, su familia ya estaba lista para marcharse.
—Vayan con cuidado. Tú y tu familia —respondió Angel con voz profunda—. En cualquier situación me puedes llamar. Últimamente ha habido muchos ataques de desterrados a vampiros débiles, y ahora creo que me tienen en la mira.
—Sí, esperemos estar vivos y poder volvernos a ver —dijo Henrik con un tono más grave de lo habitual.
—Claro que nos volveremos a ver —intervino Mike para cortar la tensión.
—Tranquilo, Henrik. En tu familia son muchos y viven juntos. Pueden retener a bastantes y dar pelea —añadió Adam, poniéndole la mano en el hombro.
—Ya saben. Henrik, Adrik, Mike, Adam. Pueden solicitar nuestro apoyo inmediato. Mi familia entera va y los respaldamos —dijo Angel. No lo dijo con una sonrisa. Lo dijo mirándolos a los ojos, uno por uno, con el peso de alguien que lo dice en serio.
—Muchas gracias, Angel. Se aprecia —respondió Henrik, un poco más relajado.
—Para eso estamos —dijo Angel. Sin adornos.
Adrik le dio un abrazo breve y firme. Angel se despidió de Henrik, de la familia de Adrik, de Adam y de Mike. Todos tomaron rumbos diferentes, directo a sus propiedades, a sus países.
—Bueno, nosotros también nos vamos —dijo Robert, dándole una palmada en la espalda.
—Fue un gusto verte, Robert. Cuídate y vuélvete más fuerte —respondió Angel.
—Lo mismo digo, chico —dijo Robert, soltándolo.
Alec se acercó último.
—Señor Angel, fue un gusto verlo. Espero volverlo a ver, y le prometo mejorar mi velocidad —dijo con su tono respetuoso de siempre.
—Fue un gusto, Alec. Y sí, estaría bien que mejoraras la velocidad —Angel hizo una pausa—. Pero no te sientas culpable. No pasó nada.
—Si un día necesita mi apoyo, no dude en solicitarlo —añadió Alec.
—Cuentas con el mío también —respondió Angel, y le dio un abrazo corto para despedirlo.
Los minutos pasaban y el salón se iba vaciando. Cada grupo tomaba caminos distintos hacia un mismo destino: su hogar.
Angel se quedó de pie, mirando cómo se iban. James se acercó por detrás y se puso a su lado, sin decir nada, con los brazos cruzados. Estuvieron así un momento.
—Oye —dijo James en voz baja, sin mirarlo—. Lo que hiciste hoy. Pelear solo contra todos ellos mientras tus compañeros estaban fuera de combate, sabiendo que tus probabilidades eran cero.
Angel no respondió. Esperó.
—Eso es lealtad. Eso es el orgullo de un Baltar. Estoy orgulloso de ti, hijo —dijo James, mirándolo de reojo con una media sonrisa—. Lo hiciste muy bien.
Angel apretó la mandíbula. No dijo nada por unos segundos.
—Gracias, tío —respondió en voz baja. Y fue suficiente.
—¿Oigan, ustedes se irán a sus casas? —preguntó Angel, dirigiéndose a sus amigos y a los tres vampiros ancianos.
—No. Ellos se quedarán con nosotros en casa. Es parte de lo que te di hoy —respondió Martín.
Angel lo miró. Procesó la información.
—¿Es verdad? —preguntó, mirando a James.
—Sí. Vamos a pasar más tiempo contigo —confirmó James.
Angel asintió despacio. No dijo "genial" ni gritó de emoción. Pero algo en su postura se relajó, como si le hubieran quitado un peso que no sabía que estaba cargando.
—Genial. Así tengo más tiempo para reclamarte cosas, ¡tonto! —soltó Ingrid desde atrás.
—Sí, pero ni se te ocurra encajarme un cuchillo en el estómago mientras duermo, como la otra vez. Solo porque soñaste que te dejé de hablar —dijo Angel, mirándola de reojo.
—¡Ven para acá, maldito! —gritó Ingrid, y salió tras él.
Los dos vampiros empezaron a correr por el lugar a velocidad humana. Angel trataba de huir. Ingrid trataba de alcanzarlo para jalarlo de las orejas. Un vampiro ligeramente más fuerte que ella, retado por su mejor amiga.
—Un humano diría "qué clase de mejor amiga te entierra un cuchillo en el estómago mientras duermes", pero nosotros somos vampiros. Esa clase de heridas se regeneran en menos de dos segundos —comentó Astrid.
—Eso es como llevarse ligero —agregó Evelyn.
—Pobre loca le tocó de mejor amiga —dijo Jacob, mofándose.
—Yo tampoco me salvo. A mí también me golpea —dijo Raven con cara de resignación—. Pero sé que es una de sus maneras de expresar amor. Cómo amo a esa loca.
—Cof, cof. Mejor vámonos antes de que te golpee a ti también —dijo Ingrid, que ya había regresado arrastrando a Angel de la oreja.
—S-sí, vámonos —Raven se movió de inmediato hacia el coche.
—Esto es maltrato —murmuró Angel, sobándose la oreja.
—Bien, nosotros también nos iremos en nuestros coches —dijo James, refiriéndose a Baltazar y Leuthier.
—Está bien, tío. Solo denme un momento para ir primero y darle la instrucción a la guardia para que puedan pasar todos —dijo Angel, ya en su tono normal, agarrando sus cosas para subirse a su camioneta nueva.
—Bien, muchacho. Cuando digas —dijo Baltazar, que ya estaba listo.
—Toma, Angel. Las llaves de la camioneta —Sam le entregó las llaves.
—Muchas gracias, Sam. Gracias a todos por estos detalles —dijo Angel. Sin efusividad. Pero mirándolos a cada uno un segundo antes de girarse hacia la camioneta. Eso bastaba.
—Bueno, andando. Vámonos a casa —dijo, y el grupo entero se puso en marcha.
Los vampiros salieron del Babel y bajaron al garaje. Angel sacó su camioneta nueva del interior del edificio y esperó afuera mientras los demás subían a sus coches. Hizo una llamada grupal con todos desde el coche.
—¿Estamos listos? —preguntó.
La mayoría asintió. Los coches fueron saliendo del garaje uno a uno, formando una fila detrás de él.
—Lo seguimos, señor —dijo Martín por la llamada.
—Andando —respondió Angel, y aceleró.
Era una fila impresionante. Ocho coches de lujo, uno detrás de otro, cruzando las calles de noche. El tipo de caravana que hace girar cabezas.
—¿Cómo sientes tu nuevo juguete? —preguntó Martín por la llamada.
—Muy bien —respondió Angel. Nada más. Pero la forma en que agarraba el volante, con los pulgares pasando por el cuero, decía lo que su voz no.
Continuaron el camino. Pasaron por la misma ruta de antes, la que bordeaba las propiedades de la zona. La casa de Elizabeth quedaba en el trayecto.
Curiosamente, ella estaba despierta. Miraba hacia afuera desde la ventana de su dormitorio, con la mente en otro lado, pensando en él sin darse cuenta de que estaba pensando en él. Hasta que la fila de coches lujosos le llamó la atención.
—Vaya, qué bonitos coches —murmuró—. Pero se supone que salió solo —se quedó mirando un momento más, extrañada—. Quién sabe. Quizás son amigos o familia que vinieron a visitarlo. Como sea, tengo que dormir.
Cerró las cortinas de su dormitorio y se dirigió a la cama, tumbándose de un salto.
—Alex, buenas noches —dijo hacia su asistente de inteligencia artificial, iniciando su rutina nocturna.
—Buenas noches, Elizabeth. Son las 9:46 p.m. Hoy en Inglaterra hace una temperatura de 13 grados Celsius. Se espera que en la madrugada, a las 4:00 a.m., la temperatura baje a 7 grados, con lluvias ligeras. Mañana habrá un clima de 19 grados de máxima y 8 de mínima, con lluvias ligeras en el amanecer y atardecer. Mañana tienes eventos registrados: pruebas físicas a las 9:00 a.m. Lleva toda tu vestimenta y ropa deportiva. Es todo por mi parte. Que tengas dulces sueños. Te quiero. Buenas noches.
—Alex, pon una alarma —murmuró Elizabeth, ya invadida de sueño.
—¿Cuándo quieres que ponga la alarma?
—Mañana a las 5:15 a.m. —respondió con la voz arrastrándose.
—Bien. Alarma puesta para el día 5 de enero del 2021 a las 5:15 a.m.
—Gracias —murmuró, y se quedó dormida.
Llegaron al portón de seguridad. El guardia vio la camioneta nueva y no la reconoció, hasta que Angel bajó el vidrio.
—Hola, señor. No pensé que era usted. Tiene otro carro —dijo el guardia con una sonrisa.
—Juguete nuevo —respondió Angel—. Los coches de atrás son mis amigos y familia. Anótales las placas y déjalos pasar.
—Entendido, señor.
Angel entró primero, estacionó la camioneta en su garaje junto a los demás coches que ya tenía, y esperó con Andrómeda y Sam en la sala mientras Martín guiaba a los demás desde la entrada. Los invitados fueron dejando sus coches en el garaje de huéspedes y entraron a la propiedad.
El primer vistazo que tuvieron fue una sala enorme y moderna: tecnología por todos lados, pantallas, inteligencia artificial, domótica, plantas. Todo limpio, todo en su lugar.
—Muy bonita tu casa —comentó Astrid al entrar.
Hubo un momento de calma. Todos se estaban acomodando, dejando sus cosas, mirando el lugar. Hasta que James rompió el silencio con la naturalidad de quien sabe exactamente lo que está haciendo.
—Oye, me contaron por ahí que estás enamorado de una humana —dijo James, mirando a Angel con una media sonrisa.
—Estem... —Angel no esperaba eso. Se le tensó la mandíbula.
—¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! —soltó Ingrid de inmediato—. ¿De una humana? ¿Por qué no de una vampira? Tuvo que ser una humana.
—A mí también me sorprende —dijo Jacob.
—¿Es buena chica? ¿Ya te conoce? ¿Es estudiosa? ¿Es de buena familia? —disparó Ingrid, una pregunta tras otra sin respirar.
—Me acaba de conocer. Es buena chica. Es una de las mejores estudiantes del colegio. Y no conozco sobre su familia —respondió Angel, seco pero honesto.
—Enséñanos quién es —dijo Evelyn con curiosidad.
—Sí, muéstranos —añadió Astrid.
Angel rodó los ojos, sacó el celular, buscó el perfil de Naomi y volteó la pantalla hacia ellos.
—Es ella.
James miró la foto. Se le cortaron las palabras a la mitad.
—No puede se... —no terminó la frase. Se quedó mirando la pantalla con una expresión que Angel no le conocía.
El resto reaccionó, pero no de la misma manera. Ingrid dejó de hablar, cosa que casi nunca pasaba. Jacob tragó saliva. Magnus se quedó muy quieto. Baltazar dio una calada larga al puro y desvió la mirada hacia Leuthier. Leuthier le devolvió la mirada y asintió apenas, un movimiento de cabeza casi imperceptible. James volteó hacia los dos y los tres se miraron en silencio un segundo. Como si acabaran de confirmar algo que llevaban tiempo sospechando.
—¿Qué sucede? ¿No les agradó? —preguntó Angel. Su tono cambió. Más bajo, más tenso.
—S-sí, nos agradó —dijo Ingrid, recomponiéndose—. Pero como que me entró un escalofrío.
—Demasiado buena para ti, hijo —dijo James, tragándose lo que realmente quería decir.
—Demasiado —agregó Baltazar. Fumó más fuerte.
—Sí. Como no tienes idea —añadió Leuthier, con la misma expresión contenida.
Angel los miró a los tres. Luego a sus amigos. Todos estaban raros. Jacob con la voz ligeramente temblorosa, Magnus demasiado quieto, Raven sin palabras. Algo no cuadraba.
—Están actuando raro —dijo Angel, sin rodeos.
—No, estamos emocionados —dijo Jacob, forzando una sonrisa.
—Muy emocionados —agregó Magnus, que no estaba emocionado en lo más mínimo. Estaba nervioso.
Angel frunció el ceño. Sabía que le estaban ocultando algo. Primero lo de la transformación, ahora esto. Dos secretos en una misma noche. Guardó el celular sin decir nada más, pero la frustración se le notaba en los ojos.
—Bueno, cuéntanos qué harás mañana —dijo Astrid, cambiando de tema con la gracia de quien esquiva una bala.
—Mañana voy a la escuela. Hay pruebas físicas de atletismo, cinco mil metros —dijo Angel.
—Tu especialidad —comentó Jacob.
—Vas a destrozar a todos —añadió Magnus.
—¿Ella estará ahí? —preguntó Evelyn.
—Sí. También va a participar. Todo el grupo participa. Dicen que cancelan las clases de esas horas para que la escuela entera vaya a ver las pruebas. Es como una competencia selectiva —respondió Angel.
—O sea que ella te va a ver correr y tú a ella —dijo Astrid.
—Ya veo venir al equipo de la escuela rogándote para que te unas —comentó James.
—De hecho, creo que me uniré —respondió Angel.
—Muy bien. Controla tu velocidad. Usa la fuerza de un humano atleta normal. No queremos problemas con tu identidad —dijo James en tono serio.
—Lo tengo bajo control —respondió Angel.
—¿Y ella va sola a la escuela? —preguntó Ingrid.
—Creo que va con gente de la clase. No estoy seguro.
—¿Qué te parece ir por ella a su casa y llevarla a la escuela? —dijo Astrid.
—Y también de regreso. Dejarla en su casa. Sería un gesto lindo —agregó Evelyn.
—Lo haré mañana —dijo Angel. Sin aspavientos. Pero tomó nota.
—Cuando llegues, pórtate educado. Pasa tiempo con ella. Aguanta tu sed y no hagas nada indebido muy rápido —dijo Evelyn, guiñándole el ojo.
—Todo eso es muy buena idea, pero lo de una cena familiar me causa pánico. Somos vampiros. Ella es humana. Si mi tío James, Baltazar o Leuthier se descontrolan, me hacen mierda en menos de un segundo si trato de protegerla —dijo Angel, mirando a los tres.
—Eso debe ser el menor de tus preocupaciones —respondió Baltazar sin quitarse el puro de la boca.
—Hemos pasado por dietas muy estrictas. Tenemos mucho control de nuestra sed —añadió Leuthier.
—Y por respeto a ti y a la chica que te gusta, jamás pondría un dedo sobre ella. Es nuestro código. Somos familia. Tenemos modales —dijo James, mirándolo directamente—. Soy médico. He atendido a pacientes humanos en condiciones horribles con mucha sangre. Para que veas el control que tengo. Ellos lo han visto —señaló a Leuthier y Baltazar—. No te haría daño perdiendo la cabeza por unos litros de sangre.
Angel asintió. No dijo nada, pero algo en su expresión se relajó.
—¿Y ustedes? —miró a sus amigos.
—Por eso no te preocupes. Podemos entrenarnos para ese momento —dijo Ingrid.
—Hasta yo los puedo entrenar junto a Martín —añadió James.
—¿Ves? Todo controlado —dijo Astrid, poniéndole la mano en el hombro.
—Está bien. Gracias, chicas —dijo Angel.
Un silencio cómodo se instaló en la sala. Fue Jacob el que lo rompió.
—Buenas noches, Angel —dijo con una sonrisa.
—Es raro que me digan eso. Específicamente un vampiro —respondió Angel, arqueando una ceja—. Pero ahora me acuerdo de que yo te convertí y eras humano cuando te conocí. Antes de ser vampiro me deseabas las buenas noches siempre cuando te ibas a dormir —hizo una pausa—. Gracias por las buenas noches. Como los viejos tiempos.
—Cof, cof. Mucha información. Buenas noches —dijo Jacob, sonrojado.
—Literal eso se escuchó muy raro —comentó Magnus, igual de sonrojado.
—¿Acaso no quisieran una mordidita mía de nuevo? ¿Un besito en los labios, mis queridos Magnus y Jacob? —dijo Angel con una voz que destilaba sarcasmo puro, fastidiando a sus amigos solo porque podía.
—Uy, yo sí quisiera ver eso —dijo Evelyn siguiendo la broma.
—Que se besen —añadió Astrid.
—¡Cállate, tonto! —gritaron Jacob y Magnus al mismo tiempo, sonrojados hasta las orejas.
—Mucha información dijeron —añadió Ingrid, igual de sonrojada, ya que ella también fue convertida por Angel.
—Yo tampoco me salvo. Solo cuando decidí que me convirtieras, solo en ese momento sentiste deseo por mí —dijo Jacob, recordando el momento con cara de trauma.
—A mí también. Me sentí ligeramente abusada —dijo Ingrid.
—No te juzgo. Mi chica está hermosa. Yo haría lo mismo —dijo Raven hacia Angel.
—¡Tonto! —gritó Ingrid hacia su novio.
James soltó una risa ligera.
—Qué risa. Me trae recuerdos de cuand... —empezó James, pero una tos falsa lo cortó.
—Cof, cof —tosieron Baltazar y Leuthier al mismo tiempo.
—¿Qué pasó? —preguntó James, sin entender la indirecta.
Baltazar estaba ligeramente sonrojado, fumando su puro con más fuerza de la necesaria y con el sombrero bajado para que no le vieran la cara. Leuthier miraba hacia otro lado, disimulando. Ellos dos también habían sido humanos antes de que James los convirtiera, hacía varios siglos.
Nadie dijo nada. No hacía falta.
—Bueno, me retiro a dormir —dijo Angel, poniéndose de pie—. Estoy muy cansado de la pelea.
—¿A dormir? —dijo Raven, confundido.
—Sí, lo sé. Somos vampiros. No necesitamos dormir —respondió Angel, rodando los ojos.
Subió las escaleras hacia su cuarto. Se quitó la ropa sucia, la echó al cesto, se puso su bata y se dejó caer en la cama.
—Fenix, buenas noches —dijo hacia su inteligencia artificial.
—Hola, señor. Son las 10:03 p.m. Hoy en Inglaterra hace una temperatura de 11 grados Celsius. Se espera que en la madrugada, a las 4:00 a.m., la temperatura baje a 7 grados, con lluvias ligeras. Mañana habrá un clima de 19 grados de máxima y 8 de mínima, con lluvias ligeras en el amanecer y atardecer. Mañana tiene eventos registrados: atletismo, cinco mil metros a las 9:00 a.m. Lleve todo lo necesario para patear traseros. La alarma está programada de lunes a viernes a las 5:00 a.m. Es todo por mi parte. Que tenga dulces sueños. Te quiero. Buenas noches y que descanses.
—Muchas gracias —Angel agarró su celular y se metió en el perfil de Naomi una última vez.
—Estoy listo para mañana —murmuró, pasando el pulgar por la pantalla—. Tengo que controlarme. No cagarla. La llevaré en la camioneta nueva y haré que su día sea bueno.
Apagó la pantalla. Se quedó mirando el techo en la oscuridad, con la cabeza llena de cosas: la pelea, la transformación que nadie le quería explicar, la foto de Naomi que puso nerviosos a todos, los secretos que le ocultaban. Pero también Naomi. También mañana. También la posibilidad de que algo bueno estuviera empezando.
Se durmió con las dos cosas encima. Lo bueno y lo que no le querían contar.
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Vampire Rebellion
VampireEn el pasado, se cazaban a las Brujas y las quemaban vivas, y se sigue teniendo la sospecha de que merodean por nuestros alrededores, pero... ¿nunca te haz preguntado si hay un Vampiro a tu alrededor? Ven sumérgete en este mundo fantasioso, oscuro...
