—Señor, noto movimiento en la entrada —dijo Fenix.
Angel no respondió. Los ojos fijos en las gotas que se deslizaban por el ventanal, la botella a medio llenar en la mano, el fuego crepitando a su lado. Escuchó la voz como se escucha un sonido debajo del agua —distante, deformado, perteneciente a un mundo al que ya no sentía que pertenecía.
El portón se abrió. Siete coches entraron en fila por el camino de grava, los faros cortando la cortina de lluvia como cuchillos de luz. El primero frenó de golpe a mitad del jardín. El segundo casi se estampa contra él. Los demás fueron deteniéndose en cadena, las llantas chirriando sobre la grava empapada, los limpiaparabrisas batallando contra el diluvio.
Lo que los detuvo no fue el portón ni la camioneta de Angel. Fue lo que había en el césped.
Martín fue el primero en bajar. La puerta del coche ni siquiera terminó de abrirse cuando ya tenía un pie en el barro. La lluvia lo golpeó de lleno y el relámpago que estalló en ese momento le iluminó el jardín entero —una fotografía que nadie debería ver.
Extremidades humanas esparcidas por el césped. Un antebrazo cerca del camino de grava. Dedos sueltos entre las briznas de hierba, tan pequeños que parecían piedras hasta que el siguiente relámpago los revelaba en toda su anatomía. Charcos de sangre que la lluvia había diluido en manchas rosadas, extendiéndose entre el agua encharcada como acuarelas que alguien derramó sin cuidado. Y más allá, junto al cubículo de la entrada, un cuerpo que no necesitaba segundo vistazo para saber que estaba muerto.
—¿Dónde demonios está Angel? —la voz de Ingrid salió estrangulada. No miraba las extremidades. Miraba al guardia. Lo conocía. Todos lo conocían.
Martín echó a correr hacia la casa.
—¡NO! —James lo agarró del brazo con una fuerza que casi lo arranca del suelo. La voz le salió como un latigazo—. ¡Tú solo no vas a entrar ahí! ¿Me entendiste?
—¡Suéltame, James, tengo que buscarlo! —Martín forcejeaba, la lluvia pegándole el pelo a la cara, los ojos desencajados.
—¡Martín, espera! —gritó Evelyn detrás de él.
—No sabemos quién hizo esto. No sabemos dónde está Angel —James lo soltó pero se plantó frente a él, bloqueándole el paso. La voz bajó un tono, y eso fue peor que el grito—. Así que prepárense mentalmente por si lo encontramos muerto en el interior de la casa.
La frase cayó sobre todos como un balde de agua helada. Nadie habló. La lluvia llenó el silencio con su golpeteo incesante. Los relámpagos seguían estallando en las montañas, iluminando las caras una por una —Ingrid con los ojos húmedos, Astrid con la mano en la boca, Sam inmóvil junto a su coche, Andrómeda con la mandíbula apretada examinando el terreno como si ya estuviera calculando los daños.
—Demasiadas manchas de sangre —dijo Raven en voz baja, los ojos recorriendo el jardín con una frialdad profesional que no lograba ocultar la tensión en su mandíbula.
—Tenemos que entrar. Si los responsables siguen adentro, no podemos darles tiempo —dijo Magnus.
—Revisen sus celulares —Martín sacó el suyo con las manos temblorosas. La pantalla se le empapó al instante—. Vayan al grupo.
Lo hicieron. Uno por uno. Y uno por uno las caras fueron cambiando.
¡YA LLEGUÉ A CASA!
¡EL GUARDIA FUE BRUTALMENTE ASESINADO!
¡¡¡¿POR QUÉ NO RESPONDEN MIS MALDITOS MENSAJES?!!!
¡¡¡¿ESTÁN BIEN?!!!
Los mensajes de hacía hora y media. Sin una sola respuesta. Sin un solo visto.
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Vampire Rebellion
VampirEn el pasado, se cazaban a las Brujas y las quemaban vivas, y se sigue teniendo la sospecha de que merodean por nuestros alrededores, pero... ¿nunca te haz preguntado si hay un Vampiro a tu alrededor? Ven sumérgete en este mundo fantasioso, oscuro...
