Esperó un minuto. Dos. Cinco. La mano de Angel seguía fría entre las suyas — del mismo frío de antes, sin variación, como si el calor que Naomi le daba con los dedos no llegara a ningún lado.
Entonces sonrió. Sola, sin público, sin motivo aparente. El tipo de sonrisa que solo sale cuando necesitas romper algo — un silencio, una tensión, el nudo que llevas en la garganta desde hace horas.
—Muajaja —dijo con voz gruesa, impostada, como la villana de una película que sabe que es ridícula—. Ahora sí estamos solos tú y yo.
La voz se le quebró al final en una carcajada baja que terminó en algo parecido a un suspiro. Se limpió los ojos con el dorso de la mano — no estaba llorando, pero los ojos no habían recibido ese memo.
—Yo te voy a cuidar, niño bonito —añadió en un tono dulce, casi de mimo, pasándole los dedos por el pelo que le caía sobre la frente—. Precioso.
Se quedó mirándolo un momento más. La quietud de Angel no era la de alguien dormido — no había movimiento detrás de los párpados, no había cambios de postura, no había esos pequeños ajustes involuntarios que hace un cuerpo vivo mientras descansa. Estaba inmóvil de una forma que no parecía sueño. Parecía otra cosa.
Y la respiración. Naomi la había notado desde que entró, pero ahora, en el silencio completo del cuarto, la escuchaba con una claridad que la inquietaba. No era constante. No era rítmica. Eran bocanadas espaciadas, irregulares, como si el cuerpo se acordara de respirar de vez en cuando en lugar de hacerlo por instinto.
Eso no es normal. Ni siquiera para alguien gravemente enfermo —pensó Naomi. Archivó el pensamiento. Siguió adelante.
Se levantó de la cama. Se quitó el abrigo y lo colgó en el respaldo de la silla del escritorio. La luz gris de la ventana le recortaba la silueta al girarse, y el cabello oscuro le cayó sobre los hombros cuando se inclinó para abrir la mochila que los mayordomos habían dejado junto a la puerta. Debajo del abrigo llevaba un suéter tejido color crema que le quedaba holgado en los hombros y se ajustaba con naturalidad al cuerpo — el tipo de prenda que parece casual pero que alguien eligió sabiendo cómo le iba a quedar. Se acomodó las mangas hasta los codos y volvió a la cama.
Sacó el iPad, la funda con teclado, los airpods, un cargador con un cable tan largo que habría dado para conectar dos habitaciones — porque Naomi Stone viajaba preparada para quedarse.
—Me dijo James que estás en coma —le dijo a Angel, sentándose en el borde de la cama con las piernas cruzadas, abriendo el iPad sobre su regazo—. Así que te voy a leer un cuento. No me juzgues.
Buscó entre sus archivos. Encontró lo que quería — un relato corto que había guardado semanas atrás y que había marcado sin saber exactamente por qué.
Y le leyó.
La historia de una chica que entrenaba con su espada en un bosque lluvioso, cortando troncos, golpeando blancos, sin importarle el agua ni el frío. Hasta que algo la acechaba desde la espesura — algo más grande, más fuerte, algo contra lo que la espada no alcanzaba. Y cuando la chica sabía que no tenía ventaja y corría entre los árboles con el corazón en la garganta, la lluvia se detenía de golpe y los rayos del sol se colaban entre las copas, y un joven caía del cielo entre ella y la bestia. Un joven pálido, de ojos rojos, que no debería existir. La protegía. La miraba con esos ojos imposibles y le ofrecía la mano para levantarla. Y ella la tomaba. Y volvían al mismo lugar al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente — entrenando juntos, hablando, descubriéndose. Hasta que lo que empezó como curiosidad se volvió algo que ninguno de los dos quiso detener. Ella lo aceptaba tal como era. Él la protegía con todo lo que tenía. Y se enamoraban despacio, con la terquedad de quienes saben que no deberían pero lo hacen igual — con miedo, con certeza, con la convicción de que lo que sentían pesaba más que todo lo que los separaba.
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Vampire Rebellion
VampireEn el pasado, se cazaban a las Brujas y las quemaban vivas, y se sigue teniendo la sospecha de que merodean por nuestros alrededores, pero... ¿nunca te haz preguntado si hay un Vampiro a tu alrededor? Ven sumérgete en este mundo fantasioso, oscuro...
