Del amor al odio hay un paso. Del odio al amor, hay una aventura.
Hermione Granger y Severus Snape se enfrentan a los ocho años más significativos de sus vidas, los que a su vez cambiarán drásticamente el destino del mundo mágico.
Con el...
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ARESTO MOMENTUM
— CAPÍTULO LXXX —
❝ D e s m a i u s❞
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La conversación que habían tenido con Sirius había mantenido a Hermione en una alerta que prácticamente no dejaba de torturarla. Se le había pasado un poco el horror de ver a Harry convertido en el campeón del colegio, obligado a participar en el Torneo, y su lugar empezaba a ocuparlo el miedo a las pruebas a las que tendría que enfrentarse, el escenario frente al que verdaderamente peligraba. La primera de ellas estaba cada vez más cerca y se la imaginaba agazapada ante ellos como un monstruo horrible que les cerraba el paso.
Mientras tanto, la vida en el castillo se había hecho aún menos llevadera para Harry, porque Rita Skeeter había publicado su artículo sobre el Torneo de los Tres magos, que resultó ser una biografía de Harry bastante alterada. La mayor parte de la primera página la ocupaba una fotografía del muchacho, y el artículo, que continuaba en las siguientes páginas, no trataba más que de él. Los nombres mal escritos de los campeones de Durmstrang y Beauxbatons no aparecían hasta la última línea del artículo, y a Cedric no se lo mencionaba en ningún lugar.
La mañana en la que apareció el artículo, Hermione sintió ardores de estómago provocados por la vergüenza. Rita Skeeter no se había conformado en transformar las palabras de Harry en frases prolijas y empalagosas: también había entrevistado a otras personas sobre él, y ella había adquirido un protagonismo que jamás habría deseado.
—«Finalmente, Harry ha hallado el amor en Hogwarts: Colin Creevey, su íntimo amigo, asegura que raramente se lo ve sin la compañía de una tal Hermione Granger, una muchacha de sorprendente belleza, hija de muggles y que, como Harry, está entre los mejores estudiantes del colegio.» —fue capaz de leer en voz alta antes de arrojar el periódico sobre la larga mesa de Gryffindor—. ¡Esto es increíble! ¿Cómo es posible que esta harpía se haga llamar reportera?
—Tranquilízate, Hermione —le susurró Susan, acercándole su copa de zumo de calabaza—. No es más que un estúpido artículo. Pasados unos días, nadie se acordará de él.
—¡Y ese cotilla de Colin! —prosiguió la muchacha, haciendo oídos sordos—. ¡Como le encuentre, se va a enterar!
Harry, que pocas veces había visto a su amiga en aquel estado de ira, sonrió con ternura. Que le diera tanta importancia a un hecho tan trascendental como aquel resultaba tremendamente divertido.
—¿Qué más da? —inquirió él—. Déjales encontrar un titular jugoso con el que atraer la atención. Como bien te ha dicho Susan, la gente se olvidará de ello.
Hermione levantó la vista del artículo con el ceño fruncido, topándose con el rostro afable de Harry, y su gesto se relajó casi al instante: sabía que sus dos amigos tenían razón y que aquel asunto era una tontería, pero había algo capaz de inquietarla.