Del amor al odio hay un paso. Del odio al amor, hay una aventura.
Hermione Granger y Severus Snape se enfrentan a los ocho años más significativos de sus vidas, los que a su vez cambiarán drásticamente el destino del mundo mágico.
Con el...
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ARESTO MOMENTUM
— CAPÍTULO XLV —
❝ A p a r e c i u m ❞
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Después de una tortuosa semana plagada de preguntas, miedos y temores tras la reciente petrificación de Malcolm y Nick Casi Decapitado, sobre el colegio cayó un silencio tan vasto como la nieve en los campos que, más que lúgubre, a Hermione le pareció tranquilizador. Se alegró de que ella, Harry y los Weasley pudieran gobernar la torre de Gryffindor, y aceptó gustosa la sugerencia de compartir habitación con Ginny durante aquellos días, haciéndose mutua compañía en las noches gélidas de invierno.
Una vez más, pasar las vacaciones de Navidad en el castillo junto a sus amigos suponía un hecho emocionante para ella: disponer de la biblioteca para Susan y ella a solas, pasearse por la tranquilidad de los corredores, disfrutar de la nieve caída sobre los jardines... todas y cada una de aquellas cosas que se moría por hacer suponían una tortuosa exaltación en su pecho. Sin embargo, la que reinaba sobre todas aquellas emociones, como bien sabía, eran sus clases particulares con su distinguido profesor: Snape y ella habían acordado iniciarlas a finales de aquella misma semana, después de las celebraciones... y se sentía sumamente emocionada por ello.
El día de Navidad amaneció frío y blanco, y Hermione despertó temprano con una sonrisa esbozada entre sus mejillas rosadas: aprovechando la soledad que le ofrecía el ser la primera en levantarse, abandonó la sala común y discretamente se dirigió hasta el aseo de las chicas del segundo piso. La poción, escondida en uno de los retretes más recónditos, crepitó cuando ella echó en la mezcla los últimos crisopos, y la ligera humareda negra que nació de ésta al cabo de unos minutos le indicó que, al fin, la poción multijugos se encontraba lista.
Sin embargo, nadie podía dejar de asistir a la comida de Navidad en Hogwarts, así que la muchacha tuvo que controlar su deseo de experimentar por primera vez los efectos de tan complicada poción... aunque no sus ganas de hablar acerca de ello.
Harry, Ron y Susan apenas habían terminado su tercer trozo de tarta de Navidad cuando Hermione les hizo salir del salón con ella para ultimar los planes para la noche... una conducta que no pareció importunar a nadie, a excepción de dos pares de ojos: por un lado los de Snape, que como habitualmente seguían la figura de la muchacha con impoluta discreción, y por otro, los de Luna, que a sorpresa de todos, también se había quedado en el castillo... aunque apenas hablaba con alguien.
—Aún nos falta conseguir algo de las personas en que os vais a convertir —comentó Hermione con total naturalidad una vez se encontraron en el vestíbulo, observando a Harry y Ron—. Desde luego, lo mejor será que podáis conseguir algo de Crabbe y de Goyle. Como son los mejores amigos de Malfoy, él les contaría cualquier cosa... y también tenemos que asegurarnos de que los verdaderos Crabbe y Goyle no aparecen mientras lo interrogamos.