Del amor al odio hay un paso. Del odio al amor, hay una aventura.
Hermione Granger y Severus Snape se enfrentan a los ocho años más significativos de sus vidas, los que a su vez cambiarán drásticamente el destino del mundo mágico.
Con el...
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ARESTO MOMENTUM
— CAPÍTULO XLVIII —
❝ A r a n i a e x u m a i ❞
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Ron no se equivocaba en absoluto al creer que las cosas empeorarían en el castillo después de sufrir un cuarto ataque: los jefes de las casas no tardaron en poner al corriente de las reglas de rigor al alumnado como prevención, medidas que, aún estando pensadas para garantizar su seguridad, sembraron el pánico más absoluto.
Tanto en la sala común de Gryffindor como en la de Hufflepuff se idearon cientos de conjeturas acerca de quién podría ser el responsable de lo ocurrido, y la que se tornó más popular fue la que alegaba que había sido autoría de algún Slytherin, en vista que era la única casa que no había salido damnificada. Basándose en la charla que habían mantenido con Malfoy, Harry descartó rápidamente la posibilidad, al igual que Susan, quien temía que algo mucho más peligroso se escondiera tras los hechos; Ron y Cedric, por el contrario, estaban convencidos que el culpable no podía ser otro que alguna de las serpientes.
La noche posterior al aviso, una vez los cuatro pudieron comprobar por primera mano que los docentes iban a cumplir estrictamente con los preceptos establecidos, decidieron que era el momento idóneo para actuar en busca de una respuesta.
Una vez el vestíbulo de la sala común de Gryffindor hubo quedado desierto, Harry y Ron tomaron la capa de invisibilidad y salieron a hurtadillas al exterior, cubriéndose con ella. Su recorrido por los corredores oscuros, al contrario que en ocasiones precedentes, no resultó sencillo: profesores, prefectos y fantasmas circulaban por ellos en parejas, buscando cualquier detalle incriminatorio.
Intentando hacer imperceptible el ruido que emanaban sus pasos sobre la fría piedra que conformaba la superficie, los dos muchachos esquivaron con un éxito rotundo al profesor Kettleburn, quien vigilaba la Gran Escalinata junto al Barón Sanguinario, y descendieron con la mayor cautela posible hasta alcanzar las cocinas, intentando no despertar a los elfos domésticos que dormitaban apelotonados en un rincón de la estancia.
Posicionándose frente a la estantería indicada, Harry, sacando su brazo derecho del incógnito de la capa, dio dos suaves golpes sobre una de las tazas de porcelana con el dedo índice, haciéndola resonar.
Permaneciendo estáticos frente a la estantería, ambos fueron testigos de cómo, tras un sutil bisbiseo provinente del otro lado, ésta se abría ante sus ojos, y tras ella se encontraron con los rostros afables de Susan y Cedric.
Dejando al descubierto sus cabezas por encima de la capa, ambos les sonrieron, en un intento por contagiarles su misma confianza.
—No conocía este escondite vuestro hasta ahora —les susurró Ron mientras les invitaba a cubrirse con la capa.