Del amor al odio hay un paso. Del odio al amor, hay una aventura.
Hermione Granger y Severus Snape se enfrentan a los ocho años más significativos de sus vidas, los que a su vez cambiarán drásticamente el destino del mundo mágico.
Con el...
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ARESTO MOMENTUM
— CAPÍTULO II —
❝ A v i a t u s ❞
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En la espesura de aquella entrada noche, el Expreso de Hogwarts aminoró la marcha hasta que finalmente se detuvo, y los alumnos, cargados con sus pertenencias, empujaron para salir al pequeño y oscuro andén. Hermione, acompañada de Susan, se estremeció bajo el frío aire de la noche, y examinó con curiosidad el lugar hasta que apareció una lámpara moviéndose sobre las cabezas de la muchedumbre.
—¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí! —exclamaba un hombre gigantesco, del que el rostro estaba prácticamente oculto por una larga maraña de pelo y una barba desaliñada, pero podían verse sus ojos, que brillaban como escarabajos negros bajo aquella pelambrera—. No seáis tímidos. ¡Vamos!
Frente a ella reconoció las figuras de Harry y Ron, que parecían absortos por aquel gigante.
—¡Hagrid! —lo saludó el de cabellos azabaches, llamando la curiosidad de sus compañeros.
—Hola, Harry —le devolvió amistosamente el saludo para volver a dirigirse al alumnado—. Venid, seguidme... ¿Hay más de primer año? Mirad bien dónde pisáis.
Resbalando y a tientas, los recién llegados siguieron a Hagrid por lo que parecía un estrecho sendero. Estaba tan oscuro que Hermione pensó que debía de haber árboles muy tupidos a ambos lados, cosa que le producía aún más curiosidad.
—En un segundo, tendréis la primera visión de Hogwarts —exclamó Hagrid por encima del hombro, a medida que avanzaban—, justo al doblar esta curva.
El sendero estrecho se fue abriendo súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, había un impresionante castillo con muchas torres y torrecillas. Instintivamente, Hermione y Susan se encontraron con la mirada y se sonrieron mutuamente, comprendiendo que ambas compartían que aquella era una de las mejores visiones que en sus cortas vidas habían presenciado.
En la orilla que quedaba de su lado había una flota de botecitos alineados en el agua, y Hagrid les indicó que subieran en grupos de cuatro. Harry, Ron, Susan y Hermione se acomodaron en uno de los botes.
—¿Todos habéis subido? —se aseguró el guardabosques, que tenía un bote para él solo, y asintió con la cabeza para sí mismo una vez hubo comprobado que todos los alumnos estaban acomodados en sus respectivos botes—. ¡Venga! ¡Adelante!
La pequeña flota de botes se movió al mismo tiempo, deslizándose por el lago, que era tan liso como el cristal. Todos estaban en silencio, contemplando el gran castillo que se elevaba sobre sus cabezas mientras se acercaban cada vez más al risco donde se erigía: Hogwarts parecía un sueño hecho realidad.