Del amor al odio hay un paso. Del odio al amor, hay una aventura.
Hermione Granger y Severus Snape se enfrentan a los ocho años más significativos de sus vidas, los que a su vez cambiarán drásticamente el destino del mundo mágico.
Con el...
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ARESTO MOMENTUM
— CAPÍTULO LVII —
❝ F u l g u r o ❞
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En muy poco tiempo, la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras se convirtió en la favorita de la mayoría. Hermione encontró que sus siguientes lecciones fueron tan interesantes como la primera: después de los boggarts estudiaron a los gorros rojos, unas criaturas pequeñas y desagradables parecidas a los duendes que se escondían en cualquier sitio en el que hubiera habido derramamiento de sangre; de los gorros rojos pasaron a las kappas, unos repugnantes moradores del agua que parecían monos con escamas y con dedos palmeados y que disfrutaban estrangulando a los que cruzaban sus estanques.
A pesar del esfuerzo que suponía asistir al doble de asignaturas que el resto, la Gryffindor estaba encantada con Estudios Muggles y Artimancia. Sin bien la profesora Burbage, que solía ser risueña y afable y apenas les hacía entregar ensayos, no tenía nada que ver con la profesora Vector, que era más bien estricta y exigía de los alumnos que dieran lo mejor de ellos mismos en su asignatura, Hermione las admiraba por igual, descubriendo en ellas a dos grandes mujeres con muchísima dedicación.
Si existía alguna asignatura que lograra encandilarla por completo, era Alquimia. El profesor Fernsby irradiaba una desbocada estima hacia su propia materia, y era algo que lograba transmitir a los pocos alumnos que aquel año habían elegido la optativa.
—¿Qué es la Alquimia? ¿Una ciencia? ¿Una filosofía? ¿Un arte? ¿Una estafa? —les había preguntado el primer día con los ojos brillantes—. Eso es lo que trataremos de averiguar durante este curso. Pero recordad que la conclusión no es irrebatible: cada uno de vosotros hallará la suya propia, que será tan cierta como las demás.
Al contrario que la clase impartida por el profesor Fernsby, Hermione aborrecía de sobremanera las horas que pasaba en la agobiante sala de la torre norte de la profesora Trelawney, descifrando símbolos y formas confusas, tanto como la profesora parecía aborrecerla a ella. Era incapaz de comprender cómo algunos de sus compañeros la trataban con un respeto que rayaba en la reverencia: Lavender y Parvati habían adoptado la costumbre de rondar el aula a la hora de la comida y siempre regresaban con un aire de superioridad que resultaba molesto, como si supieran cosas que los demás ignoraban.
Por otro lado, Cuidado de Criaturas Mágicas se había convertido en algo extremadamente aburrido después del incidente de la primera clase. Hagrid había perdido la confianza y ahora pasaban lección tras lección aprendiendo a cuidar a los gusarajos, que probablemente fueran una de las criaturas más soporíferas del universo.
Sin embargo, a pesar de la variedad de asignaturas que cursaba aquel año y al contrario que sus compañeros, Pociones seguía formando parte de sus favoritas, aunque sus comienzos habían sido difíciles. Snape había pasado algunas clases especialmente propenso a la venganza y todos sabían por qué: la historia del boggart que había adoptado su forma y el modo en que lo había dejado Neville, con el atuendo de su abuela, se había extendido por todo el colegio. A la primera mención del profesor Lupin, en los ojos de Snape aparecía una expresión amenazadora, y Hermione sintió que aquel incidente hubiera acrecentado la tensión entre ambos profesores.