Del amor al odio hay un paso. Del odio al amor, hay una aventura.
Hermione Granger y Severus Snape se enfrentan a los ocho años más significativos de sus vidas, los que a su vez cambiarán drásticamente el destino del mundo mágico.
Con el...
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ARESTO MOMENTUM
— CAPÍTULO LIII —
❝ I m p e r v i u s ❞
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Las vacaciones de verano habían resultado mucho más excepcionales de lo que Hermione Granger se hubiera podido llegar a imaginar. Sus padres habían decidido llevarla a Francia aquel mes de Julio, antes de afrontar las tediosas visitas a la consulta: la castaña conoció infinidad de monumentos a los que solo había visto por documentación, como la Torre Eiffel, el Museo del Louvre, la Catedral de Notre Dame o el Palacio de Versalles, y quedó encandilada por la belleza del país y la singularidad del idioma, el que pese no llegar a hablarlo pero sí comprenderlo, le resultaba muy grato de escuchar.
Sin embargo, el recuerdo que había calado más hondo de su estancia en el territorio francés fue el regalo que sus padres le habían hecho cuando quedó deslumbrada ante el escaparate de la tienda de instrumentos musicales, sin llegar a imaginarse que acabaría poseyendo la guitarra acústica de la que sus ojos habían quedado prendados. Todo intento por hacer hablar el instrumento mediante hermosas melodías quedó eclipsado al llegar el mes de Agosto, cuando sus padres accedieron a que la muchacha asistiera a clases de música donde desarrollar su talento, el que compaginó con su repaso de todo lo aprendido el año precedente en la escuela de magia y hechicería.
La correspondencia con sus amigos circuló sin descanso durante aquellos entretenidos meses en los que la muchacha no paró de recibir noticias: Harry la hacía partícipe de los métodos que usaba para poder hacer los deberes de verano sin que los Dursley, quienes le prohibían cualquier contacto con la magia, lo descubrieran; Cedric le explicaba su estadía en el mundo muggle junto a la familia de Helen, así como el día de su cumpleaños, en que ella le había regalado un jobberknoll azulado al que habían apodado Asgar y al que Hermione se moría de ganas de conocer; Ron le contaba todos los detalles sobre su viaje a Egipto, ilustrando la aventura con el recorte del periódico El Profeta en el que se mostraba una fotografía de la familia entera, de la que Hermione supo reconocer los rostros de Percy, Fred, George, Ginny y los padres de Ron junto al mismo, que sujetaba a Scabbers entre sus manos; finalmente, Susan había sido la persona con la que más había mantenido el contacto durante aquellos meses, y justamente con la que prometió acudir al Callejón Diagon antes de iniciar el tercer curso en Hogwarts... un curso que esperaba con ansias.
Hermione había cambiado en muchos aspectos durante aquellas vacaciones: su estatura había aumentado notablemente, su cuerpo había continuado con su desarrollo, regalándole un par más de tallas de pecho y cadera, y sus facciones se habían vuelto más marcadas, dejando entrever en su rostro ovalado las pinceladas de la mujer en la que poco a poco iría convirtiéndose. Los rasgos que caracterizaban su personalidad, sin embargo, apenas habían cambiado: seguía siendo una muchacha fuerte que se moría de ganas por descubrir el mundo, y poseía la fortaleza suficiente como para llegar a ser todo aquello que quisiera. Le gustaba disfrutar de los detalles y vivir cada ocasión, pero por encima de todo, le encantaba sentir aquella calidez en su pecho, la que parecía mantenerse intacta desde la primera vez que la había sentido... la que la invadía cada vez que recordaba aquellos ojos negros perforando los propios como brasas calientes.