Del amor al odio hay un paso. Del odio al amor, hay una aventura.
Hermione Granger y Severus Snape se enfrentan a los ocho años más significativos de sus vidas, los que a su vez cambiarán drásticamente el destino del mundo mágico.
Con el...
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ARESTO MOMENTUM
— CAPÍTULO XXVI —
❝ E x p u l s o ❞
⚡
Un poderoso haz de luz que se colaba por las rendijas de aquella vieja puerta les guió hacia la siguiente prueba.
Abriendo fácilmente el cerrojo de ésta, los muchachos se adentraron entonces en la gran sala que restaba iluminada por cuatro sencillas antorchas, colocadas a cada extremo del lugar.
—¿Dónde estamos? —se preguntó Harry en voz alta, haciendo resonar sus palabras entre las voluptuosas paredes que conformaban la habitación.
A medida que avanzaron en el lugar, se les reveló ante los ojos un escenario asombroso: su curioso andar les había conducido hasta el centro de lo que parecía ser un gran tablero de ajedrez, encontrándose situados sobre las inmensas casillas de piedra que lo conformaban. A ambos lados de su actual paradero, descubrieron la presencia de aquellas enormes piezas, casi del doble de su propia altura, ordenadas cada una en su correspondiente escaque; las de la izquierda se encontraban completamente bañadas en negro, y las de la derecha, relucían en un intenso blanco.
—Creo que está claro, Harry —respondió Ron con los ojos iluminados, contemplando con admiración aquel prometedor escenario—. Tenemos que jugar para poder pasar a la siguiente prueba.
Sus amigos se observaron entre sí con confusión.
—¿Cómo lo haremos? —Cedric manifestó su preocupación.
—Creo que vamos a tener que tomar el lugar de las piezas —contestó el pelirrojo con convencimiento, clavando ahora sus ojos celestes sobre aquellas elegantes figuras que representaban la agrupación azabache, con la que deberían jugar—. Harry, tú ocuparás el lugar de ese alfil.
El de cabellos azabaches, asintiendo con fervor, se acercó hasta la posición de la pieza que él representaría: con agilidad, se subió sobre la misma plataforma en la que aquella figura esculpida en la roca se mantenía, tomando así su lugar.
—Cedric, tú tomarás el puesto de aquel peón —prosiguió el pelirrojo con sus indicaciones—. Hermione, tú te colocarás en el lugar de esa torre.
Los dos castaños procedieron a hacerse con sus respectivos lugares: la Gryffindor logró quedar sentada sobre la superficie que conformaba lo más alto de la torre, y el Hufflepuff se bastó con subirse a la espalda del peón.
Una vez se hubieron colocado, Ron compartió una mirada atestada de afecto por la pelirroja que aún restaba ante sí, a la espera de sus indicaciones.
—En cuánto a ti, Susan... —manifestó el chico con toda su valía—. Tú serás la Dama.
Ella asintió con timidez, notando como sus mejillas se sonrojaban.