Del amor al odio hay un paso. Del odio al amor, hay una aventura.
Hermione Granger y Severus Snape se enfrentan a los ocho años más significativos de sus vidas, los que a su vez cambiarán drásticamente el destino del mundo mágico.
Con el...
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ARESTO MOMENTUM
— CAPÍTULO L —
❝ O p p u g n o ❞
⚡
La tubería parecía un tobogán interminable, viscoso y oscuro. Harry podía ver otras tuberías que surgían como ramas en todas las direcciones, pero ninguna era tan larga como aquella por la que iban, que se curvaba y retorcía, descendiendo súbitamente. Detrás de él podía oír a sus amigos, que hacían un ruido sordo al doblar las curvas, y calculaba que ya debían encontrarse incluso por debajo de las mazmorras del castillo.
Cuando se empezaba a preguntar qué sucedería cuando llegara al final, la tubería tomó una dirección horizontal y él cayó del extremo del tubo al húmedo suelo de un oscuro túnel de piedra, lo bastante alto para poder estar de pie: frente a sí, Lockhart se estaba incorporando, cubierto de barro y blanco como un fantasma. Harry se hizo a un lado y Cedric no tardó en salir también del tubo como una bala, seguido por Susan y Ron.
—Debemos encontrarnos a kilómetros de distancia del colegio —comentó el castaño, haciendo resonar su voz en el negro túnel y ayudando a la pelirroja a incorporarse.
—Y debajo del lago, quizá —añadió Ron, afinando la vista para vislumbrar los muros negruzcos y llenos de barro mientras se sacudía la túnica.
Los cuatro, junto al profesor, intentaron ver en la oscuridad lo que había delante. Con un simple blandir de varita y un susurro, Harry prendió aquella poderosa luz, iluminando el oscuro túnel en el que se encontraban.
—Vamos —exclamó él, adelantándose al resto junto a Cedric y encabezando la marcha.
Lockhart, con semblante asustado, contempló a Susan, que se encontraba tras de sí, clavando en ella sus ojos azules y suplicándole clemencia a través de éstos.
La muchacha, lejos de verse ablandada por aquella mirada de inocencia, frunció el ceño con total inquina, alzando su varita en dirección al hombre.
—Andando —conminó con voz firme, logrando que el profesor, resignándose a través de un suspiro, emprendiera la marcha tras Harry y Cedric.
El túnel estaba tan oscuro que sólo podían ver a corta distancia. Sus sombras, proyectadas en las húmedas paredes por la luz de la varita, parecían figuras monstruosas.
—Recordad —dijo el de cabellos azabaches en voz baja, mientras caminaban con cautela—: al menor signo de movimiento, hay que cerrar los ojos inmediatamente.
Pero el túnel estaba tranquilo como una tumba, y el primer sonido inesperado que oyeron fue cuando Cedric pisó el cráneo de una rata. Harry bajó la varita para alumbrar el suelo y vio que estaba repleto de huesos de pequeños animales; haciendo un esfuerzo para no imaginarse el aspecto que podría presentar Luna si la encontraban, siguió marcándoles el camino. Al doblar una oscura curva, los ojos de Cedric parecieron iluminarse.