Capítulo XXIX - Colovaria

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ARESTO MOMENTUM

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— CAPÍTULO XXIX —

C o l o v a r i a ❞

Hermione tosió con fuerza un par de veces, notando como el chocolate que había ingerido se le atoraba en la garganta después de oír aquel nombre que los labios de Harry habían pronunciado.

Cedric fue el único que pudo salir de su estupefacción para darle un par de suaves golpes en la espalda, a modo de ayudarla a recuperarse mientras el resto seguía sumido en aquel pesado silencio, atónitos por lo que acababan de escuchar.

—Todo... todo este tiempo... —balbuceó Ron, sentado al pie de la cama en la que Harry aún se recuperaba—. Hemos estado siguiéndole la pista a Snape... cuando resulta... ¿resulta que era Quirrell quien perseguía la Piedra?

El de cabellos negros asintió con fervor, observando fijamente a sus compañeros, que seguían teniendo dibujada en sus rostros inocentes aquella mueca de desconcierto.

Susan, justo sentada a un lado del pelirrojo, se levantó de la cama con agilidad y se permitió andar unos pasos por la enfermería, intentando poner en orden sus ideas.

—Entonces, —exclamó ella— ¿lo único que Snape trataba de hacer con sus amenazas fue alejarlo de la Piedra, sabiendo de sus intenciones?

—Nada más lejos de la realidad, Susan —asintió entonces Harry—. Es más: Quirrell me dijo que Snape era precisamente quien nos protegía.

—Pero, Harry —se añadió entonces Cedric—, ¡él intentó matarte en el primer partido de Quidditch!

Hermione, que se mantenía atenta a la conversación, cerró los ojos: ahora comprendía la aclaración que le había hecho Snape hacía tres noches.

—No, no fue Snape. Él... él estaba contrarrestando el hechizo de Quirrell —manifestó entonces, recayendo la atención de sus compañeros sobre sí—. Mi idea de prenderle fuego a su capa fue tan estúpida...

—Fue precisamente tu idea la que nos salvó, Hermione —esclareció Harry—. Cuando Snape se levantó para apagar las llamas, empujó accidentalmente a Quirrell, que se encontraba justamente tras de sí, haciendo que éste perdiera el contacto visual con mi escoba... según él mismo me dijo, estuvo a punto de conseguirlo si no hubiera sido por Snape y este pequeño incidente.

La Gryffindor intentó respirar algo más aliviada: al menos, su ocurrencia no había resultado tan tremendamente catastrófica como se pensaba.

—Por eso Snape se ofreció como árbitro en el siguiente partido... —anunció entonces Ron, atando cabos sueltos—. Quería asegurarse de que podría ayudarte si Quirrell lo volvía a intentar.

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