Del amor al odio hay un paso. Del odio al amor, hay una aventura.
Hermione Granger y Severus Snape se enfrentan a los ocho años más significativos de sus vidas, los que a su vez cambiarán drásticamente el destino del mundo mágico.
Con el...
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ARESTO MOMENTUM
— CAPÍTULO XXXV —
❝ S l u g u l u s e r u c t o ❞
⚡
La conversación que habían mantenido con Harry acerca de las voces la preocupaba. Por más que intentara justificarlo, no encontraba explicación posible para ello... y fue precisamente aquella frustración interna que sentía la que la mantuvo despierta hasta altas horas de la madrugada, dejándola libre de sus garras justo cuando el sol parecía asomarse por las colinas, momento en el que el cansancio pudo más que la razón, cayendo ella rendida sobre la almohada.
Aunque, muy a su pesar, su descanso duró menos de lo que se esperaba, pues unas voces en la habitación lograron despertarla de su efímera cabezada.
—¿Qué pasa...? —distinguió la voz de Katie desde su catre.
—¡Entrenamiento de Quidditch! —exclamó una voz masculina—. ¡Vamos!
—Pero, Oliver —suspiró la muchacha—, si todavía está amaneciendo...
Hermione, frotándose los ojos en un intento por despertarlos, observó el paisaje a través de uno de los ventanales: una neblina flotaba en el cielo de color rojizo y dorado.
—Exacto. Ningún equipo ha empezado a entrenar todavía. Este año vamos a ser los primeros —prosiguió Oliver, mientras Katie se alzaba de su catre y se peinaba los cabellos con los dedos, ordenándolos en una coleta sencilla—. Venga, coge tu escoba y andando. Nos veremos en el campo dentro de quince minutos.
La de cabellos azabaches soltó un leve gruñido que hizo reír a su compañero, justo cuando éste abandonaba la habitación.
Mientras Katie se equipaba con su atuendo de cazadora, Hermione quedó sentada sobre su cama y estiró los brazos, intentando liberarse del cansancio.
—Es muy temprano, Hermione —manifestó su compañera al encontrarla despierta—. Será mejor que vuelvas a acostarte... tú que puedes.
Ella, peinándose sus indomables rizos con los dedos, le sonrió con afabilidad.
—No creo que sea capaz de volver a conciliar el sueño —declaró—. ¿Cómo es que entrenáis tan temprano?
—Forma parte de nuestro nuevo programa de entrenamiento —se lamentó Katie, pasando ambas manos por los brazos de su túnica encarnada—. Oliver me encanta... pero, con respecto al Quidditch, es un desequilibrado.
Ambas muchachas soltaron una carcajada humilde al aire, lo suficientemente discreta como para no despertar a Romilda, que dormía profundamente en el catre restante de la habitación.
—¿Puedo acompañaros? —cuestionó Hermione, alzándose entonces de su lecho.
—¡Claro! —respondió su compañera—. Pero hazme caso: será mejor que te abrigues.