Del amor al odio hay un paso. Del odio al amor, hay una aventura.
Hermione Granger y Severus Snape se enfrentan a los ocho años más significativos de sus vidas, los que a su vez cambiarán drásticamente el destino del mundo mágico.
Con el...
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ARESTO MOMENTUM
— CAPÍTULO LXXXII —
❝ C o n j u n t i v i t i s❞
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A la mañana siguiente, en el colegio se respiraba una tensión y una emoción que abarrotaban por completo el ambiente. Las clases se interrumpirían al mediodía para que todos los alumnos tuvieran tiempo para comer y bajar al cercado de los dragones, aunque la mayoría aún no sabía lo que iban a encontrar allí.
Harry se sentía extrañamente distante de todos cuantos lo rodeaban, ya le desearan suerte o se jactaran de él entre dientes al pasar por su lado. Se encontraba en tal estado de nerviosismo que le daba miedo perder la cabeza cuando lo pusieran frente al dragón, olvidándose por completo de toda la estrategia que habían estado ideando.
Durante la larga jornada que supusieron las clases que tuvieron por la mañana, Hermione se preguntó qué sentido tenía posponer aquella agonía hasta la tarde. Nadie era capaz de concentrarse, ni tan siquiera ella: durante las lecciones de Encantamientos y Herbología, las imágenes de los gigantescos dragones que había visto en el Bosque Prohibido eran todo cuanto podía ocupar su mente, y a medida que transcurría la clase de Historia de la Magia, la última que darían durante la mañana, su lugar empezaba a ocuparlo un miedo anticipatorio que clavaba sobre sí sus fauces afiladas.
Tanto Harry como ella se obligaron a comer durante el banquete del mediodía a pesar de la falta de apetito, intentando distraerse con las anécdotas que Seamus contaba sobre el Equipo Nacional Irlandés de Quidditch y aguantando las ganas que tenían de darse ánimos antes de enfrentarse a la primera prueba. Ambos contaban que tras la comida podrían repasar la estrategia y quedarse más tranquilos, pero mientras se encontraban tomando los postres los interrumpió la profesora McGonagall.
—Los campeones tenéis que bajar ya a los terrenos del colegio —les anunció con su posado serio habitual—. Tienes que prepararte para la primera prueba, Potter. Acompáñame.
Harry tuvo que hacer un gran esfuerzo para terminar el último trozo de manzana al horno que devoraba frente a las miradas de los presentes en la mesa de Gryffindor, y se levantó de la banqueta de madera notando como las piernas le temblaban frente a la expectativa. Todo resultaba tan repentino que los miedos a los que tanto había hecho frente parecían resurgir al verse tan sumamente vulnerable.
La profesora McGonagall, que parecía casi tan nerviosa como él, empezó la marcha hacia el vestíbulo tras hacerle una sencilla indicación con la cabeza, y Harry, antes de seguirla, intercambió una fugaz mirada con Hermione, en la que ambos se gritaron auxilio. Creían que se habrían preparado lo suficiente para la llegada de aquel momento, y lo cierto era que no lo estaban en absoluto.
—No te dejes dominar por el pánico —le aconsejó ella, sintiéndose intimidada por las miradas del resto de compañeros y resguardándose para sus adentros todo aquello cuanto quería decirle—. Conserva la cabeza serena.