Del amor al odio hay un paso. Del odio al amor, hay una aventura.
Hermione Granger y Severus Snape se enfrentan a los ocho años más significativos de sus vidas, los que a su vez cambiarán drásticamente el destino del mundo mágico.
Con el...
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ARESTO MOMENTUM
— CAPÍTULO LXIII —
❝ D i s p e r g o ❞
⚡
Todos se precipitaron hacia la puerta como si les fuera la vida en ello, sin ningún tipo de orden ni cortesía, y se lanzaron por la escalera de caracol. Las puertas se abrían tras ellos y los interpelaban voces somnolientas, preguntándoles a qué se debía tanto jaleo. Algunos alumnos habían bajado poniéndose la bata y bostezando, acudiendo al vestíbulo que había quedado atiborrado de los restos de la fiesta.
—¡Estupendo! —exclamó Fred—. ¿Continuamos?
—¡Todo el mundo a la cama! —ordenó Percy, apartando a los alumnos y colocándose, mientras hablaba y daba órdenes, su insignia de Premio Anual en el pijama—. ¿Se puede saber a qué viene este desorden?
—¡Sirius Black! —gritó Ron con la voz entrecortada, notablemente afectado—. ¡Estaba en nuestro dormitorio!
Todos los presentes contuvieron la respiración.
—¡Absurdo! —suspiró Percy—. Has comido demasiado, Ron. Eso ha sido una pesadilla.
—Te digo que...
—¡Venga, ya basta!
La profesora McGonagall había irrumpido en el lugar con su bata de tejido escocés y su redecilla en el pelo, mirando furiosa a su alrededor.
—¡Me encanta que Gryffindor haya ganado el partido, pero esto es ridículo! ¡Percy, no me esperaba esto de ti!
—¡Le aseguro que no he dado permiso, profesora! —comentó el Premio Anual, indignado—. ¡Precisamente les estaba diciendo a todos que regresaran a la cama! ¡Mi hermano Ron ha tenido una pesadilla y...!
—¡No ha sido ninguna pesadilla! —lo interrumpió el pelirrojo—. ¡Profesora, me he despertado y he visto a Sirius Black frente a mí, con un cuchillo en la mano!
—No digas tonterías, Weasley —murmuró McGonagall, haciendo rodar los ojos—. ¿Cómo iba a pasar por el retrato?
—¡Pregúnteselo usted misma! —sugirió Ron, señalando con el dedo la parte trasera del cuadro que protegía la entrada.
Mirando a Ron con recelo, la profesora McGonagall abrió el retrato y salió, para inmediatamente volver a entrar en la sala común. Hermione, al igual que sus compañeros, comprendió que el caballero debía haberse movido nuevamente, y entre todos registraron con la mirada los cuadros que reinaban en las paredes del vestíbulo, encontrándolo dibujado en el lienzo de Valeria Myriadd, junto a quien tomaba el té, completamente ajeno a la preocupación general.
—¡Sir Cadogan! —lo llamó la profesora, acercándose hasta el cuadro.
—¿En qué puedo servirla, gentil señora? —sonrió él, alzándose con rapidez de su asiento y sacudiendo la mesita sobre la que dejaban sus tazas.