Del amor al odio hay un paso. Del odio al amor, hay una aventura.
Hermione Granger y Severus Snape se enfrentan a los ocho años más significativos de sus vidas, los que a su vez cambiarán drásticamente el destino del mundo mágico.
Con el...
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ARESTO MOMENTUM
— CAPÍTULO XLVI —
❝ C o l l o s h o o ❞
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Hermione pasó varias semanas en la enfermería. Si bien su recuperación física externa había sido rápida, la interna resultó mucho más longeva y dolorosa. Corrieron rumores sobre su desaparición cuando el resto del colegio regresó a Hogwarts al final de las vacaciones de Navidad, dado que todos creyeron que la habían atacado. Eran tantos los alumnos que se daban una vuelta por la enfermería tratando de echarle la vista encima que Madame Pomfrey quitó las cortinas de su propia cama y las puso en la de Hermione para ahorrarle la vergüenza de que la vieran escupiendo bolas de pelo.
Harry, Ron y Susan iban a visitarla todas las noches, y cuando comenzó el nuevo trimestre, le llevaban cada día los deberes; la vuelta a las clases le otorgó también la constante compañía de Cedric y Maxine en la enfermería, quienes, aun habiendo digerido la caída de Helen y Malcolm, todavía se sentían apenados por su estado y pasaban con ellos algunas horas, esperando su pronta recuperación.
Hermione salió de la enfermería a principios de febrero. El sol había vuelto a brillar débilmente sobre Hogwarts, y dentro del castillo, la gente parecía más optimista; no había vuelto a haber ataques después del cometido contra Malcolm y Nick Casi Decapitado, y a Madame Pomfrey le encantó anunciar que las mandrágoras se estaban volviendo taciturnas y reservadas, lo que quería decir que rápidamente dejarían atrás la infancia.
Lockhart estaba convencido de que era él quien había puesto freno a los ataques. Susan y Hermione le oyeron exponerlo así ante la profesora McGonagall mientras los de Gryffindor marchaban en hilera hacia la clase de Astronomía.
—No creo que volvamos a tener problemas, Minerva. Creo que esta vez la cámara ha quedado bien cerrada —aseguró él, guiñándole un ojo y dándose golpecitos en la nariz con el dedo, con aire de experto—. Los culpables se han dado cuenta de que en cualquier momento yo podría pillarlos y han sido lo bastante sensatos para detenerse ahora, antes de que cayera sobre ellos. Lo que ahora necesita el colegio es una inyección de moral, para barrer los recuerdos del trimestre anterior.
La idea que tenía Lockhart de una inyección de moral se hizo patente durante el desayuno del día catorce de febrero; las paredes estaban cubiertas de flores grandes de un rosa chillón, y del techo, de color azul pálido, caían confetis en forma de corazones.
En la mesa de Gryffindor, Harry admiraba con cierto nerviosismo todo cuanto caía a su alrededor, Ron suspiraba con aire asqueado, Susan reía tontamente y Hermione se mantenía muy concentrada, escribiendo sobre lo que parecía ser una tarjeta de San Valentín y ocultándola entre sus brazos, a modo de que nadie pudiera leer su contenido.