Del amor al odio hay un paso. Del odio al amor, hay una aventura.
Hermione Granger y Severus Snape se enfrentan a los ocho años más significativos de sus vidas, los que a su vez cambiarán drásticamente el destino del mundo mágico.
Con el...
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ARESTO MOMENTUM
— CAPÍTULO LXXVI —
❝ I m p e r i o ❞
⚡
Como si su cerebro se hubiera pasado la noche discurriendo, Harry se levantó temprano a la mañana siguiente con un plan perfectamente concebido. Se vistió a la pálida luz del alba, salió del dormitorio intentando no despertar a sus compañeros de habitación y bajó de puntillas la escalera de caracol hasta el vestíbulo de la sala común, en la que esperaba no encontrarse con nadie.
—¡Hermione! —exclamó sorprendido al hallarla adecuada junto al fuego, de piernas cruzadas sobre uno de los butacones que acompañaban la chimenea prendida—. ¿Qué haces despierta tan temprano?
La muchacha levantó la vista de la lectura que sujetaba entre sus manos para dedicarle una sonrisa delicada. Le habría gustado responderle que no había sido capaz de conciliar el sueño recordando la cercanía con Snape, las palabras de él y el irrefrenable deseo de rozar sus labios con los propios, casi saboreando su contacto, o incluso confesarle que llevaba un buen rato intentando leer la novela que le había entregado pero que no había sido capaz, demasiado absorta en el perfumado toque de su profesor impregnado en sus viejas páginas.
—Tenía ganas de leer —alegó ella con una convicción que resultó lo suficientemente creíble—. ¿Y tú? ¿A dónde vas?
Harry se quedó callado durante unos instantes, sabiendo que había quedado expuesto: llevaba consigo un trozo de pergamino que no había pasado desapercibido para los ojos castaños y sabios de ella.
—A mandarle un mensaje a Sirius... —admitió él, agachando la cabeza—. No quiero que se la juegue viniendo a verme.
Hermione torció el gesto, entre apenada y enternecida, y cerró de un suave golpe las páginas de Drácula y el atrayente aroma que emanaba de ellas.
—¿Puedo leerlo?
El muchacho asintió con poco convencimiento y se acercó a ella a pasos cautelosos, entregándole el pergamino en el que podía apreciarse su letra redondeada y atropellada.
«Querido Sirius,
Creo que lo de que me dolía la cicatriz eran imaginaciones mías y nada más. Estaba medio dormido la última vez que te escribí, por lo que no tiene sentido que vengas. Aquí todo va perfectamente, mis amigos cuidan mucho de mí. No te preocupes, mi cabeza está bien.
Un gran abrazo,
Harry»
—¿Realmente crees que esto va a detenerle? —comentó Hermione con el ceño fruncido—. Sirius es más inteligente que eso, Harry. Se dará cuenta de lo que pretendes.