Dragan
Me despedí de Milan en la puerta del negocio y emprendí camino a la casa de Sevag. Metí las manos en los bolsillos intentando hacer frente al frío que estaba haciendo aún y apreté el paso lo más que podía. Al llegar, toqué la puerta y esperé, odiaba tener que esperar a que Sevag se le ocurriera abrirme, ya le había pedido que me diera una copia de la llave, pero el inútil siempre lo olvidaba. Después de un par de minutos, la puerta se abrió, pero, cuando levanté la vista, me encontré con Sevag hecho un mar de lágrimas. En una mano tenía la mochila que había traído y en la otra tenía una bolsa de residuo llena.
—¿Qué haces?
—¡N-no te quiero volver a ver aquí!
—¿Te has vuelto loco?
Me tiró lo que tenía en las manos.
—Pero ¿qué haces? ¿Qué te pasa ahora?
—¡V-ve a preguntarle a tu amiguito Oliver, hijo de puta!
—¡No vuelvas a hablarme así, pedazo de mierda!
—N-no te preocupes, no te volveré a hablar.
Hizo el ademán de cerrar la puerta, pero lo detuve antes de que lo hiciera. Aproveché que tenía más fuerza que él y empujé la puerta hasta lograr abrirla. Sevag frunció el ceño gritándome cosas que apenas entendía por el llanto. Lo tomé de los brazos, lo puse contra la pared junto a la puerta y lo presioné ligeramente.
—¿Qué mierda te pasa? ¿Te has vuelto loco?
—V-vete, hijo de puta —se largó a llorar de nuevo—. N-no quiero verte por acá de nuevo.
—¡Deja de hablarme así!
—¡E-eso es lo que eres: un hijo de puta! —me empujó logrando zafarse de mi agarre—. ¡Vete de una vez o llamaré a la policía!
—Como quieras, idiota.
Solté un suspiro, salí, junté mis cosas y me fui directamente a mi casa. Cuando llegué, mi hermano me recibió con una sonrisa que no duró ni un instante. Supuse que mi cara reflejaba las pocas pulgas que tenía en aquél momento. Fui directamente a mi habitación, cerré de un portazo, tiré todo en el piso y me senté en la cama. ¿Qué mierda le pasaba a Sevag? Cuando me fui a trabajar por la mañana era el mismo empalagoso de siempre. ¿Se había enterado de que me acostaba con Milan? Lo dudaba, a menos que me hubiera visto, no podría haber pasado, si lo hubiera hecho antes, no hubiera reaccionado así ahora. Solté un suspiro masajeándome la sien con cansancio. De repente, escuché unos toques en mi puerta, pero no contesté, seguramente era Marko queriendo saber qué me pasaba.
—Dragan, han ven...
—¡No me jodas, Marko, no tengo ganas de hablar! —lo interrumpí.
—Pero necesi...
—¡Qué me dejes en paz!
Por unos instantes, hubo silencio del otro lado de la puerta, luego, escuché los pasos de mi hermano alejarse. Me levanté con algo de pereza, saqué la ropa tanto de la bolsa como de mi mochila, la desperdigué en la cama y, sin más opción, la doblé y la guardé en el closet. Cuando terminé, apagué la luz y me desplomé en la cama aun dándole vueltas al asunto. No era como que me importara demasiado haber terminado con Sevag, de todas maneras no me servía de mucho ahora, pero no comprendía que había sucedido, necesitaba saber qué era lo que ese idiota sabía. Cerré los ojos unos momentos después con cansancio.
Desperté por la mañana cuando escuché la alarma, lo apagué y me levanté con pereza. Me percaté de que no me había sacado la ropa con la que había ido a trabajar ayer. Suspiré, tomé algo de ropa y me dirigí al baño a asearme. Pronto salí, me dirigí rápidamente a la cocina, dónde mi hermano se encontraba preparando el desayuno.
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Nuestro error
Teen Fiction⚠️Nota: libro dos de Broken boy ⚠️ Un pequeño error llega a sus vidas para entrelazarlas de forma inesperada, obligándolos a buscarse después de una noche que casi había desaparecido en sus memorias. ¿Serán capaces de enfrentarse juntos al capricho...
