Capítulo 44

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Dragan

Miré a Eve sentado a mi lado, me devolvió la mirada con una pequeña sonrisa. Nos distrajimos cuando la campanilla de la puerta sonó, me levanté automáticamente desviando la mirada hacia la chica que había entrado. Caminó hasta el fondo, donde estaban los refrigeradores, abrió una y volvió a cerrar, se perdió entre las góndolas, luego salió para acercarse a mí con una pequeña botella de gaseosa y un paquete de galletas. Me preguntó, de repente, mi nombre, mi edad y si estaba soltero, sintiendo la mirada de Eve clavada en mi nuca, decidí contestarle las dos primeras preguntas. Como era de esperarse, insistió en que le contestase lo último, me giré rápidamente hacia Eve, para luego contestar un simple "soy gay", haciendo aparecer una pequeña mueca en su rostro que vacilaba entre el asco y la decepción. Rápidamente pagó, tomó sus cosas y se fue.

—¿Siempre te pasa eso?

Me volví hacia él recibiendo una sonrisa burlona.

—A veces.

—Eres el típico niño bonito —soltó una risita.

—Empiezas a hablar como Oliver.

—Porque es la verdad, Dragan —sonrió—. Eres el niño bonito que capta todas las miradas.

—Tú también lo eres, lindura, ¿o debo recordarte al chico de la fiesta?

—¿Cuál? ¿El que te puso celoso?

—¿Celoso? No te creas tan importante, Eve, simplemente no podía dejar que te fueras con nadie que no fuera conmigo.

—Una excusa conveniente —se burló.

—¿No te gustan mis excusas, lindura?

Sonrió, pero no dijo nada. Me senté nuevamente reclinándome en la pared, volviéndome hacia él de nuevo. Nos quedamos en completo silencio, solo el sonido de la calle llenaba la tienda. Lo observé, estaba un poco ido hoy, parecía querer hablarme de algo, pero no lo hacía. Me percaté que sus ojos se apagaban cuando estaba preocupado. Tomé su mano, tal vez se sentiría más cómodo si le mostraba algo de afecto. Finalmente no dijo nada, pero su mirada volvió a tener el brillo de siempre. Nos quedamos así por unos cuantos minutos, hasta que unos clientes entraron, entre ellos, un chico que recordaba de alguna fiesta a la que había ido con Oliver. No recordaba para nada su nombre, pero podía reconocerlo por los piercings que llevaba en el labio inferior parecidos a una mordida de serpiente. Iba con otro chico de la mano que, intuía, era su novio, o al menos el chico con el que se iba a acostar. Pusieron unas cuantas cervezas sobre el mostrador, luego me pidieron un par de cajetillas de cigarrillos y una de condones. Cuando rozó mi mano al pagar, intuí que aún se acordaba de mí, probablemente recibiría algún mensaje suyo en algún momento. El resto de clientes eran niños y un anciano que no hacía más que quejarse de los precios que teníamos. Una vez solos de nuevo, miré a Eve, él se levantó y fue al cuarto de empleados, poco después, volvió con su mochila colgada en el hombro.

—¿Te vas?

—Tengo que volver a casa, mis padres comienzan a enviarme mensajes. Nos vemos.

Antes de que hiciera algún movimiento, lo tomé de la muñeca y lo acerqué a mí. Me miró inquisitivamente, abriendo la boca para hablar, pero no dejé que emitiera sonido, simplemente lo besé metiendo mi lengua. Él me correspondió separándose unos instantes después con una pequeña sonrisa en el rostro.

—Pareciera que me extrañaste o algo así —pasó su mano por mi entrepierna, apretándola ligeramente—. Podemos arreglar eso cuando vayas a mi casa...

—No necesitamos ir a tu casa para arreglarlo.

—Es una oferta tentadora, pero prefiero usar mi cama.

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