RAFA
Dejamos los zapatos en el guardarropa. Allí nos dieron unos guantes y unos patines, que no tardamos en calzarnos. En cuanto me puse en pie y empecé a andar por la moqueta, gané algo de confianza.
Igual no era tan difícil como había pensado en un principio. Salimos a la pista con la prudencia del que hace algo por primera vez.
Que Dani hubiera tenido ese detalle conmigo después del mal día que había pasado decía mucho de su persona.
Durante la barbacoa la sentía a cada instante, en cada mirada, en la energía que desprendía envolviéndome en su manto invisible, tratando de que nada me afectara como lo estaba haciendo. Pero la presencia de mi mujer, dejando caer sus pequeñas perlas por doquier, no me facilitaba las cosas. Desde que llegamos me sentí incómodo, un mal marido, una mala persona. Era única para hacerme sentir así. Con esa sutileza encubierta de corrección que me dejaba a la altura del betún con cualquier gesto o palabra.
Y después estaba Víctor, el pretendiente perfecto, agarrando la mano de Dani con la seguridad del que sabe que esa mujer es suya. Juro que se me revolvían las tripas cada vez que le veía hacerlo, y sabía que no podía hacer nada por impedirlo. ¡Joder, era él su prometido y yo, su amigo!
Cuando me pusieron el pastel frente a mí y él me dijo que pidiera un deseo, creo que jamás lo tuve tan claro. Quería ser él, no por su vida o su dinero, sino para ser el hombre que sostuviera la mano de esa maravillosa mujer, ser la persona que se acostara con ella cada noche, el culpable de sus risas y sus orgasmos. Por mi vida habían pasado muchas mujeres —de hecho, seguía habiéndolas, no podía negarlo—, pero ninguna era comparable a ella, a lo que despertaba en mí.
Junto a Dani no había reproches, solo unas ganas inhumanas de vivir, de reír, de emocionarme y de sentir todo aquello que la vida quisiera aportarme. No había juicios de valor, solo dos personas que se entendían, y eso era mucho más de lo que tenía con nadie.
Su mano buscó la mía cubierta por el guante. Miré el punto exacto en el que nuestras manos se encontraban y deseé con fervor que ningún tejido las separara; aunque era imposible, no dejaban patinar sin guantes. Pero tenía tantas ganas de sentirla otra vez, tan tranquila y relajada como en Sitges, que cualquier roce, por pequeño que fuera, me llenaba de vida y esperanza.
Me agarró con una sonrisa dubitativa en el rostro, justo antes de meter un pie en el hielo.
Primer resbalón, primer tirón y gracias al cielo que estaba la barandilla o los dos habríamos terminado en el suelo sin apenas pisar la pista.
—Eso es, cariño, acabemos rápido con todo esto. Dientes fuera, polla dentro —bromeé.
Dani soltó una carcajada.
—Todavía los tengo todos. —Me mostró su brillante dentadura. No estaban perfectamente alineados, pero a mí me parecían los más bonitos del mundo, porque eran los que me hacían sonreír—. No te lo voy a poner tan fácil, señor Codina. Esto de patinar seguro que tiene truco, mira qué bien lo hace todo el mundo —lisonjeó al resto de las personas que se deslizaban grácilmente sin mayor dificultad.
—Eso es porque han nacido con esa habilidad. La mía es ir en moto y follar, no deslizarme sobre el hielo. Cuando quieras te lo demuestro.
—Quizás en otra ocasión. Ahora entra, valiente, vamos a divertirnos.
«Pfff», resoplé mentalmente, para mí las palabras diversión y Dani incluían una posición horizontal donde acariciar las estrellas y no donde aterrizar estrellados.
Nunca me había sentido tan torpe y tan bien a la vez. Si me quedaba alguna duda sobre si esos sentimientos eran compatibles, ahora estaba completamente resuelta. Arrancamos con prudencia, uno delante del otro, así que de ir agarrados como en las pelis, nada. A duras penas nos aguantábamos cogidos a la barandilla como para tratar de chulear ante ella y plantarme en medio de la pista.
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¡Sí, quiero! Pero contigo no
RomanceAntes que te decidas a embarcarte en este libro tengo que confesarte una cosa: ¡Esta historia es real! 😱😱😱 Sí sí, como lo oyes, esto pasó de verdad, una novia 👰♀️ pasó su luna de miel 🏝 sola. ¿Te lo puedes creer?🙊 Esa es la misma cara que yo...
