Dani
Porque la arena estaba blanda y no me iba a hacer daño, pero tentada estuve de darme cabezazos contra ella.
¿Por qué tenía que estar tan bueno en bañador? ¿No podría haberle salido barriga en esos días o más pelos que a un trol?
Miré de soslayo a Víctor, que estaba tumbado a mi lado y se encontraba intercambiando mensajes con los del trabajo. Si cuando yo decía que era un adicto al curro, no lo decía porque sí.
—¿No piensas bañarte, rubia? —preguntó una voz rasgada que tan bien conocía. Parpadeé un par de veces para darme cuenta de que me había quedado pillada en su zona abdominal. ¡Por favor! ¡Qué vergüenza! Menos mal que estaba de espaldas y pude enterrar la cabeza en mis brazos para que no viera el rubor extendiéndose por mi rostro—. Te vas a quemar y no querrás que te confundan con una gamba del menú el día de tu boda...
—Rafa tiene razón —observó mi prometido sin aflojar la mirada de la pantalla—. Date un bañito.
—Estoy bien —protesté.
Jose y Andrea se habían ido a dar un paseo por la orilla, dejándome a solas con los dos.
—Pues yo creo que o eres mitad lagarto, como Diana de V, o una mentirosa de campeonato. El sol es abrasador y llevas ahí tirada más de media hora sin moverte —me increpó, provocando que levantara la mirada y me perdiera en sus hoyuelos.
—Di que sí, llévatela a dar un chapuzón, así yo puedo terminar con lo que me está pidiendo mi jefe.
—Dile a tu jefe de mi parte que te vas a casar —protesté—. A ver si durante la boda también te está mandando tareas y le dices al cura que espere un momento a que respondas al mensaje. —Me enfadaba que toda la atención siempre la desviara hacia otro lugar.
—Venga, cariño, es solo un momento. ¿Ves que el calor te altera? Anda, Rafa, llévatela o se le van a cocer las ideas.
Lo que se iba a cocer era nuestra primera bronca como siguiera ignorándome de esa manera. Casi no lo había visto desde que llegamos y ahora que podía disfrutar conmigo se sumergía en el móvil. Y encima se aliaba con Rafa. No podía creerlo.
—¡Eso está hecho! —afirmó mi amigo levantándose en un visto y no visto para tirar de mí y cargarme al hombro.
—¡No soy un saco de patatas para que hagas eso! ¡Si quiero ir al agua, lo decidiré yo! —pataleé.
—Parece que hoy no sabes lo que te conviene y tu futuro marido ha elegido por ti, se ve que sabe lo que necesitas. Por eso te casas con él, ¿no?
—Ahí le has dado, compañero, di que sí. Haz que se remoje, que parece estar echando humo.
Humo sí que estaba echando, pero no por el motivo que Víctor pensaba.
Rafa tenía puestas las manos en mis muslos acariciándolos con sutileza y mi abdomen descansaba en su hombro ofreciéndome unas vistas privilegiadas sobre su bronceada espalda y aquel apetecible trasero.
Hervía entre el deseo y la rabia. Lo peor de todo era que parecía que ahora fueran los mejores amigos y eso me ponía de los nervios. Una cosa era que se llevaran bien y otra, que decidieran sobre lo que me convenía o no. Mi mulo de carga se puso en marcha, estábamos cerca de la orilla.
—Bájame, burro, o te vas a enterar.
—Claro que pienso bajarte, a ver si piensas que voy a llevarte todo el día a cuestas. Eres delgada, pero no un peso pluma.
Resoplé.
—Lo que me faltaba ¿ahora me llamas gorda?
—Ahora no te llamo nada. ¿Estás lista? —cuestionó cerca de mi oído, provocando que se erizara el vello de mi nuca.
ESTÁS LEYENDO
¡Sí, quiero! Pero contigo no
Roman d'amourAntes que te decidas a embarcarte en este libro tengo que confesarte una cosa: ¡Esta historia es real! 😱😱😱 Sí sí, como lo oyes, esto pasó de verdad, una novia 👰♀️ pasó su luna de miel 🏝 sola. ¿Te lo puedes creer?🙊 Esa es la misma cara que yo...
