RAFA
Ambos permanecíamos en silencio. El traqueteo del tren era relajante, aunque no calmaba la desazón que me avasallaba por dentro. Sentía la necesidad de justificarme ante Dani, de contarle mis miserias, y no sabía cómo enfrentarme a ello.
Estaba tan guapa, tan recta, tan perfecta, con los ojos de gata perdidos en la inmensidad de la noche que se percibía por la ventana.
Eran las diez y media, y no tenía ganas de regresar a casa. Si hubiera sido otra, seguramente, a estas alturas, me habría perdido con ella en la habitación de algún hotel hasta altas horas de la madrugada, alargando el tiempo un poco más. Pero era consciente de que no podía, con ella, por lo menos, y no se me ocurría otra persona con la que quisiera estar.
En el bar, tras la marcha de Andrea y otra botella de sidra vacía, decidimos jugar unas partidas a los dardos y al billar. Dani nos sorprendió a todos con su sorprendente puntería; nos dio una paliza magistral en ambas disciplinas, y eso que yo, hasta el momento, era el campeón invencible del concesionario.
Las rondas de cañas se fueron sucediendo y terminamos bailando una lenta que se convirtió en No rompas más mi pobre corazón, de Coyote Dax. Una sonrisa se me escapa al recordar a Dani cantando a pleno pulmón, contoneándose cual experta bailarina country, mientras los chicos hacían palmas y yo jadeaba como un imbécil sentado en una silla viéndola moverse.
Dani giró el cuello, sonriente, buscando mis ojos.
—Dime que no me dejaste ganar —afirmó mordiéndose el labio inferior de un modo casi irresistible.
—No lo hice.
—No puedo creerme que erraras ese tiro y le clavaras el dardo en el culo a Jose, tuvo que ser adrede.
Me encogí de hombros.
—Qué quieres que te diga, me despisté.
—Madre mía, pobrecillo, al final sí que le terminaste clavando el aguijón.
Ambos nos reímos.
—Sí, debió sentirse como la abeja reina a quien profanan el panal. —Otra carcajada. La tensión se había disuelto haciéndome pensar en lo bonita y distinta que era a mi mujer—. Es tarde, ¿tu prometido no se cabreará porque llegues a estas horas?
Ella pareció sorprenderse ante mi pregunta.
—¿Víctor? No, él jamás se enfada, y menos por esto. Seguro que acaba de llegar a casa y a mí me quedan cinco minutos. No es el típico celoso. Nuestra relación es muy abierta, cada uno hace lo que quiere, cuando quiere y con quien quiere. —Levanté las cejas, esperanzado. ¿Serían una de esas parejas liberales? Creo que ella intuyó por dónde iban mis pensamientos—. No me refiero al sexo —puntualizó, aniquilando toda mi esperanza.
—Ya decía yo que no podía tener tanta suerte.
—Tonto —susurró dándome un toquecito en el hombro—. ¿Y qué me dices de ti? ¿Tu mujer estará enfadada cuándo llegues?
—Lo raro sería que no lo estuviera —rezongué.
—¿Por la enfermedad? ¿Es de esas personas amargadas por el dolor? —preguntó con cautela.
—Más bien, por su carácter. A Olivia lo único que parece dolerle son las cosas que yo hago, y no me malinterpretes, que no me refiero a mis relaciones extraconyugales. —Su mirada neutra me hizo seguir—: Mi mujer no es tan comprensiva como tu prometido y digamos que llevamos sumergidos en una mala racha desde hace tanto que apenas recuerdo si fue alguna vez de otro modo —reconocí.
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¡Sí, quiero! Pero contigo no
RomanceAntes que te decidas a embarcarte en este libro tengo que confesarte una cosa: ¡Esta historia es real! 😱😱😱 Sí sí, como lo oyes, esto pasó de verdad, una novia 👰♀️ pasó su luna de miel 🏝 sola. ¿Te lo puedes creer?🙊 Esa es la misma cara que yo...
