RAFA
Unas horas antes
Llegué a casa sonriente y algo tajado. Dani y yo nos habíamos pasado con el vermut. Madre mía, si hasta la cabeza me daba vueltas.
Olivia estaba en casa paseando arriba y abajo.
Fue verme cruzar la puerta, oler la sangre y, como los tiburones, venir directa a atacar.
—¡No me lo puedo creer! ¡Me dijiste que ibas a tomar algo y no has aparecido ni para comer! Y encima vienes en este estado, borracho y apestando. ¡Te comprometiste a pasar por la oficina a buscarme y he tenido que volver sola, en taxi y comer cualquier cosa!
Cerré los ojos con pesar. Era cierto, me había despistado, no estaba acostumbrado a que trabajara en sábado. Pero tampoco era para tanto, me podría haber llamado. Vale que se me había pasado, pero no había matado a nadie. Ya estaba cansado de tanto tragar y aguantar.
—¿Y qué pasa, que no encontraste el rastro de las miguitas de pan para volver a la casita? ¡Vamos, Olivia, que ambos tenemos una edad! Puede que me despistara, no estoy acostumbrado a que trabajes el fin de semana y me olvidé. Pero, si necesitabas que te fuera a recoger, podrías haberme telefoneado.
—¿Para qué? ¿Para qué tuviéramos un accidente? Yo no pongo mi vida en las manos de un borracho.
—¿Borracho? ¡¿Borracho?!
—No me grites —me increpó.
—¡Yo no estoy borracho! —estallé.
—Seguro que si te acerco un encendedor estallas como una bomba de relojería.
La odiaba cuando se ponía así.
—Tal vez las cosas nos irían mejor si me quemaras en la hoguera, ¡madura de una maldita vez! Tomar una copa o estar algo achispado no es un delito.
—¿Que yo madure? —bufó—. No me lo puedo creer. ¿Te has visto? Pareces un adolescente que acaba de salir de un botellón. Yo contigo no voy a ninguna parte, paso de hacer el ridículo y que la gente vea el tipo de hombre con el que estoy.
Cerca estuve de decirle que eso era lo que quería, no ir a ningún sitio más con ella, largarme de una puta vez y no verle la cara nunca más. Estaba rebasando mi propio límite y apenas podía contenerme.
—¿Sabes qué? Que mucho mejor, paso de ir con esos pedantes de tu trabajo. Ya sabes que yo no quería ir con ellos de verbena.
—Claro, mejor salir con los borrachuzos del tuyo, que ellos te alaban, aunque te vean golpeándote contra las paredes porque, en el fondo, son iguales que tú. Menudo ejemplo.
Apreté los puños en un ejercicio de contención.
—¡Se acabó, aquí te quedas! Paso de escuchar tus chorradas. —Me di media vuelta para dirigirme a la habitación.
—Eso es, lárgate, duerme la mona. Igual así eres capaz de afrontar de una puta vez que tienes un problema.
Giré el rostro para mirarla con desprecio.
—Aquí la única que tiene un problema eres tú, que no sabes vivir y te dedicas a amargar a los demás por el camino. —Ella seguía con su pose de controladora, mirándome con esa suficiencia que me crispaba. Verdaderamente, prefería no verla—. Y, para tú información, sí, me voy a dormir. Es mejor eso que verte la cara de perro y soportar tus reproches.
Entré en el cuarto y cerré dando un portazo, ya no podía soportarlo. Me lancé sobre la cama vestido, flagelándome mentalmente por ser tan cobarde de no tener los cojones suficientes para dejarla.
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¡Sí, quiero! Pero contigo no
RomanceAntes que te decidas a embarcarte en este libro tengo que confesarte una cosa: ¡Esta historia es real! 😱😱😱 Sí sí, como lo oyes, esto pasó de verdad, una novia 👰♀️ pasó su luna de miel 🏝 sola. ¿Te lo puedes creer?🙊 Esa es la misma cara que yo...
