Capítulo 42

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DANI

Por la tarde una de las amigas de Rafa vino al taller, caminando sobre sus tacones negros y su abrigo de visón. Me asqueó el pensar que llevaba un animal muerto sobre los hombros.

Rafa la recibió con una sonrisa y ella le acarició el pecho besándolo tan cerca de la boca que casi entro y le arranco los zorros. Era Katrina, la rusa espectacular que lo devoraba con la mirada.

Pasó a su despacho, donde apenas estuvieron unos minutos. Ella le susurraba al oído y Rafa sonreía como un imbécil. Me estaban poniendo enferma, ¿es que no se daba cuenta de que esa solo lo quería para lo que lo quería?

Rafa cogió su abrigo. Crucé los dedos pensando que solo iba a acompañarla a la salida y que se lo ponía porque afuera hacía frío.

Sus ojos se encontraron con los míos, que estaba de pie, mirándolo interrogante. Ladeó la sonrisa, vi cómo movía sus labios diciéndole algo a la rusa, que se quedó esperando mientras él venía a mi despacho.

—Tengo algo que revisar —anunció mirándonos a Andrea y a mí. Como si fuéramos a creernos eso—. Vuelvo en media hora, cogedme los mensajes si alguien llama.

Me guiñó un ojo y yo cerca estuve de estamparle mi puño en él. Pero ¿qué narices se había creído? ¿Que era imbécil? ¿Una más de las que se tiraba en su larga colección? ¡Pues lo llevaba claro conmigo! Rafa no volvía a tocarme ni con un palo.

Las tripas se me retorcían al ver su mano en la parte baja de la espalda de la rubia, caminando junto a ella. Movía las caderas como una gata en celo y Rafa iba directo a su madriguera para meterle el ratón en la boca.

¡Pues ojalá se lo mordiera y se lo arrancara de cuajo! ¡Muerto el perro, se acabó la rabia!

—A esa lo que va a revisarle son los bajos, pero ¿tú has visto cómo lo mira? —protestó Andrea—. Hay que ver la cara que le echa. No sé por qué Díaz no le dice nada. Bueno, sí lo sé, porque aun follando como un condenado y triscando en horas de trabajo es el que más vende. Y pensar que la pobre Olivia tiene que comerse las babas, y lo que no son las babas, de todas esas tías.

La cabeza me daba vueltas ante la evidencia. Andrea tenía razón. Rafa era lo que era y yo lo escudaba bajo un traje que le quedaba grande. Acababa de perder la brillante armadura al completo y, aun así, yo sentía la necesidad de protegerlo.

—Ellos no follan —admití como si fuera un escudo.

—¿Quiénes?

—Rafa y su mujer. Ella no puede desde hace tiempo, por eso se tira a las clientas.

Andrea resopló.

—Vamos, Dani, ¿y tú te has creído eso? Si Rafa te ha soltado esa milonga, es para justificarse. ¿De verdad piensas que Olivia va a tener a su lado a un tío como él y no beneficiárselo? Olivia puede estar enferma, pero le palpita la pepita tanto como a ti o como a mí. Puede que su frecuencia no sea la misma que la nuestra, pero se la chusca seguro.

—Ya has visto cómo lo trata. ¿Te quedarían ganas de tirarte a alguien que te menosprecia? —contraataqué herida.

—No puedo creer que tú me digas eso. Ya sabes cómo funcionan las parejas, hoy me peleo, por la noche me reconcilio. Todos sabemos que los mejores polvos se echan tras una pelea y, cuanto más sangrienta, mejor. ¿O a ti no te pone mucho más Víctor cuando os peleáis y le estalla la vena del cuello?

—Nosotros no nos peleamos.

—Pues serás la única de este planeta que no lo hace, y si no lo haces deberías empezar a hacerlo. Esos polvos son gloriosos —argumentó cruzándose de brazos.

¡Sí, quiero! Pero contigo noHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora