Capítulo 47

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DANI

Acababa de hacerlo. No podía creer que hubiera sido capaz de dejar a un lado mis prejuicios y dar el paso, pero lo había hecho y ahora me sentía flotando en una nube de satisfacción absoluta.

Tenía ganas de salir corriendo, de gritar por la ventana que eso sí que era sexo, de sacar de la niebla a aquellas pobres criaturas que, como yo, habían sido embaucadas con alcohol de garrafón cuando creían haber comprado primeras marcas.

¡Joder! ¡Jooooder! Ahora sí que tenía ganas de chillar eso de ¡Visca Cataluña! Y no cuando bailé la sardana. Menudo meneo que me había dado Rafa, y eso que intuía que solo me había enseñado la A, la B y la C y me quedaba pendiente el resto del abecedario.

Mi profe estaba tumbado a mi lado, jadeante, tratando de recuperar la respiración y con el cuerpo salpicado en sudor. Era atractivo hasta aburrir, incluso con el miembro descansando en una posición de relax absoluto y cubierto con esa goma tan fea, aunque tan necesaria. Parecía el gorrito de un bebé. Reí mentalmente por la comparativa, pues dudaba que a Rafa le hiciera gracia que le dijera cuchi-cuchi o ajo a su polla.

Estaba cansada y, pese a ello, sentía unas ganas insaciables de complacerlo, de disfrutar, de reír, de cantar. Era como si el mundo fuera mío y el espíritu de la hermana salida de Julie Andrews me hubiera poseído.

Mi compañero de cama resopló para incorporarse sobre sus codos, sentarse, quitarse el preservativo y anudarlo para que nada escapara de allí, no fueran a venir los del CSI en busca de restos biológicos.

—¿Dónde lo tiro? —preguntó—. No creo que a Víctor le haga mucha gracia encontrarlo cuando vosotros no usáis de estos.

Chico listo, menos mal que él pensaba por mí. Yo, haciéndome la graciosa mentalmente y él, poniendo cordura a la situación.

—Mmmm, pues no sé, déjame que piense. —Me levanté tirando de la sábana para cubrirme y Rafa cogió el extremo opuesto para evitar que lo hiciera.

—Delante de mí no quiero que te tapes. Me gustas así, sin nada que opaque tu belleza. —Se puso en pie, acompañando mi desnudez para besarme los labios. Era tocarme y encenderme de nuevo. Gruñí en el interior de su boca, que no tardé en explorar—. ¿Todavía no has tenido suficiente? —murmuró tras mordisquearme el labio inferior con los dientes.

Me daba apuro que pensara que era una desatada, pero es que no podía controlar la necesidad que despertaba en mí.

—¿Y tú?

Su mano recorrió la curva de mi espalda para agarrar mi nalga y pegarme a su entrepierna.

—No creo que alguna vez tenga bastante cuando se trate de ti, aunque sí que necesito algo de tiempo para remontar y reanudar el partido. Y no creo que tengamos tiempo suficiente para todo lo que querría hacerte.

Instintivamente, miré el reloj.

—Yo diría que tenemos cerca de dos horas hasta que llegue. ¿No crees que podamos llegar aunque sea a la media parte, entrenador? —No me apetecía decir su nombre.

—Contigo jugaría el partido completo. Pero no podemos arriesgarnos, Dani, no aquí. Esto ha sido una imprudencia que no debemos repetir, la próxima vez será en un lugar neutral, uno que no pueda comprometernos.

—¿Dónde?

Una sonrisa ladina se curvó en sus labios.

—Ya veremos... Ahora ve a por mi ropa, a ver si está seca. Entre los dos cambiamos las sábanas y envuelvo esto en un papel, lo meto en una bolsa y me lo llevo, no quiero problemas.

¡Sí, quiero! Pero contigo noHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora