Capítulo 82

79 9 4
                                        

Rafa

Estar con Dani es como sentir la caricia de una ola gigantesca contra el cielo. Ella es todo lo que necesito, es mi lugar en el mundo sin importar que sea el cielo o la tierra. Es mi hogar, al que siempre querré regresar.

—¡Eres un cabrón! —suelta, golpeándome en la ducha.

—Menuda novedad —me río, enjabonándola con mimo.

—¡Podrías haberme dicho que el vecino no estaba! No sabes lo mal que lo he pasado pensando que podría abrir la puerta de un momento a otro.

—Ya se te notaba, ya... Te he visto muy nerviosa mientras gritabas y te corrías —respondo arqueando la ceja.

—Idiota —protesta—. Sabes que, cuando caigo en tus brazos, me olvido del mundo. Y con todo lo que me estabas haciendo, era como saborear una tarta después de un mes sin hacerlo —ronronea suspirando al notar mis manos en su pelo.

—Venga, que solo llevamos quince días de abstinencia.

—Pues a mí me han parecido treinta.

—Además, a ti te pone eso del exhibicionismo. ¿O debo recordarte lo del capó del coche y la cámara de la gasolinera? —bromeo divertido.

Ella se da la vuelta para enfrentarme.

—¡Oooh, no me recuerdes eso, por Dios! ¡Qué vergüenza! Todavía me sonrojo.

La atraigo hacia mí apretándole los glúteos contra la suave erección, que reacciona a su contacto.

—Seguro que nuestra incursión en el mundo del porno amateur le alegró la vida a alguien, tómalo como una donación al mundo del arte.

—Arte es hacer un nudo con el rabillo de una cereza, con la lengua y sin sacarla de la boca.

—Mmmm. —Suspiro al notar su mano embadurnada en jabón acariciándome amorosamente justo donde lo necesito.

¿Twin Peaks? —recuerdo, aguantándome el jadeo al percibir sus dedos en mis pelotas.

—Esa escena fue mítica. Anda que no me comí yo rabillos de esos tratando de emularla con mis amigas.

—¿Y te sirvió? —la provoco.

—No estoy muy segura —contesta parpadeando sinuosamente las pestañas.

—Si quieres puedo ofrecerte mi rabillo, a ver si te sale ahora. —Sus labios se curvan en una sonrisa.

—Con tu rabillo si logro no ahogarme será todo un triunfo, aunque podría probar —anuncia incitante, poniéndomela excesivamente dura.

Toma el mango de la ducha para enjuagarme y se coloca de rodillas... Me pierdo en sus caricias y solo soy capaz de exclamar:

—¡Viva Twin Peaks!

Tal vez no haya salido a correr, pero me he corrido un par de veces, y eso tiene que convalidar con media maratón, seguro.

Preparo el desayuno con el delicioso acento de Dani canturreando todo lo vivido en el viaje.

Cuando llega al trozo del mono, menos mal que estoy sacando el embutido de la nevera, porque, si hubiera estado tomando el café, me habría ahogado seguro. Por si fuera poco, me enseña la foto con la que inmortalizó el momento prometiendo borrarla después; no quiere ver la prueba del delito corriendo accidentalmente por las redes.

—Pobre Víctor —admito secándome los ojos—. Violado por un mono. ¿Puede haber algo peor que una cosa como esa acaricie tu campanilla?

—No sabes lo mal que lo pasó el pobre. Encima, todo el mundo se descojonaba. Pero bueno, quedará como una anécdota. Si es que quiere contárselo a alguien.

—Yo no lo haría desde luego. —Camino con los platos hasta ella para depositarlos sobre la mesa—. Me alegra que disfrutaras del viaje. —Sonrío sentándome a su lado.

—No todo fue bonito, también reflexioné mucho y tuve momentos de bajón cuando Víctor me suplicó que no lo dejara y me dijo que estaba dispuesto a cambiar por mí. Realmente, me supo mal.

Aquello me alertó, aunque traté de no demostrarlo.

—¿Te planteaste seguir con él?

—No, en ningún caso, eso lo tenía claro. Es solo que me dio pena. Él nunca se ha portado mal conmigo, la que lo jodió todo fui yo por no cortar a tiempo. Él solo ha cosechado las consecuencias de mis errores —admite con pesar mientras da vueltas a la taza de café con la cucharilla.

—No te tortures, ahora no sirve de nada martirizarse. La vida está llena de buenas y malas decisiones. Yo tampoco he sido un santo ni he actuado de la mejor manera. Que tire la primera piedra quien no se haya equivocado nunca con sus decisiones. —Trato de calmarla—. Lo importante es que ahora sabes lo que quieres y vamos a solucionar las cosas.

Ella me mira con ojos de incertidumbre.

—Rafa, entiendes que la decisión de estar contigo implica mi salida inmediata del piso que comparto con Víctor y que, con el sueldo que gano, no puedo plantearme vivir sola, ¿verdad?

—¿Esa es tu extraña manera de decirme que te vienes a vivir conmigo? —cuestiono con una sonrisa en los labios, porque es lo que más deseo en este momento—. Lo he entendido desde el primer momento, es más, no aceptaría estar separado de ti y que te mudaras a otro lugar que no fuera aquí. No soy un niño, nos conocemos desde hace tiempo. Puede que nos cueste habituarnos a nuestras manías, pero terminaremos haciéndolo. Y, para que te quede claro que yo también quería esto... —Me levanto y le tiendo un juego de llaves idéntico al mío—. Dani, quiero que te vengas a vivir conmigo y, cuanto antes, mejor.

Ella me ofrece una sonrisa de alivio.

—No estaba segura de que quisieras cargar conmigo —murmura contrita.

—Tú no eres una carga, eres el amor de mi vida y pienso demostrártelo cada día, a cada minuto, a cada segundo. Ven, siéntate conmigo.

Dani se levanta y apoya su delicioso trasero sobre mis piernas. Sus manos me toman de las cervicales y pestañea, coqueta, hasta sentir mis labios besando los suyos. Esta vez mucho más lento, con el mimo que requiere besar el alma. Con el tiempo suspirando entre nuestras lenguas, que se encuentran para degustar el amor en estado puro. Hay veces que sobran las palabras, porque estas permanecen poco tiempo en nuestra memoria. Es mejor llenar la piel de besos, que quedan tatuados por siempre en el alma de quien los recibe.

Le pido que se quede en el piso si es lo que quiere y que me espere hasta que llegue de trabajar. Me dice que, si no me sabe mal, prefiere regresar al suyo y empezar a empaquetar sus cosas. No quiere alargar la agonía de Víctor y la suya tampoco. A mí me parece perfecto. Cuando acabe mi jornada, iré a su casa y la ayudaré con las cajas de la mudanza. Su marido no estará, pues ha empezado a trabajar hoy y, como es costumbre, no llegará hasta tarde de trabajar.

Todas las dudas y la mala leche que he acumulado estos días sin ella se han evaporado como la niebla después de que salga el sol. Dani se ha encargado de disiparlas y, en su lugar, dejarme el buen sabor de un inicio que anhelo más que nada en este mundo.

¡Sí, quiero! Pero contigo noDonde viven las historias. Descúbrelo ahora