Rafa
Allí estaba, colocado en la décima fila del lado izquierdo, el lugar designado para los amigos y familiares de la novia. Ese era mi sitio, el de amigo.
Jose y Andrea estaban en mi misma fila. Llamadme masoquista, pero me puse tocando el pasillo, no quería perderme la entrada de la novia, su rostro, su expresión. Necesitaba constatar que Dani estaba cumpliendo con lo que deseaba y así fue como la vi aparecer irrumpiendo del brazo de Selmo sin música ni nada. A pelo, sonriente, llena de vitalidad y saludando a su paso a los invitados que le quedaban más cerca.
El corazón se me detuvo por completo.
Estaba guapísima, era como una aparición. La mujer de mi vida vestida de blanco se dirigía al altar para entregarse a otro, a un tío que no se la merecía.
¡Mierda! Dani era una purasangre y Víctor no sabía montar a caballo. ¿Cómo pretendía ser feliz con un inepto como ese? No es que fuera un mal tipo, pero ella necesitaba otra cosa, alguien que supiera azuzar las riendas y que no se limitase a dejarla vivir en libertad. Para eso no le hacía falta nadie.
Mi asturiana tenía un alma apasionada, curiosa, que requería un hombre al lado que supiera alimentar el fuego y no convertirlo en cenizas. Pero ella parecía no darse cuenta y a mí apenas me quedaban fuerzas para impedir que aquella majadería tuviera lugar.
Cuando se detuvo un instante frente a mí, rogué porque me pidiera que la sacara de allí. ¡Joder!, no era de rezar, pero juro que en aquel momento lo hice. Le pedí a Dios que le diera la cordura suficiente como para frenar a tiempo. La quería, la amaba más que a mi vida y ella parecía no querer darse cuenta de ello.
Nos limitamos a sonreírnos y ella continuó su huida hacia delante hasta colocarse al lado de aquel hombre que terminaría convirtiéndose en su marido si no ocurría un milagro, y las probabilidades de que aquello sucediera eran prácticamente nulas. Pues la relación entre Dios y yo no era demasiado fluida.
Fue una ceremonia corta de la cual no escuché de la misa ni la mitad. Andrea lagrimeaba y no dejaba de repetir lo guapa que estaba su amiga. Para todos era una emocionante realidad y para mí, la más dolorosa de las verdades.
Creo que hubo un momento en el que mi cerebro se desconectó y se volvió a activar tras el golpe de gracia, que llegó en forma de dos palabras que me atravesaron el alma.
—Sí, quiero.
Fue una detonación que hizo saltar por los aires la poca fe en los milagros que me quedaba. Ya está, ya estaba hecho.
—Y, por el poder que me otorga la Santa Madre Iglesia, yo os declaro marido y mujer. Víctor, ya puedes besar a la novia.
Sus labios se fundieron y mi existencia saltó al vacío.
La vi pasar con una sonrisa, esa de las que alegraban el alma, pero la mía era incapaz de sentir otra cosa que no fuera la desgracia en la que me veía sumido. Todo había terminado.
Los novios salieron bajo una lluvia de arroz y felicitaciones. Y yo seguí muy quieto, escuchando las gaitas de fondo y los vítores de los invitados. Era incapaz de festejarlo junto a ellos. Dani y Víctor partieron y nosotros fuimos ubicados en los autocares que habían alquilado para que nadie tuviera que conducir.
Subí con la certeza de que iba a pillar un pedal histórico, justo el que necesitaba para anestesiarme por completo y desdoblarme en una realidad paralela que no doliera tanto.
El banquete se celebraba en La Quinta del Infazón, un lugar precioso a las afueras de Gijón. Era una casona típica asturiana que se usaba como restaurante, cafetería y hotel. También tenía un gran salón con vistas a los jardines, y era donde se iba a realizar el convite.
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¡Sí, quiero! Pero contigo no
RomanceAntes que te decidas a embarcarte en este libro tengo que confesarte una cosa: ¡Esta historia es real! 😱😱😱 Sí sí, como lo oyes, esto pasó de verdad, una novia 👰♀️ pasó su luna de miel 🏝 sola. ¿Te lo puedes creer?🙊 Esa es la misma cara que yo...
