Capítulo 58

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DANI

Cada día estaba más nerviosa, la boda se acercaba y yo ya lo tenía casi todo listo. Estábamos a finales de junio, concretamente, en el fin de semana de San Juan, y el siete de agosto me casaba. Las invitaciones estaban enviadas a mis amigos y familiares, los lugares para acoger a los invitados ya estaban definidos y tenía unos nervios entre pecho y espalda que me contracturaban por completo.

—¡Ay, qué ganas tengo de conocer tu tierra! —Andrea se sentó a mi lado.

—¿Ya tienes el vestido? —Dejé de teclear los balances de ventas y me la quedé mirando, curiosa.

—Creo que al final voy a tener que comprarme uno, el que quería ponerme de mi prima no me va.

—Pórtate bien, todavía hay tiempo —la animé al contemplar su cara de frustración.

—La última vez que me puse a dieta perdí treinta días de mi vida y la oferta del Palacio de la Croqueta. No, gracias, prefiero ir a buscar uno de mi talla.

Me eché a reír, a veces Andrea tenía unas salidas que te descolocaban.

—Pues si quieres te acompaño a mirar algo en cuanto salgamos, que ya no nos queda nada.

—¿En serio? —Su cara esperanzada me hizo sonreír—. ¿No tienes nada más importante que hacer?

Ese día Rafa tenía visita de control en el médico de Olivia, así que no podríamos vernos, y Víctor seguía en su dinámica de llegar a las tantas, por lo que ir de compras me parecía un plan genial.

—No, soy toda tuya, nena. Aprovéchate de mí y de mi buen gusto. Christian Dior no supo cuánto perdió al no descubrir mi talento oculto para la moda.

—¿Diseñas ropa? —me preguntó muy sorprendida.

—Qué va, pero se me da de vicio gastar dinero en ella. Seguro que algún puesto de trabajo habría encajado con mi perfil.

—El de modelo. Chica, yo no sé cómo no te ha descubierto ningún cazatalentos con ese cuerpazo, tu estatura y el aire que te das a Siena Miller.

—Ya quisiera Siena Miller parecerse a mí. Donde se ponga una asturiana, que se quite una americana.

Las dos nos echamos a reír.

—¿Quién va a quitarse la americana y por qué solo eso? ¿Hay un strip poker con dos chicas guapas y me lo estoy perdiendo? —Rafa entraba con su particular humor descarado, haciendo que babeara por él.

Ese día estaba guapísimo con un traje de Hugo Boss y la camisa blanca, que resaltaba el moreno de su piel.

—Aquí nadie se quita nada, a no ser que sea el stripper que espero que contraten mis amigas para la despedida —anuncié haciéndome la ofendida.

Él abrió mucho los ojos.

—¿Stripper? Si queréis un tío guapo y que se despelote, yo me ofrezco voluntario y sin cobrar. ¿Dónde tengo que firmar?

Lo imaginé haciéndome un bailecito erótico y mi vecina del sótano empezó a tocar palmas. Hay que ver cuánto le gustaba Rafa; en cambio, cuando se me acercaba Víctor, se hacía la dormida. Qué injusta era la vida.

—No sabemos si tienes la suficiente mercancía —ataqué—. Para ese puesto es cuestión de talla...

Él arqueó una ceja y me miró retador.

Sabía sobradamente que cumplía, y mucho, pero me gustaba provocarlo y a él, que lo hiciera. Caminó hasta mí y, para mi sorpresa, empujó la silla con ruedas en la que estaba sentada hasta colocarla en medio del despacho; conmigo sentada encima, claro.

¡Sí, quiero! Pero contigo noHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora