Capítulo 28

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DANI

La lucecita del teléfono de Rafa volvió a encenderse y yo, a responder. Tras el saludo inicial, una risita de ardilla loca hizo aparición. Apenas entendía nada de lo que decía.

—¿Cómo dice?

—Que, jijijiji, si, jijijiji, está, jijijiji, Rafa, jijijiji.

—¿Pregunta por Rafa?

—Sí, jijijiji.

—En estos momentos está ocupado.

—Oh, jijijiji, es, jijijiji, que, jijijiji, quiero, jijijiji, hablar, jijijiji, con, jijijiji, él, jijijiji.

—Ya, pues es que en este momento no puede atenderle y cerramos en cinco minutos, así que será mejor que lo llame el lunes.

—Pero, jijijiji, yo, jijijiji, lo, jijijiji, necesito, jijijiji, ahora, jijijiji.

Me estaba poniendo mala con tanta risita. ¿Qué le pasaba? ¿Se había tragado al perro de los dibujos, ese que no podía dejar de reír? Igual era un tic, o un TOC, pero a mí me estaba poniendo de los nervios.

—La entiendo, señora, pero no puede. Pruebe el lunes, por favor. —Pasaba de preguntarle el recado, esa mujer era capaz de tenerme una hora al teléfono—. Muchas gracias por llamar a Motauto, buenas tardes. —Colgué sin esperar a que se despidiera, esa risilla me había puesto de los nervios.

—¿Y ahora qué ocurre? —Andrea era un radar, no se le escapaba nada.

—Ni idea, una tarada con risa de psiquiátrico que no dejaba de preguntar por Rafa, pero apenas se la entendía. Te juro que me daban ganas de meter las manos por el auricular y sacudirla hasta que se desatascara.

Ella sonrió.

—Encarnita.

—¿Encarnita?

—Sí, es una Rafadicta. Creo que el mes pasado le cambió las pastillas de freno al coche cinco veces, previo servicio de que Rafa la llevara a casa.

Yo puse los ojos en blanco.

—Pues, sinceramente, no sé cómo él puede con una tía así.

—Muy simple: tiene un agujero entre las piernas donde meterla en caliente y un cuerpo muy bonito. Que no logre hilar dos palabras con coherencia ayuda a que su marido ni le pregunte. Están podridos de pasta.

Me dolió imaginar a Rafa con la ardilla loca, y más escuchando a Andrea. Según ella, se la tiraba. ¿También se reiría mientras follaba? Jesús, qué suplicio si era así.

Cuando el hombre que copaba mi mente entró en el despacho interrumpiendo nuestra conversación, no dudé en darle el recado que tenía pendiente.

—Te ha llamado Olivia —anuncié.

Su sonrisa se disipó al instante.

—¿Qué quería?

—Que no llegues tarde, que tenéis la cena. —Rafa se limitó a asentir—. También te ha llamado la señora jijijiji.

Él levantó las cejas y recuperó los hoyuelos, que se marcaron con una intensidad abrumadora, secándome la boca.

—¿Encarni? —Mira cómo la había pillado al vuelo. Me puse mala al ver lo rápido que lo había hecho—. ¿Y qué quería?

—No hablo ardilla, así que no la entendí muy bien.

—¿Ardilla?

Yo me sentía más hundida a cada palabra y él parecía alegrarse cada vez más.

¡Sí, quiero! Pero contigo noHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora