Capítulo 74

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Narrador omnisciente:

En la sala de espera hay un corre corre de enfermeras y doctores que se pierden en las puertas de terapia intensiva.

- ¿Que sucede? - pregunta Adrián a nadie porque nadie le responde, Alf comienza a caminar de lado a lado, mientras Alejandro se pasa las manos por el cabello de manera desesperada con un Alex muy callado a su lado. Sophie escribe un mensaje de texto, - Hay que llamar a papá, - busca su teléfono y comienza a marcarle.

Médicos van y vienen, nadie les dice nada, pero es como si sus caras hablarán por si solas y ellos no quisieran saber la razón.

Mathias regresa junto a Caro, el miedo se apodera de todos en la sala. Son incapaces de hablar entre ellos.

Los minutos se hacen eternos, pareciera que nadie respirara. Saben muy bien que dentro las cosas no marchan bien y en cualquier momento alguien va a salir a informar lo peor.

Narra Edward:

El mensaje de Sophie me pone inquieto, necesito salir, pero la policía reforzó la vigilancia fuera de casa. Ya están en el pasillo que está junto a mi puerta.

Aunque quisiera salir a la fuerza, es imposible, estoy preso en mi casa. Llamo a Peter y Scott pero nadie responde.

La desesperación se apodera de mi, camino de lado a lado, no se que hacer, termino tirado en el piso, necesito respirar, hay algo que me oprime el pecho, es demasiado devastador sentirse así. Al levantar la mirada en una de las repisas hay un crucifijo que pareciera que me recriminara.

Recuerdo que mamá lo trajo un día, ella sola lo puso ahi, yo no lo acepte, pero tampoco lo desprecie. Verlo ahora me hace sentir que el me habla, parece loco, pero así me siento.

No tengo a nadie más en este momento que siento que me quedo sin aire, pero no termino de morir, estoy muerto en vida.

"Lo sé, llevamos mucho tiempo que tú y yo no hablamos, ya ni recuerdo cuando fue la última vez... en éste momento no soy buena compañía, pero eres el único capaz de ayudarme, - me siento tan hipócrita, - es demasiado triste darme cuenta que ella no es para mí y que tal vez para nadie, - no aguanto más, rompo en llanto, - si hay alguien que merece ser feliz es ella, solo que es más que claro que no conmigo, todo es mi culpa, - las últimas cuatro frases me salen en gritos, con rabia, conmigo mismo, - te lo ruego, te lo imploro, - junto mis manos como si de una oración se tratase, - devuélvele la vida, eres el único capaz, - las lágrimas me caen en cascadas, - si necesitas a alguien para llevarte acá estoy yo, te cambio mi vida por la de ella, - rio sin ganas, sueno tan cínico, - ¿Cómo si mi vida tuviese el valor de la de ella? - cualquiera diría que estar tan ansioso hace que enloquezca y hablé solo, pero una parte muy pequeña de mi tiene fe de que me escucha, la ansiedad ha mermado un poco. - Si ella logra sobrevivir... - me estremezco de solo imaginar lo contrario, inmediatamente desecho ese pensamiento para hacer un verdadero pacto, - ... me iré lejos, muy lejos de ella, - levanto mi mano derecha en señal de promesa, - es lo mejor que puedo hacer por su bien"

Es loco, pero me inunda una paz única, sigo con mis manos unidas, lloro como un niño, hasta el cansancio, continuo tirado en el piso hasta que ya no sé nada más.

Narra Ana:

Ya no estoy en el lugar frío, no siento dolor, hay mucha luz. Miro mis manos que se mueven con mucha facilidad, mi pierna ya no está rota, doy un paso en medio de esta habitación en la que no hay un solo mueble, ni nada, solo unas paredes vacías con dos puertas, una a cada extremo, derecha e izquierda. No sé que hacer, es tan extraño este silencio que me calma y a la vez me inquieta.

Podría tomar una puerta y salir, pero... ¿A dónde? ¿Cuál tomo?

No sé dónde estoy, fácilmente pasa por una habitación de hospital, pero ¿Cómo sane? ¿Por qué no hay una cama o siquiera una silla?

Enamorada Del PeligroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora