Capítulo 41

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Narra Edward:

Cómo todos los días mi carro me lleva al frente de su casa, hasta caminando llegaría hasta aquí, si alguien me estuviese viendo pensaría que soy un psicópata, casi que soy el clon de Brenda.

Quiero tocar su puerta, aunque sea para que me odie mas, pero escucharla. Entro con mucho cuidado de no hacer ruido y dejó lo que vine a traer, hoy no recurrí a mi cómplice.

Con mucho cuidado salgo de acá, subo a mi carro y me marcho a regañadientes, la última vez que estuve acá rompí más su corazón.

No solo psicópata, parezco un ladrón, son más de las dos de la mañana. Solo espero que el consejo de Sophie funcione.

Narra Ana:

- ¡¡¡Ana!!! - grita mamá fuera de mi casa y corro a abrir, - ¿ya viste esto?

Salgo y quedo sin palabras. Rosas, globos y un oso que ocupa mi mesedora; ayer no hubo rosa y hoy todo esto, mi panza da un vuelco y mamá está impresionada.

Busco un lugar donde sentarme para asimilar todo esto. Después de la decepción ayer por no recibir nada, no puedo negar que hoy me siento extraña, pero feliz aunque me cueste aceptarlo.

Felicidad de la que mamá me rescata para devolverme a la realidad.

- ¿Ahora si me dirás quien es? - no hago más que mirarla y bajar la mirada, sola lo comprende, - es el.. - asiento y sin verla escucho su lamento, - ¡oh!

- No creas que.. - me apresuró a decir, sin saber que más.

- ¿Volvieron? - abro mis ojos como platos.

- ¡Oh! ¡No! - veo sus hombros bajar relajados, - está haciendo esto desde que hablamos.

- ¿Que sientes hija? - se sienta a mi lado, - ¿que piensas?

- No lo sé mamá, no quiero pensar, - las manos me tiemblan, - cuando hace esto, - señaló mi porche lleno de flores y globos, - lo amo, pero luego recuerdo quién es y lo odio.

- Te entiendo mejor de lo que imaginas, - me abraza y me calma, - luego hablamos, debes peinarte y arreglarte para el acto.

Recuerdo que debemos arreglarnos para la graduación, mamá está en bata y ya se ha peinado, yo aún no he empezado.

Hacemos algo sencillo con mi cabello, me maquillo lo más suave posible, no soy amante del maquillaje, me pongo el vestido que compre el domingo con Caro, sencilla y muy mi estilo.

- ¡Hija estás hermosa! - sonrió y nos abrazamos.

- ¡Gracias mamá!

- Vamos por tu vestido, - comienzo a recoger el reguero en mi casa.

- Tranquila, yo lo hago, nos vemos en unos minutos.

Quedó sola y al mirar el espejo me siento feliz, años de estudios, altos y bajos hasta alcanzar la meta.

Salgo al porche, recojo los chocolates y el oso, al revisarlo tiene la nota abrazada.

"Felicidades mi amada Ana, en este momento envidio ese oso"
Tuyo Edward.

Me detengo a mirar el oso y no sé porque lo hago, pero lo abrazo, fuerte, como si de eso dependiera para vivir, quiero creerle, necesito creerle.

Niego fuerte con la cabeza, como si de esa forma pudiera sacarlo de mi cabeza, recojo el oso y algunas cosas, no todo cabe en mi casita.

Salimos a la universidad, mamá cómo siempre espectacular, apenas y consigo donde estacionar, está repleto el estacionamiento.

Enamorada Del PeligroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora