- Llegué borracho después de haber intentado encontrar a Ana para hablar, - continuo en el suelo mientras Sophie me escucha, - cómo siempre Brenda me esperaba en la escalera, estaba muy borracho así que subí y ella aprovecho para entrar, - me quedo recordando esa noche, Sophie no me interrumpe, - había intentado estar con Ángela y no había podido, mi cuerpo no respondía a ninguna mujer, - no me atrevo a mirarla, esto es algo difícil de hablar con una mujer, - la borrachera me hizo tomar a Brenda, pero mi subconsciente me hizo creer que era Ana, fue una noche maravillosa, - creo que se irá, porque se ha levantado, pero solo me da la espalda, - desde aquella noche Brenda se hace pasar por Ana y me ayuda a mitigar mi carencia.
- ¿Acaso enloqueciste? - siento que se irá.
- Por favor no me juzgues, - me levanto para que me escuche, - ella ha sabido llenar un vacío que irremediablemente debe ser llenado.
- No creo que la locura sea contagiosa, pero estás demente como ella, - me encara.
- Necesito recuperar a Ana, con ella a mi lado no tendré necesidad de nada más.
- ¿Y Brenda? ¿Has pensado que sucederá con ella? - la veo reflejada en sus preguntas, - ¿Sus sentimientos no cuentan?
- Claro que sí.. - está muy molesta.
- Claro que no, - me encara, - solo estás pensando en ti, en tu satisfacción, - señala mi entrepierna, - ella es desechable, es la manera de pensar ustedes los hombres.
- Estás hablando desde tu herida, - sin pensarlo lo digo y me arrepiento. Su reacción me la merezco.
- ¡Eres un bastardo! - descargar su ira con una cachetada que me merezco, - me alegra que hayas perdido a Ana, se merece a alguien que la valore, - camina a la salida, - eres un infeliz. - escucho la puerta cuando se va y sus palabras rebotan en mi cabeza.
Además de herir a cuánta mujer se me atraviesa, ahora lo hago con mi propia hermana, realmente soy un infeliz.
Reviso la orden de restricción, ¿Alexander Braun? Es uno de los niños ricos de la colina, ¿Por qué Ana?
No puedo quedarme con esta, me visto y salgo, esto no puede quedarse así.
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- Con Alexander Braun, - le anuncio a la empleada que me atiende en la gran mansión.
- El joven no.. - veo aparecer al idiota y no la deja terminar.
- Tranquila Sue yo lo atiendo, - despide a la empleada mientras reformuló a lo que vengo.
- ¿Eres Alexander Braun? - tal vez siente miedo, porque lo piensa antes de responder a cierta distancia de donde estoy.
- ¿Que necesitas? - lo tomo como un si.
- ¿Con que derecho pones una orden de restricción para que no me acerque a Ana? - pienso que es imbécil, cada pregunta la piensa antes de responder.
- ¿Tu eres Cárter? - me sorprende su pregunta.
- Pones una orden de restricción en mi contra y ni siquiera sabes con quién te metes, - me rio sarcásticamente.
- Sé perfectamente quien eres, solo que no te había visto en persona, - no entiendo cómo puede estar tan calmado mientras yo quiero matarlo, - será mejor que cumplas a cabalidad con esa orden, Ana no está sola, - al decirlo levanta la voz.
- No me hagas reír, - cruzo los brazos sobre mi pecho, - tarde o temprano volverá conmigo, creen que por tener dinero tienen todo comprado.
- Fuera de mi casa, - me señala la puerta, - usa tu cabeza y aléjate, no te tendremos compasión si violas esa orden. - quiero golpearlo, pero pienso en las palabras de papá, me contengo y me voy.
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Enamorada Del Peligro
RastgeleAna es una chica de su casa, estudiosa y de nobles sentimientos, se enamora de Edward todo lo contrario a lo que ella es, comenzarán una relación llena de mucho amor, pero con muchos impedimentos, empezando por su familia y un pasado muy pesado en l...
