Capítulo 49

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Narra Edward:

Falta media hora para que venga y ya me estoy desesperando, me parece mentira que haya aceptado venir.

He reservado el restaurant para nosotros solos, necesito que vuelva conmigo. Aunque la palabra correcta es comenzar porque ella cree que la primera vez todo fue mentira.

Los minutos para la espera siempre son más lentos, pero se me hacen eternos, camino de un lado a otro, no quiero pensar, quiero que todo se dé solo.

Empiezo a pensar que no va a venir, son más de las siete y si hay algo en ella que la define es la puntualidad. Comienzo a desesperarme.

Tomo el teléfono para llamarla, deshecho la idea. Cuando estoy a punto de hacerla escucho un carro que se detiene, corro a verla.

Narra Ana:

Salgo de la constructora faltando cinco para las siete, hoy es un día de esos en que quiero faltar a mi regla primordial, ser puntual.

Antes paso por el hospital y Zoe me notifica que Fabián ha sido sedado todo el día, cada vez sus crisis son peores y que me vea podría ser fatal. Le pido que me mantenga informada y me marchó al restaurante, en lo de llegar tarde se me pasa la mano.

Cuando llego me parece ver qué todo está solo, tal vez se fue pensando que no vendría, cuando estoy por arrancar lo veo salir, mis mariposas siguen vivas y se manifiestan.

Decido salir y afrontar esto, aunque no entiendo que hago aquí.

- Creí que no vendrías, - su voz es de alivio.

- Creeme que yo pensé lo mismo. - me sonríe y me desarma. Cómo me encanta esa sonrisa.

- Vamos adentro, - extiende su mano para que la tomé, - pero debo mantenerme a raya. Paso junto a el y su olor me lleva a mi sueño, me sonrojo, al recordar a mister simpatía.

¿Por qué la mente hace que pensemos en lo que no debemos?

Bueno la mía lo hace.

- ¿Por qué no hay nadie más? - está completamente vacío y hay una mesa acomodada para nosotros solos.

- Porque es una velada para dos, - está justo detrás de mi y frente a mi hay una rosa igual a la de esta mañana. La tomo y sonrió sin que me vea.

- Gracias, - me siento y el lo hace frente a mi.

- ¿Preparada para comer? - no estoy hambrienta, pero ya se que acá la comida es deliciosa, cómo en casa, así que solo asiento. El hace una seña y noto que llega un chico y pone dos tazas de crema, nos anuncia que es de verduras.

Está deliciosa, me recuerda a la primera vez que vine, cómo siguiente plato es una ensalada cesar con una salsa que en mi vida había probado, con pechuga de pollo a la plancha y vino blanco. Noto que Edward apenas come, solo me observa.

- Todo está delicioso, ¿Por qué no comes?

- Si lo hago, solo que necesitaba verte, darme cuenta que es real.

- A mi también me cuesta, pero.. - dejo mi plato y lo miro, - hemos cambiado Edward, ya no es igual.

- ¿Por qué dices eso? - también deja su plato, - Ana he aprendido tu valor.

Enamorada Del PeligroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora