Capítulo 12

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Necesito que mis lectores fantasmas me den su opinión, vamos quiero conocerlos!!! 😉

Espero sea bueno, tengo demasiada hambre. Otra muchacha regresa con dos tazas de arcilla que contienen una crema que tiene buen aspecto y una cesta de pan tostado, nos anuncia que es crema de calabaza. Su sabor es exquisito. Por mi cara Edward sabe que me encanta. Cuando terminamos llega la misma muchacha con dos platos. Cada uno tiene pasta con pollo en salsa de champiñones, es lo que nos anuncia la chica y también tiene un aspecto delicioso. Nos sirven dos copas de vino tinto.

- Esto sabe a gloria, ya entiendo porque vienes acá.

- Me alegra que te guste, es mi lugar favorito. - Me toma la mano.

- Nunca pensé que este lugar existiera.- Señalo el restaurante. - He subido ciento de veces a la colina sin saber que esta maravilla existe.

- Lo conozco desde niño, papá siempre nos traía y aún venimos juntos. - Despeja mis dudas.

Terminamos de comer, voy al baño y al regresar Edward está conversando con la misma señora que nos recibió. Me desvío y voy al balcón, desde allí hay una vista hermosa de la colina.

- Aún falta el postre, - siento su voz muy cerca de mi, me giro y está justo frente a mi.

- Ehh! - Este hombre me pone muy nerviosa. - Debe ser delicioso, pero no creo que me quepa.

- Te vas a arrepentir. - Lo dice de forma pícara y me besa, tomando mi cintura fuertemente. Estando con el olvido todo y es una tarde perfecta.

- Creo que correré el riesgo, para cuando me inviten nuevamente.

- Acá están los dulces para llevar hijo. - Es la señora que nos recibio. - Le das mis saludos a tus padres.

- Gracias Sara, todo estuvo delicioso como siempre. - Ella me mira. - Que mal educado, Sara ella es mi novia. - Ella extiende su mano ante mi.

- Que gusto que mi niño tenga a alguien que lo haga feliz. - Me mira y sonríe sinceramente. No sé qué decir.

- Un placer conocerla señora. - Estrecha mi mano con firmeza y puedo ver qué es una señora muy llena de vida. Nos despedimos y salimos. Es un atardecer hermoso.

- Me acompañas a mi casa? - Lo dice ayudándome a abrochar mi cinturón.

- No se si sea buena idea. - Quiero ir poco a poco, este hombre me encanta, pero todo a su tiempo.

- De que tienes miedo? - Me mira directo a los ojos.

- Cómo ya te dije, tengo miedo de ir muy rápido y aparte allá están tus padres. - Se ríe y no entiendo de qué.

- Mis padres tienen su casa, yo vivo en mi piso, vivo solo. - Eso me da más miedo, estar sola con el en un lugar que no sea mi casa. - Y por supuesto que se que vamos poco a poco. - Besa mis manos. - Vamos?

- Está bien, solo un ratico. - Siento que mi cabeza me dice ve confio en ti y mi corazón está asustado.

Pone en marcha el carro, mis piernas tiemblan. Pone música, vamos en silencio, yo miro por la ventanilla mientras el tararea las canciones. Lo miro de soslayo y es bello, pensar que voy al sitio donde han ido tantas.

Llegamos. Detiene el carro, se baja y me abre la puerta, me tiemblan las manos al quitarme el cinturón.

- No sientas miedo, no te voy a hacer nada. - Me río y es producto de los nervios.

- No, para nada. - Toma mi mano y entramos. Es una casa grandísima, pero hay una escalera en un costado y da al piso superior, entramos y nadie nos ve. Abre la puerta y para ser un piso de soltero el pasillo de entrada es hermoso, hay dos muebles y una mesita con una lámpara colorida, al final del pasillo hay una sala de estar bastante grande, se podría decir que del tamaño de mi casita. Un juego de muebles de recibo frente a un plasma bastante grande. En un nivel más alto de dos escalones, otro juego de muebles con un tablero de ajedrez en medio, estoy con la boca abierta, esto es grandísimo, su cocina es bastante amplia, no hay paredes que lo dividan. Hay un nivel más alto de unos cinco escalones que me imagino da a las habitaciones.

- Ponte cómoda, quieres algo de tomar? - Me siento y estoy maravillada.

- Gracias, agua por favor. - Se va a la cocina y no dejo de pensar en la gran cantidad de mujeres que deben de haber estado aquí y sentirse como yo ahora. Regresa y estoy sumida en mis pensamientos.

- Hay algo que te inquiete? - No lo veo venir.

- Ehh! Nada! Tu casa es bastante bonita. - Me entrega el agua. La tomo para calmar mis nervios.

- Gracias. Ya regreso, siéntete en casa.

- Se aleja a la parte superior. Abro mi bolsa para revisar mi teléfono que acaba de llegar un mensaje. Sigue siendo el número de la otra noche.

- No hagas algo de lo que puedas arrepentirte, no te imaginas la cantidad de mujeres que han estado ahí, te convertirás en una más?

Nuevamente esta persona sabe dónde estoy. Quién es? Por qué le interesa mi vida? Esta de regreso y yo tengo ganas de llorar, me siento acorralada, no me gusta este juego.

- Que pasa nena? estás pálida. Te sientes mal? - Ha tomado mi cara entre sus manos.

- No es nada, creo que es mejor que me vaya. Gracias por todo. - Me quiero alejar, irme. Me dirijo a la salida, el me toma del brazo.

- Fue algo que hice? Recibiste un mensaje? Dime qué pasa? - No aguanto y mi garganta arde, siento una lágrima rodar. Bajo mi mirada, no quiero llorar. - Por favor dime qué pasa?

- No es nada, creo que no fue buena idea venir.

- Debes estar pensando muchas cosas, pero hay algo que debo decirte, eres la única mujer que ha entrado aquí. - No quiero que me mienta. Quiero que todo sea diferente y no es bueno que dude.- Si queremos que esto funcione necesitamos tener confianza el uno en el otro.

Cuando voy a responder suena un intercomunicador.

"Hijo ya llegaste?"

El levanta la bocina del teléfono que está en el pasillo de entrada, sin soltarme.

"Si mamá, hace rato llegue, ya comí, tranquila. Cómo está papá?"

"Está descansando, necesitamos hablar de que haremos mañana"

"En un rato bajo mamá, tranquila"

"Gracias hijo, te quiero"

"Yo también mamá"

Se ve muy sincero hablando con su mamá y es muy tierno.

- Creo que es mejor que me vaya, tu mamá te necesita. - Estamos muy cerca y puedo sentir su aliento delicioso.

- Veo que estás decidida y no insistiré más, déjame llevarte. - Solo pensar que ese alguien misterioso está afuera vigilandome hace que me escalofrie. Solo puedo asentir.

Salimos de su piso y nos subimos al carro en silencio, no soy capaz de descifrar lo que pasa por su cabeza. Tiene su mandíbula muy apretada. Ya estamos en casa.

- Sana y salva en su casa señorita. - Se ve serio, pero no sé cómo pedir disculpas.

- Muchas gracias y disculpa por las molestias ocasionadas. - Me voy a bajar y me toma del brazo.

- Olvidas esto, - me entrega la caja de los dulces, - y esto, - me da un beso en los labios de una forma tierna. Sonrió.

- Gracias por todo. - Bajo del carro, me giró para mirarlo y me hace señas de que entre, lo hago y el se va.

Enamorada Del PeligroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora