Capitulo 86

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Ya las invitadas se han ido, ni Caro ni mamá dicen nada, me dan mi espacio.

Me debato entre llamar a Ale y darle espacio, se que debe estarle dando apoyo a Victoria, se perfectamente que más allá de su relación fueron buenos amigos, ella no tiene a nadie más.

Cuando logro reaccionar estoy en el carro camino a mi colina, hace tanto que no voy allí sola, pero siempre al sentirme así es donde voy.

Me detengo, no siento miedo, el carro de Edward está acá con el recostado mirando la noche. Es la persona que menos esperaba ver.

Me ve, pero no hace el más mínimo movimiento de acercarse, continúa absorto en sus pensamientos, mis pies se mueven más rápido que mi mente, bajo, la noche es fresca, el cielo está iluminado con miles de estrellas.

- Hola... - no se si me oye porque es apenas audible mi voz.

- Hola Ana, - me saluda y vuelve su mirada a dónde ha mirado desde que llegué.

El silencio es incómodo, tal vez quiere estar solo, ya cumplí por educación en saludar, camino unos pasos para alejarme.

- Puedes quedarte, prometo no molestar, - sus palabras me desarman, - se que es tu lugar, solo que lo adopte para cuando necesito estar solo.

- Bien... - no se que decir, está situación es incomoda, me quedo paralizada, no quiero ser grosera.

No sé cuánto tiempo pasa, el cumple al no decir nada más, yo estoy en el sitio. Me giro para mirar mi colina que se ve especialmente hermosa está noche.

- Si quieres puedes sentarte acá, - palmea su carro para señalarme un lugar. Me acerco despacio y me apoyo en el carro lo más alejada posible.

- Gracias... - el me mira y solo asiente, nos quedamos callados solo sintiendo la brisa y el silencio de la noche.

- Que privilegio el de los astronautas, desde el espacio son capaces de apreciar maravillas que nosotros seríamos incapaces de ver, - lo escucho con atención, pareciera que pensara en voz alta, no me mira, ni se mueve, he asentido pero el ni siquiera lo ha notado, - Hay veces que estamos tan ocupados que no prestamos atención que el amanecer y el anochecer son espectáculos que se deben disfrutar.

Continuamos en silencio, ya no se hace incómodo, ya no siento miedo de estar junto a el, respeto que este callado así como el me respeta a mi.

- Si necesitas hablar puedo escucharte, - pienso que no me ha escuchado porque tarda un buen rato en reaccionar.

- Gracias por prestarme tu lugar favorito, - me mira y vuelve a su posición inicial, - este sitio me trae mucha paz.

- No es mío, - recuerdo que en una oportunidad le dije que era mi colina, - sin embargo si de algo no hay duda es que trae paz.

- Pensé que al verme acá me lo reclamarías. - sonríe y eso me hace recordar que siempre me gustó su sonrisa.

El ha cambiado, se ve triste y preocupado, al asomarse esa sonrisa su semblante cambia y me agrada. Se que su tristeza es por mi culpa, pero yo no lo amo, tratamos sin poder acertar. Espero todo esto lo haya ayudado a alcanzar la madurez de saber valorar el amor cuando lo vuelva a encontrar, deseo que eso suceda.

- Deseo lo mejor para tu vida, - lo miro, solo que el sigue callado mirando al vacío, - ya borre de mi vida lo que dolía, hace tiempo decidí hacerlo por mi paz, no se pudo, solo toca aceptarlo, - no dice nada, doy varios pasos para alejarme e irme.

- ¿Eres feliz? - volteo, ahora sí tengo toda su atención, asiento mirándolo a los ojos, - no puedo decir que me haga feliz, pero si me deja tranquilo. - da algunos pasos aunque se mantiene alejado, - duele mucho haberte perdido de la forma tan idiota que lo hice, - su voz se quiebra en algunos puntos, le mantengo la mirada, - siento que diciéndote esto el ahogo en mi pecho se llena de oxígeno, me ahoga siempre, pero las noches son insoportables, - me duele verlo vulnerable, - la distancia es peor, verte me tranquiliza, que masoquista soy, debo superarlo Ana, solo que no se cómo, venir aquí muchas veces ayuda. - se me arruga el corazón.

Enamorada Del PeligroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora