Capítulo 5

517 10 0
                                        

- Ana necesitamos hablar! - Debo hacer algo, Fabián no me dejara en paz.

- Pensé que fui bastante clara esta mañana. - Estoy furiosa, cómo se atreve a venir a mi casa?

- Por favor escúchame nena. - Eso hace que se me revuelva el estómago.

- Tu sí eres cara dura!!! - Este hombre no sabe lo que es vergüenza. - cómo se te ocurre venir a mi casa? - estoy gritando y mi mamá podría escuchar.

- Todo lo que me digas es poco a lo que me merezco. - habla muy bajo. - Vine porque te necesito, te amo.

Mi carcajada lo sobresalta y siento que es mi momento para desahogar todo lo que en un momento quise decirle y no pude, mi garganta necesita soltar todo.

- Que sabes tú de amor? Esa palabra te queda grande. - No esperaba esa reacción y me mira incrédulo. - No se que pretendes, pero yo no quiero nada de ti, para mi no existes. No me extrañaría que Eva te haya dejado por alguien que si valiera la pena.

- No puedo estar con ella pensando en ti. - Avanza un paso y yo retrocedo.

- Ni se te ocurra tocarme, si pensabas que correría a tus brazos feliz, estás muy equivocado, sé que si me dejaste fue porque soy más de lo que tú merecías.- Esta boquiabierto y no da crédito a mis palabras. - Lo nuestro fue un error y me alegra que haya tenido solución. Ya todo está dicho. - Avanzó decidida a entrar a casa cuando me toma por el brazo.

- Voy a seguir luchando por ti, - me toma fuerte y saco mi brazo, - fui un tonto y merezco que me odies.

Me suelto y ya junto a la puerta me giro.

- Ni se te ocurra volver por acá, Te Odio! - Veo su cara llena de tristeza, - Y tu para mí no existes.

Entro a casa y doy un portazo. Me siento bien, muchas noches mientras lloraba había soñado este momento y ahora simplemente sin desearlo Dios me da la oportunidad.

La paz que estoy sintiendo es la recompensa a tantas noches que he llorado sin nadie que me escuche, después de todo el me dejó sin explicarme y me tocó aparentar que no me importaba.

Fueron días difíciles, pero ahora había gritado desde el fondo de mi alma eso que me tocó esconder.

El se fue sin decir nada y yo me entero por las habladurías del pueblo que había vuelto con Eva cuando ella quedó viuda. Ahora el no sé porque se cansa de ella y pretende formar un ciclo arrastrandome a mi, eso no lo permitiré jamás, no tengo quien me ame, pero tampoco dejare que vuelva a hacerme lo mismo.

Después de todo el no sabía lo que era amor y si no encontraba quien llegara a amarme algún día, sencillamente trataría de llenarlo con otras cosas.

- El amor no puede ser todo en esta vida!!! - Rio, me siento bien y últimamente acostumbro a hablar sola.

Me tumbo en mi cama y llega el a mi mente, Edward. Definitivamente es alguien que podía quitarle el sueño a cualquier mujer, pero no a mí.
Yo deseo paz y definitivamente con el no la encontrare, si llegase a fijarse en mi, que era imposible, rompería mi corazón en un minuto.

Mi teléfono suena y me saca de mi disyuntiva.

- Hola hermanito. - contesto feliz, es Adrián.

- Me alegra escucharte feliz. - Lo dice sincero.

- Por que no debía estarlo? - El no sabe de mi desahogo con Fabián.

- No se, dime tú? - Los dos reimos, mis hermanos y yo somos muy unidos y nos demostramos que nos queremos. - Qué bueno que estés así porque necesito un favor. - Lo dice a manera de súplica.

- Te aprovechas de mi, para que soy buena?

- Mamá me comentó que ahora tendrás clases solo los jueves y viernes. - Hace un silencio y se que estaba pensando cómo pedir lo que quiere. - Y yo pensé que podrías echarnos la mano en la fábrica, mientras encontramos a alguien? - Lo dice y siento su súplica.

- Cómo puedo decirte no sin herirte? - Reimos al mismo tiempo.

- La paga es buena! - Lo dice como un vendedor cuando trata de que te quedes con su producto.

- Que chantajista eres! - Esta metiéndome donde no debo, pero no puedo decirle que no. - Está bien, pero solo mientras consiguen a alguien.

- Sabía que nos ayudarías, te quiero hermana. - Esta feliz.

- Yo también te quiero, tu lo sabes. - Nos despedimos y quedamos a ocho.

Ahora me tocaba estar cerca de Edward y de solo pensarlo mi panza hace algo muy extraño. Toca levantar mis muros y salir de esto rápido. Pensando me quedo dormida.

* * * * * * * * * * * * * * * * * *

- Gracias por el desayuno mamá, estaba delicioso. - Es la mejor cocinera del mundo. - Vámonos, no quiero llegar tarde a mi primer día de trabajo.- Reimos como niñas.

De camino a la fábrica siento muchos nervios, necesito calmarme para cuando este frente a él no embobarme.

Al llegar a la fábrica saludamos a los empleados y mamá se queda ordenando algunas cosas que solo con su autorización se realizan.

Camino hasta la zona de empaque con muchos nervios, entro en silencio y al menos el no ha llegado, es un alivio.

Entra Adrián, nos saludamos y me explica que mi trabajo comienza un poco más tarde mientras comienzan a salir los dulces, en ese momento entra el. Mi corazón se detiene un segundo y luego comienza con un ritmo tan acelerado que no puedo escuchar nada.

- Buen día! - se acerca a intercambiar un saludo de manos con mi hermano y al mirarme me mata con su sonrisa.

Me giro y busco una silla bastante alejada para sentarme y tratar de evitarlo. Mi hermano rompe el silencio.

- Te presentó a tu nueva compañera de trabajo.. - lo interrumpo.

- Mientras consigues a alguien. - Lo digo sin mirarlo.

- Bienvenida, será un placer tenerte por aquí. - Su voz suena muy seductora y ese no es un buen inicio.

- Gracias. - Mi voz suena intimidada.

Comienzan a entrar los dulces y me voy hacia la mesa que ya conozco, para mi sorpresa el sale y quedo sola.

Es un alivio que él me de mi espacio y pueda hacer lo que me toca y ya.

- Acá tienes un poco de café. - Me sobresalto un poco, no lo esperaba.

- Gracias. - No puedo decir nada más, este hombre me sorprende y me pone nerviosa.

La mañana pasa sin mucho que comentar, más que preguntas referentes al trabajo, pero su presencia me distrae y por ratos me encuentro mirándolo involuntariamente, al menos el no lo nota y eso es bastante bueno.

- Deberías considerar quedarte por más tiempo, eres buena. - No lo siento acercarse y me pongo nerviosa. - Vamos a comer, ya es hora.

Ya se ha hecho mediodía y pensándolo bien tengo hambre.

Salimos al comedor de la fábrica y vamos a buscar la bandeja, yo voy adelante y opto por una mesa sola, el se une a mi, no entiendo porque nadie más se sienta en nuestra mesa y la incomodidad me invade.

- Tienes tiempo trabajando acá? - Necesito preguntarle algo, para parecer normal.

- Solo tres meses. - No me ayuda. Se hace un silencio hasta que aparece Elizabeth.

Enamorada Del PeligroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora